Justicia Divina

Para Gabriela Edelweiss Arredondo Andrade_________
Un cuento por "M"






Estoy nerviosa, trato de calmar mis músculos. Nerviosa, sin embargo mi cabeza está lúcida. Mi decisión es definitiva. Mi espera ha sido larga. Largos años esperando que ocurriera un milagro. Ahora, no puedo seguir esperando lo que nunca ocurrirá. He rezado noches enteras, tratando de saber si no hay otra forma. Mi mente vagó eternas horas buscando algún indicio, una señal que pudiera saciar mi sed de Justicia. Participé en mil marchas, clamando, llorando, suplicando, ¡Justicia, Justicia! ¡Castigo para los asesinos! Para todos, los que dispararon, violaron, humillaron, y para los que nunca se ensuciaron y con breves frases ordenaban quién vivía, quién moría o quién desaparecía.

Nos insultan cómodamente empotrados en sus sillones de cuero:
-Olvidénlo. Eso ya pasó. Pensemos en el país, en el futuro. La gente está cansada de esas historias. Se hizo lo humanamente posible.

Yo he tratado de convivir con mi dolor. He tratado de aplastarlo, de comprimirlo. de aniquilarlo. He intentado el amor. Conocí a mi compañero, a mi marido, a mi amante y con él soy feliz. A medias. Feliz a medias. Fruto de ese amor nacieron dos luces gemelas que iluminan mi vida. He dado años de mi vida en construir ésta, mi familia. Mi marido, amante, compañero es un angel. Me ha dado todo. Me ha hecho feliz en la cama, en el parque, entre amigos, con su familia y ha compartido conmigo una visión amplia del mundo. Hemos mimado a Esperanza y Felicidad, mis dos gemelas. Le hemos entregado valores y le hemos inculcado la imperiosa necesidad de actuar, de rebelarse ante la injusticia. A no temer que ese accionar presente ribetes violentos, cuando se persigue plasmar, lo que hasta Dios clama: Justicia.

Hemos tenido un buen pasar material, con el estudio profesional en el que ambos trabajamos. Sin embargo, el recuerdo, el martirio de mi madre y tantos hombres y mujeres justos, la indiferencia con que mi país nos da la espalda me han sido insortables. Nada sano puede salir donde al dolor se le menosprecia y rechaza, como pestes inmundas. Nada se puede construir en un país, en que el Estado mató a mansalva y ni siquiera se obligue a los asesinos a pedir perdón y a pagar por sus delitos.

Me he repetido mil veces "lo que la sociedad no te da, tu deber es tomarlo" hasta convencerme.

Hoy dejo las palabras. Después del verbo la acción. Aquí estoy, y no daré pie atrás. En unos minutos más, esta espera tocará fin y allí veré si mi plan fue todo lo acusioso, como yo me lo propuse. Mis manos traspiran de ansiedad, la boca esta reseca y trato de relajar mi respiración. Seco el sudor que me produce la peluca con la manga de mi vestido artesanal. Abró los ojos, apenas la puerta del condomio se abre. Ahí esta el "ronco" en su auto, mirando con deseperación hacia cada lado de la calle. Como todos los dias, irá a correr unos minutos al parque O'Higgins, después de cerciorarse de que nadie lo sigue. Estacionaré en aquel lugar en que, generalmente no hay nadie. El paseará su vista en todas las direcciones y luego hará el mismo itinerario que hasta ahora tan buenos resultados le ha dado. Pongo el motor en marcha y me voy directamente al lugar donde lo encontraré. He cronometrado mi trayecto y he llegado justo a tiempo. Bajo corriendo mientraslucho por estabilizar mi respiración y comienzo a caminar hacia su encuentro. He tomado un libro, que simulo leer. Levanto la vista. Ahora vislumbro su silueta ancha, pesada, bajando aquella curva, distante a unos veinte metros, antes de tomar esta recta con protecciones a ambos lados del camino. Adivino en sus ojos la sorpresa de verme en la misma ruta. Imagino su cerebro, calculando el riesgo. Disminuye su marcha y gira su cabeza. Se detiene y comienza a hacer gimnasia para, de seguro, asegurarse que aquella presencia femenina, no se encuentra acompanada. Yo sigo caminando cabizbaja, como embuida en el libro. El reanuda su marcha y desecha el peligro. Sólo se trata de una muchacha hippie -debe pensar- mierda insignificante. Trota sobre el mismo lugar y luego se impulsa hacia adelante, estamos a pocos metros. Levanto la mano y le sonrio. Disminuye la marcha.
-Perdon Señor... ¿le puedo hacer una pregunta?
-Sí claro -entre medio perplejo y gozoso -¿En qué puedo ayudarla, linda?
-Aquí en este libro... bueno... ¿conoce usted a Gabriela Arredondo Andrade?

El hombre miró hacia el cielo, en el preciso momento en que yo extraje el revólver. Cuando bajó los ojos, su cerebro realizó que la muerte lo reclamaba. Se arrodilló y suplicó. LLoró y se meó, imploró, se cagó.

Tenía dos alternativas, ser generosa como ellos nunca lo fueron y considerar que la humillación era castigo suficiente, o ser la Justicia de tantos hijos madres y esposas, víctimas secas de tanto llorar. El estruendo fue breve, límpido. Se abrió el cielo y el sol me prodigó su calor.

Miré en todas direcciones. No ví a nadie y nadie me vio. Apuré el tranco y llegué hasta el auto robado la noche anterior. Lo estacioné en la calle que había previsto. Sin lugar a dudas lo encontrarían, veríamos si lo ligaban al ajusticiamiento o andarían tan extraviados comos les es costumbre. En cualquier caso no me preocupaba. Limpié cada una de las cosas que había tocado con un pañuelo empapado de acetona.

Caminé una cuadra y tomé un micro, bajé tres paraderos después. Entré a un baño público en pleno centro y me cambié de ropa simplemente sacándome el vestido artesanal que llevaba por encima. Saqué la peluca caoba y la envolví entre el vestido. Esperé unos cinco minutos, escuchando con atención cada movimiento. Salí al momento en que no había nadie. Caminé rauda hasta un edificio que poseía un incinerador interior y accesible desde cualquier piso. Llegué hasta el séptimo, sabiendo que allí funcionaban pocas oficinas y que había poco trajín. Vacié la botella entera de acetona, prendí fuego al vestido y la peluca y los arrojé por el tubo del incinerador.

-¿Hola amor cómo te fue en el Juzgado? -Bien, algo me dice que la Justicia empezará a funcionar -le respondí a mi compañero, amante, marido.


Este cuento brotó después de leer la información enviada por Pablo Leiva sobre Gabriela Edelweis Arredondo Andrade. Sé que no corresponde demasiado al pensar "correcto"; pero los intentos literarios nos dan estas licencias. Yo, espero que la hija de Gabriela lo tomé como un claro y simple homenaje a su madre.



Gabriela E. Arredondo Andrade

Militante del MIR, una hija, fue detenida el 19 de noviembre de 1974 en una casa vecina a su hogar, en Santiago, por agentes de la DINA, quienes la llevaron al recinto secreto de detención y tortura de Villa Grimaldi.

Gabriela Arredondo era estudiante de francés, del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y había establecido una pareja estable con Abel Norman Tapia Gamboa, padre de su hija, militante del MIR también, quien estuvo preso y salió del país con pena de extrañamiento.

La afectada sabía que era buscada por los servicios de seguridad y se había refugiado en una casa frente a su domicilio, desde donde fue detenida. La casa de sus familiares había sido allanada por una patrulla de Militares. Desde el día que Gabriela Arredondo desapareció, sus familiares la buscaron e hicieron gestiones a diversos niveles, pero no la encontraron nunca más.

Iris Magaly Guzmán Uribe, una de las sobrevivientes del recinto de torturas de la DINA llamado Villa Grimaldi, en declaración jurada del 15 de noviembre de 1990, señala que permaneció en ese centro de torturas en noviembre de 1974 junto a sus dos hijos y conviviente. Ella estuvo durante ocho días en una pieza, con otras dos prisioneras. Declara que una de esas prisioneras "era Gabriela Arredondo, militante del MIR, respecto de la cual no he vuelto a tener noticias".

En declaración del 24 de septiembre de 1975, la misma testigo había declarado que había estado con la afectada en Villa Grimaldi y que había podido hablar con ella. El 28 de noviembre fue el último día que la vio, ya que ese día, la Sra. Iris Guzmán fue trasladada después de haber sido torturada durante ocho días, al igual que sus hijos menores de edad. Según este testimonio, Gabriela Arredondo se encontraba en buenas condiciones de salud hasta ese momento y le informó que había sido detenida por agentes de la DINA.

La hija de la Sra. Guzmán, Marcela Virginia García Guzmán, que en 1974 tenía 15 años, fue detenida junto a su madre en esa oportunidad. Después de ser torturada, Marcela García fue conducida a un cuarto junto a su madre donde pudo reconocer entre otras detenidas a Gabriela Arredondo, según lo sostuvo en declaración notarial de agosto de 1978.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El padre de Gabriela Arredondo era Juez del Crimen en la ciudad de Castro y, al saber la detención de su hija, hizo numerosos viajes a Santiago, donde, aprovechando sus conexiones con la Judicatura y con miembros de las Fuerzas Armadas; realizó múltiples gestiones extrajudiciales para ubicar a su hija sin ningún éxito. Su fallecimiento, ocurrido el 24 de junio de 1976, interrumpió dichas gestiones.

Gabriela Arredondo Andrade permanece en calidad de detenida desaparecida.

El 30 de enero de 1992 ante el 22° Juzgado del Crimen de Santiago se interpuso una querella por el secuestro de Gabriela Edelweiss Arredondo Andrade. La referida causa al 31 de diciembre de 1992 se encontraba en estado de sumario y con diligencias pendientes.

Enviado por Pablo Leiva


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