Un hombre de acción
A la memoria de Marcos Barrantes Alcayaga



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Semblanza de Marcos Barrantes





Para hablar de mi amigo Marcos Barrantes, hay que decir, antes que nada, que era un tipo de acción con una clara y definida posición política. Tan de acción era nuestro compadre y tan definida su posicion que mientras nosotros con el Negro Rojas y la Angelita garabateábamos en la pizarra y nos amanecíamos resolviendo derivadas y ecuaciones diferenciales, Marcos practicaba malabarismos y decía que ya volvía, pero no volvía. Se iba por ahí a hacer rayados por la reforma y también por mejorar el presupuesto de la Universidad y, por qué no decirlo, se iba también por ahí quizá sobre todo para enamorar a alguna chica serenense.

Era re bueno para enamorar Barrantes. Tenía unos ojos azules y una sonrisa fresca y alegre que mataba a las amigas y a las que todavía no lo eran; y se gastaba además una labia que lo tornaba irresistible. Claro que eso de salir a enamorar no le duró mucho, porque después de tantas pololas que tuvo, se enamoró de una niña maravillosa que lo eclipsó. Se llamaba Carmencita y era la más linda de la Escuela Normal de La Serena, la única que se dio el lujo de decirle que no, y que no nomás. Marcos tuvo que trabajarla y trabajarla y no sólo prometerle que había cambiado y que era otro, sino tuvo que demostrarlo. Así su corta vida tuvo dos horizontes o dos motivos por qué luchar: por la que se convertiría en su novia normalista y su compromiso por un nuevo país.

En ese sentido la situación que vivíamos lo ayudó, porque se nos vino la elección de Allende con la tremenda cantidad de trabajo que implicaba, así que casi no nos quedaba tiempo para novias presentes ni futuras. Estaba además el Circo Minero que teníamos a cargo nosotros los estudiantes, y en él teníamos que hacer prácticamente de todo, de rola-rolas, de comefuegos, de payasos, trapecistas, de señores Corales, boleteros, paralelas, de músicos y tramoyas. Y eso era bueno, porque nos divertíamos a rabiar y además el circo nos daba mucho contacto con las comunidades, y eso nos servía para el trabajo político, nuestra principal ocupación; aunque, claro, derrepente nos arrancábamos todavía y, con la anuencia de la mamá de Orlando, directora de la Escuela Normal, visitábamos a nuestras amigas en el propio internado donde vivía mi enamorada y también la de Marcos que seguía diciéndole que no. Marcos se desquitaba haciendo rayados, chuteando a la pelota y con el Circo Minero.

Grandes recuerdos del Circo Minero, hicimos muchas payasadas en ese ya mítico grupo de truhanes que éramos. Hay nomás que darse cuenta de que nosotros fuimos los que les cortamos el pelo a los Jockers, hablo de ese grupo de imitadores de los Rolling Stones que vinieron de Santiago a dar un recital y les quedó gustando La Serena; parecía que se querían quedar a vivir aquí con nosotros, y nosotros no lo íbamos a permitir, y no porque no nos gustara su música o nos gustara, sino porque nuestras amigas empezaron a volverse loquitas con sus chascas feminoides. Así que fuera con ellos. Nos metimos una noche al internado del Liceo de Hombres donde estaban arranchados, íbamos con Marcos, el rubio Caballero y parece que iban también el floro Machi, el chato Araya, Coco -Claudio Contreras- que era nuestro comefuegos, y otros tantos más.

Iba a ser una bonita travesura, eso nomás; claro que por muy travesura que fuera, la cosa no podía andar al lote, por eso, ya que el payaso que teníamos, ése que decía como muleta en sus rutinas "hay que nervios..." nos sorprendió planificando, aunque no era de nuestro lote, lo tuvimos que incluir para que no se fuera de boca. Los encontramos dormiditos... los dejamos sin melenas y sin ganas de seguir metiéndose con nuestras amigas. Hubo escándalo, las agencias de prensa internacionales hicieron dar vuelta a la noticia por el mundo; pero y qué... los Jockers se fueron con la cola entre las piernas: ¡les ganamos!, ¡los echamos...!

Ésa fue quizá la última travesura que hicimos, muy poco después se nos vino encima la campaña y el gobierno de Allende con sus días de maravilla; claro que antes de eso, Marcos había logrado convencer a esa niña maravillosa, Carmencita, que ya era profesora, de que sólo la quería a ella y a nadie más que a ella, y como ella también lo amaba, se casaron y se fueron a vivir a una casita en la Compañía Baja, donde puedo asegurar que fueron felices. Marcos y Carmen fueron los padrinos de baustismo de mi hija mayor.

Marcos, mientras terminaba sus estudios, trabajaba como supervisor en la fábrica de neumáticos, y militaba conmigo en Partido Socialista; donde lógicamente se destacaba por ser ese tipo de acción que he definido al comienzo; hacía de correo, de resguardador de camiones con víveres, trabajaba también descubriendo esas bodegas clandestinas donde los momios escondían las provisiones. Eran tareas peligrosas pero, pasara lo que pasara, ahí estaba Marcos en la primera fila y a la cabeza; y eso, cuando Patria y Libertad irrumpió con sus laques y sus matones pagados, no cambió para nada, todo lo contrario: Marcos seguía igualito y se hizo odiado por ésos, que no se hacían de rogar para odiar a las personas. Y cuando esos tipos de odio fácil aparecieron armados, Marcos decidió también armarse. Es que ya no había más bromas. Aquí mismo, en la Universidad Técnica hubo muchos incidentes donde los momios insultaban a diestra y siniestra, quizá porque ya sabían que el golpe iba a ser imparable y que su destino sería la venganza y el adueñarse de todo; como al final sucedió mientras nuestros sueños de cambio se iban por desagües.

En mi caso, sostuve antes del golpe, muchas discusiones con esa gente, si acaso pudieran llamarse discusiones a la sarta de provocaciones e insultos con que ellos se expresaban, y tuve mucha paciencia; pero no porque yo la tuviera toda la gente iba a tenerla. Marcos no la tuvo ante un momio hijo de un oficial de carabineros, y cuando éste lo provocó amenazándolo con que después del golpe se las vería con "la verdadera justicia", Marcos lo salió persiguiendo y disparó al aire con un mata piojos calibre 22 -los momios andaban con metralletas-, pero en el pasillo embaldozado de la Escuela el guatapique sonó como cañonazo y eso produjo un tremendo escándalo. Los momios hablaban de que había empezado el plan zeta y otros mitos raros como ése. Hablaban y hablaban y lo único cierto de lo que decían era que se nos venía el golpe, y con él la dictadura, y cuando ésta nos cayó encima, Marcos, como el hombre de acción que era, fue apresado defendiendo su lugar de trabajo mientras se oponía al maltrato de sus compañeros que cometía un oficial militar actuando muy valiente contra tipos desarmados.

A Marcos se lo llevaron a la cárcel de La Serena, paradojalmente, ubicada justo en frente de nuestra Universidad, donde por desgracia lo sorprendió la caravana de la muerte que llegaba a la ciudad y, seguramente por influencia de la familia del ese monio de Patria y Libertad que él había espantado, lo escogieron los representantes del tirano, quienes terminaron fusilándolo; así de simple: fusilándolo. Yo no lo puedo creer todavía y no me pidan que me olvide de esto ni de que conforme jamás.


(*) Este testimonio fue escrito por Martín Faunes Amigo tras una larga conversación/entrevista realizada al amigo y compañero de Marcos, Alan Gómez Michea


Marcos Barrantes Alcayaga, supervisor de MANESA. Militante socialista. Estudiante de Construcción Civil de la Universidad Técnica del Estado, Sede La Serena, fue ejecutado por la caravana de la muerte que lo secuestró desde la cárcel de La Serena. Dejó a una viuda y un hijo de meses, también llamado Marcos, que se crió solo con el recuerdo de su padre enterrado en quién sabe qué fosa común del cementerio local. Tras su asesinato, la Jefatura de Plaza, a través de la Prensa, entregó un comunicado oficial en el cual señalaba: «Se informa a la ciudadanía que hoy 16 de octubre a las 16:00 horas fueron ejecutadas las siguientes personas conforme a lo dispuesto por los Tribunales Militares en tiempos de Guerra...» Y se nombraba a Marcos Barrantes entre varias otras personas, diciendo sobre él que había participado en la adquisición y distribución de armas de fuego y en actividades de instrucción y organización paramilitar con fines de atentar contra las Fuerzas Armadas y Carabineros y de personas de la zona.

Claudio Contreras, "Coco", el comefuegos del Circo Minero, mencionado también en este testimonio, militaba en el MIR, había egresado de Construcción Civil en la UTE Sede La Serena, y continuaba sus estudios de Ingeniería en la Sede de Santiago; lugar donde es atrapado por la DINA y hecho desaparecer desde Villa Grimaldi.

Ambos, Marcos y Claudio, eran ovallinos que habían venido a La Serena a convertirse en profesionales para así contribuir con el progreso del país. El pecado que cometieron fue darse cuenta de que hablar de progreso en un país con el nuestro, ignorando las desigualdades existentes, no sólo eran palabras vacías, sino cómplices; y por esta razón se comprometieron en la trinchera de la opción por los pobres, algo que la dictadura no podía permitirlo, por eso los asesinó.


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