CARMENCHA

Homenaje a Carmen Bueno






Hoy, dieciocho de diciembre, se cumplen treinta años mi querida Carmencha. Ya desde ayer comenzé a estar inquieta, a tratar de alejar los fantasmas del dolor. Los míos, por el no tenerte a mi lado y los tuyos, que sé que fueron, y no pude evitar. Pienso en las sesiones de torturas y las vejaciones con las que mortificaron tu cuerpo. Y tu alma, me pregunto, cuanto sufrio?

No he podido recontruir todo este último día de tu vida, pero si sé que fue por la noche que supistes con certeza que ibas a morir. Estabas serena, me han contado.

¿Lo estabas luego de abandonar ese recinto de sombras? ¿Fue muy largo el camino hasta el destino final? ¿Cómo te asesinaron? Te he imaginado tantas veces y de tantas diferentes maneras. En esos últimos segundos de tu existencia, qué pensabas?, ¿qué sentias?, ¿estabas sola?, ¿pudiste despedirte de tu amado?

"24 de Diciembre, días de paz y amor". Sí, muchos lo vivieron así ese año mil novecientos setenta y cuatro. Pero ahora saben, mi querida Carmencha que no lo eran para muchos seres de este país llamado Chile. Saben que la perversidad y la corroña estaba escondida detrás de puertas, palabras y el dejar hacer.

Para mi ya nunca más pudo ser lo que fue. ¿Recuerdas los años nuevos cuando pequeñas que nos buscabamos para darnos el abrazo? Teníamos que abrazarnos las dos, primero, antes que a ninguna otra persona, como en un pacto secreto que solo nosotras entendíamos. Yo te sigo abrazando primera, como si estuvieras a mi lado. Mis hijos no entendían por qué la mamá lloraba todos los años nuevos... Mis hijos... no puedo mirarlos sin pensar en ti. Que pudieron ser gracias a tu proteccion. Ellos lo saben. Saben de mi dolor por tu ausencia, del preguntarme todos los años cómo serías hoy, de como los abuelos murieron lentamente, de esta tortura sutil que no se ve pero corroe el alma y el cuerpo. De el verlos irse sin tener respuestas, donde dejaron tu cuerpo, ¿lograremos la justicia que hemos esperado tantos años?

Pero te cuento hermanita que la lucha no fue en vano. Gracias a la batalla incansable de las agrupaciones de derechos humanos y algunos jueces que no olvidaron lo que su labor significaba, este año tu actuación y la de muchos otros ha comenzado a ser reconocida. Vuestros nombres han comenzado a recuperar su dignidad. Sí, ya sé que falta aún, pero la esperanza se ha hecho presente. Quizá pronto se logre ese tan anciado derecho.

El otro día me fui a la iglesia buscando consuelo. El sacerdote habló, entre otras cosas, de Jesús hombre que sufrió torturas y murió por darnos a nosotros un mundo mejor. Y no pude dejar de pensar en ti y en los muchos otros. Y también pensé que en esos días donde la maldad se hizo presente con fiereza, también estuvo presente la máxima generosidad y solidaridad entre seres humanos. Siempre había un alma generosa que ayudaba a cuidar las heridas y con una caricia, una palabra alentaba el espíritu y te ayudaba a soportar.

Sólo espero que en algún segundo de esa fatídica noche, hayas pensado lo mucho que eras querida. Que esa certeza te haya dado fuerzas. Te haya ayudado a enfrentar esa terrible injusticia de ver acabado tus días. Quiero que sepas que ese cariño sigue estando intacto a pesar del tiempo y la ausencia. Que son muchos los que te recuerdan y jamás te olvidaran.

Y yo, mi querida Carmela, sigo caminando, contigo a mi lado. Recordando tu sonrisa, sintiéndote en la belleza de la naturaleza, en un acto de amor. Sé que estás a mi lado. Durante estos treinta años, al llegar la noche te he recordado y susurrado un mensaje, y que ahora repito; espero que mi amor te llegue... donde quiera que estés.

Tu hermana, Loli.

      

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