El clarín mayor
Para Jorge Peña Hen
Martín Faunes Amigo




Jorge Peña Hen, músico, compositor y maestro, fundó en La Serena de los cincuenta, la Sociedad Juan Sebastián Bach, La Orquesta Sinfónica de La Serena y su obra más relevante, la Escuela de Música de La Serena, un colegio especial, donde los niños aprendían un instrumento al mismo tiempo que recibían su currículum normal. A partir de esta escuela, Peña Hen forma la Orquesta Sinfónica Infantil de La Serena, con la cual realiza giras por Chile, América y Europa, recibiendo elogios de la crítica mundial. Desafortunadamente, como militante socialista, tras el golpe es tomado prisionero y ajusticiado tras un juicio sumario por los miembros de la caravana de la muerte, quienes justificaron su fusilamiento por supuestas armas que habría entrado a Chile desde Cuba en los estuches de los instrumentos de sus músicos-niños. Como esta burda acusación no es capaz de sostenerse, la alcaldesa de La Serena, Adriana Peñafiel, con motivo del encuentro de su cadáver y su sepultación en un lugar de honor de la ciudad de La Serena, de la cual Peña era "Hijo Ilustre", declaró a El Mercurio, minimizando el hecho de que sus victimarios ocultaron su cadáver y no lo entregaron a sus deudos: "se sabía perfectamente el lugar del entierro y se conocía quiénes estaban ahí". Justificando solapadamente la acción de los criminales de Peña Hen, el mismo diario sostuvo: "hay quienes sostienen que el músico era un activista que incluso, en uno de sus viajes al extranjero, llevó niños a Cuba con motivos musicales, pero allá se les hizo participar en instrucción militar, recibieron adoctrinamiento político e incluso concurrieron a la zafra". No hay constancia de esta situación, como no hay ningún niño-músico que atestigue algo como esto. Los niños han dicho eso sí, que fueron llevados a la zafra. Cabe hacer notar que alguien es llevado a la zafra en Cuba como un honor, como cuando en Chile se invita a las visitas a asistir a una trilla, a un curanto o a una tronadura de cobre.


Nella Camarda, viuda de Jorge Peña Hen, el malogrado académico, docente, compositor y director de orquesta, quien fuera asesinado por la "caravana de la muerte" comandada por el general Arellano en La Serena, expresó durante un homenaje que le hicieran en la Universidad de Chile: "Este es un momento muy emocionante. Jorge Peña Hen es recibido en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. Nosotros que hemos trabajado una vida entera en este plantel, sabemos lo que ello significa. Porque él es recibido después de veinticinco años de haber sido arrancado bárbaramente de estas aulas donde fuera un brillante académico. Nos reunimos para algo que tiene una trascendencia no sólo nacional sino universal: la reivindicación de un ser humano. De un ser humano creador, dotado de una fuerza excepcional que lo llevó a desarrollar una obra sólida que nacó de la nada, de la ausencia total de recursos y que sin embargo irrumpió en la sociedad arrasando con las diferencias sociales, de credo o políticas. En este momento se está cumpliendo en mí un anhelo que nació en el mismo instante en que supe de su horrible muerte. Entonces yo dije: algún día sabrán a quien mataron, algún día sabrán quien era Jorge Peña. Y asi fue, poco a poco, después de un largo período de silencio, en que la más mínima alusión a su nombre fue acallada por los voceros de la dictadura, comenzó a resurgir como el ave fénix.

-----FICCION----


El CLARIN MAYOR


Ella sí que era linda, de verdad que lo era. Linda, y la vi por primera vez el día aquel del examen. El arpa entre sus piernas que sujetaban firmes mientras el maestro tocaba notas al piano que ella debía repetir, y las repetía exactas pulsando las cuerdas con sus dedos rosados mientras sonreía de margaritas y ojos brillantes.

La chiquilla tocaba tan lindo mientras el maestro celebraba sus aciertos y yo esperaba mi turno, y mirándola cómo sonreía, me daba cuenta de que tendría que esmerarme si quería continuar ahí en esa escuela para músicos con ella, cerca de ella; aprendiendo también como ella con ese maestro que la celebraba y tocaba notas al piano, acordes brillantes.

Qué distinto del que me pusieron en frente esa tarde, pálido y sucio, le faltaba el porte y el garbo de cuando allá adelante nos indicaba con la batuta como el músico experto que era y como habría sido yo también, pero no pasé el examen. La niña del arpa sí, ella sí; y si yo fracasé fue porque me traicionaron las disonancias que él tocó cundo me correspondió el turno.

"Dé la nota principal, solo ésa" decía, pero no pude y no conseguí continuar en la escuela. No obstante pude convertirme también en músico, soy el que toca a las dianas y a los ranchos, y lo hago bien, sereno y con firmeza. Por eso, cuando tuve que tirar del gatillo lo hice con esa misma serenidad y esa misma firmeza: puse el ojo en la mira, contuve el aliento y ahí está, un disparo de maestro.

No sé si los otros se acobardaron, pero lo cierto es que cuando revisaron el cadáver, éste tenía una sola bala, una nada más que una en el centro del pecho: la mía para romperle el corazón. Mi teniente Fernández Larios lo repasó a bayoneta, cierto, pero eso fue después cuando ya estaba muerto.

Hoy que asisto al concierto de la niña que amaba y la observo de nuevo pulsando las cuerdas con el arpa entre las piernas, sólo me nace gritarle a pulmón que yo maté a Jorge Peña Hen, que yo solo, que nadie más... quién otro se habría atrevido.

Martín Faunes Amigo, Santiago, marzo 2003. _________________________________________

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