El último tren para el colega Barría
Para Arturo Barría Araneda
Nieves Fuenzalida







Los que han venido a buscarnos son personas que no nos conocen y que nosotros tampoco conocemos. Sabemos, eso sí, que se trata de militares aunque no vistan uniforme. Y estos militares sin uniforme nos ponen vendas en los ojos mientras se burlan y nos dicen crueldades, y esas vendas que nos han puesto, las han amarrado fuerte como para intencionadamente dañarnos párpados y cejas, y así fuertes y oscuras, nos impiden darnos cuenta de cómo el tiempo va avanzando, y nos obligan a vagar por caminos de memoria que se escapan entre túneles y abismos.

En ese estado de viaje interno me encontraba, cuando uno de ellos me regresa al mundo diciéndonos: -Bien, niñas, ahora vamos a jugar a los ciegos que van en el tren. ¿Qué juego es éste?, me pregunto porque no lo conozco ni lo recuerdo ni siquiera de mi infancia. Pero el militar que no nos conoce, pero se atreve a juzgarnos así sin conocernos, nos explica que el juego consiste en que sin sacarnos las vendas de los ojos, debemos poner la mano izquierda en el hombro del que va por delante y ejecutar las órdenes que él nos dé.

-El tren, será guiado por mi voz, y los ciegos del tren deben seguirla –agregó el tipo cambiando su voz de verdugo asonante para imitar burdamente una voz infantil y el aullido de un tren. Mis oídos se paralizaron. ¿Cómo es posible? ¿La mente del hombre ya no funciona como estaba acostumbrada?, ¿qué ha pasado en este mundo mientras nos han arrinconado entre estas paredes olor a sangre y a penurias?

-¡Pasajeros... al tren! –gritó el tipo, esta vez con voz de payaso. Arturo quedó como el primer «carro» de ese tren de la crueldad, lo siguen Rosa, Nieves y Roberto. ¿Antes de darnos la libertad tenemos que «jugar» a este juego?, ¿es un juego?, bien, juguemos, me digo, mientras el payaso nos alerta “esta estación está llena de peñascos, así que a levantar las patitas”, y no nos quedó más que ir levantando los pies peñasco por peñasco. Pero los peñascos no existían. ¿A dónde quieren llevarnos con esto?, me pregunté sin detenerme de la marcha de ese tren, ¿qué pretenden conseguir? ¿Lo harán porque van a dejarnos libres, o porque simplemente juegan con nosotros antes de asesinarnos? Mi angustia se hizo de gigantes pero al mismo tiempo estuve más en alerta: debía seguir cuidadosamente la voz altisonante y desagradable, “aquí hay una acequia tienen que saltarla”, lo hice, salté. “Ahora tienen que agacharse, hay alambres de púa, si no lo hacen, se clavarán y se romperán los vestidos”, lo hice, aunque ya imaginaba que no había acequia, tampoco alambres, mucho menos de púas. “Estas niñas saben «jugar» al tren”, les daremos un premio, ¿no es verdad, colegas?, se lo merecen, el premio será la libertad”.

No me importó haber jugado al «tren», gracias a ello podría salir y abrazar a mis hijos, mis amores, los estrujaré en mis brazos como a príncipes queridos, podré llorar la vuelta junto a mis padres y mis hermanos. ¡Recuperar la libertad, la hermosa libertad! La próxima primavera no podría tardar tanto. Daré las gracias por tenerla en mi aires, la pintaré con sus colores. Esta primavera la quiero en azul, azul que da la calma, azul que embellece amaneceres.

¿Por qué estos grandes jefes militares sin uniforme estarán hablando de libertad?, ¿será verdaderamente nuestra libertad? Era falsa la alarma, la libertad no era para nosotros. Lo supe por mi piel de amapola dormida que despertó cuando el vehículo donde nos llevaban se detuvo y detrás de él sonó una reja pesada. Fuimos a parar a los campos chilenos que no fueron tan bellos ni tan mansos, éramos dos profesoras del Liceo Experimental «Dario Salas» de Avenida España, matemáticas y filosofía, un profesor de música, colega nuestro, y un alumno de cuarto medio. Sólo tres volvimos de ese viaje en tren con la muerte, a Arturo Barría Araneda, los militares sin uniformes no lo dejaron seguir cantando sus sinfonías en el patio dariano. Murió en la tortura un día de febrero de 1975. Rosa Camacho Parra, la otra profesora, vive exiliada en Quebec, Roberto Meneses el alumno, vive en Chile -feliz él-. Yo en Canadá, la paso recordando y preguntándome cómo fue aquello de que a mí no me mataron.


Arturo Barría Araneda, profesor de música del Liceo Darío Salas, militante comunista, fue apresado luego que el rector delegado de ese establecimiento educacional, Capitán Luis Pavez, debido a que el día 26 de agosto de 1974 se realizaron los funerales de un alumno del Colegio, lo acusara de haber cantado «La Internacional». El Capitán Pavez fue informado de estos hechos por la Directora del Liceo y un Inspector. Por tal razón, citó a los profesores Nieves Piedad Pizarro del Río, Rosa Amelia Camacho Parra y a la víctima, más el alumno Roberto Meneses Gaete.

En la Escuela de Suboficiales fueron interrogados separadamente por el mismo Capitán Pavez. Tras esto, los cuatro requeridos serían trasladados al Comando de Institutos Militares -dependencias de la Escuela Militar-, donde el general Hidalgo, que les señaló que serían interrogados y en seguida liberados, dado que el hecho que se les atribuía no tenía mayor gravedad. Sin embargo se les envió a la Escuela de Telecomunicaciones, donde se les vendó la vista y se les transfirió a la DINA, específicamente a Cuatro Álamos, donde se mantenía incomunicados a los presos pero sin ser interrogados. El 4 de septiembre, los cuatro fueron sacados de este lugar y trasladados a un recinto secreto vendados, donde fueron interrogados, regresando a 4 Álamos en horas de la noche. El 12 de septiembre, el joven Roberto Meneses fue dejado en libertad y las mujeres fueron traspasadas a Tres Álamos, donde permanecieron varios meses recluidas, para ser posteriormente expulsadas del país. Barría formó un coro con los presos. En una ocasión, este coro cantó en el pasillo para las detenidas. Arturo Barría fue sacado de Cuatro Álamos, junto a otros prisioneros, el 30 de septiembre de ese año y nunca más se volvió a saber de su paradero.


Si sabe algo más sobre los compañeros de los que leyó, compártalo con nosotros enviándonos un EMAIL Si sabe algo sobre cualquier otro compañero desaparecido o asesinado por la dictadura, compártalo también con nosotros, eso ayudará a que jamás los olvidemos.

Sitio creado por
ULTIMOS TRANVIAS
© 1999 - © 2000 - © 2001 - © 2002
© 2003 - © 2004 - © 2005. ESCRÍBANOS