En las garras de la Operación Cóndor
Para Sergio Reyes Navarrete
Sonia Cano






Una camioneta de color rojo y toldo verde se detuvo frente al edificio asignado con el número 24 de la calle Vergara, en la capital. La patente del vehículo era notoriamente falsa. Había sido confeccionada en madera de modo rudimentario y se leía en ella EM-985. Eran las 14:00 horas del 16 de noviembre de 1974. Descendieron tres agentes de la DINA que se dirigieron al conserje preguntándole el número del departamento donde vivía el hombre que buscaban.

Dos de los aprehensores subieron hasta el departamento, allanaron las dependencias y detuvieron a Sergio Alfonso Reyes Navarrete, joven militante del MIR, de 26 años, egresado de Economía y funcionario de CORFO.

Un conserje que se atrevió
Con sus manos esposadas, Sergio Reyes llegó al primer piso y fue subido a la parte posterior de la camioneta. Al pasar junto a Juan Lincoyán de la Jara, el conserje del edificio, alcanzó a pedirle que avisara de su situación a sus suegros, para que informaran a su esposa, que por razones de trabajo se encontraba en el sur del país. Antes de marcharse, el agente que comandaba el grupo, que se identificó como Osvaldo Romo Mena, advirtió al conserje que no hiciera mención de lo que había presenciado. En una posterior declaración judicial, el conserje al describir a los agentes señaló que uno de ellos, el que parecía ser el jefe (identificado como Osvaldo Romo), era macizo y de unos 45 años. Otro de los miembros del grupo era de contextura delgada, usaba bigotes y aparentaba unos 30 años. El tercero, que hacía de chofer, tenía melena, era más joven y portaba una pistola calibre 45, de uso militar que sacó y exhibió sin motivo.

Infructuosa búsqueda
Luego de enterarse del arresto, la familia de Sergio Reyes hizo lo imposible por dar con su paradero. Su madre, la señora Magdalena Navarrete Faraldo, inició un peregrinaje arriesgado y doloroso por el Campamento Tres Alamos. Simulando ser familiar de personas detenidas, ingresaba al recinto para entrevistar a los prisioneros. Les mostraba una fotografía de su hijo Sergio y una descripción física. De este modo logró alguna información, al menos indicios de que su hijo estuvo algún tiempo en Cuatro Alamos. Sin embargo, la suerte corrida por Sergio Reyes en manos de la DINA, sigue siendo un misterio.

Ocho meses después, el nombre del joven economista figuró en una nómina de 119 chilenos supuestamente muertos en el extranjero a manos de sus propios compañeros de lucha o en combate con las fuerzas armadas argentinas. La lista formaba parte de un montaje de la DINA que contó con la colaboración de los servicios de inteligencia de Argentina y Brasil, en el marco de la Operación Cóndor. Todos los allí nombrados tienen el denominador común de haber sido detenidos por la DINA y encontrarse actualmente en calidad de detenidos desaparecidos.

      


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