Revivieron la historia de Carlos Rioseco

Desde Tribuna del Biobio.cl


A treinta años de su detención y posterior desaparición, se presentó un libro en su memoria. En la pantalla se sucedieron imágenes de distintas etapas de la vida de Carlos Rioseco Espinoza. Desde su partida de nacimiento, hasta fotos de su infancia, de su adolescencia, de su matrimonio. También de los lugares que frecuentaba: la casa de la abuela, la plaza de Chiguayante, el colegio donde estudió, la Universidad de Concepción... De fondo se escuchaba la música de la película “Missing”.

Carlos Rioseco pareció más vivo que nunca en esa secuencia que conmovió a las más de cien personas que llegaron al auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, la tarde del martes 18 de enero. Era un momento muy especial. Se cumplían treinta años desde la detención y posterior desaparición de Carlos, militante del MIR, ex estudiante de odontología y su esposa Hilda junto a su familia, quiso recordar esta fecha presentando el libro “Las Buganvillas de Carlos...una historia inconclusa”.

Luego de esta emotiva secuencia, habló Marcos Antonio Espinoza, primo de Carlos.

Como primera panelista, intervino la historiadora y docente de la Universidad de Concepción, Alejandra Brito. Ella dio una visión histórica del papel de las mujeres en situaciones extremas como la vivida en Chile tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Vino después una segunda lectura. Esta vez de Francisco, sobrino que no conoció al tío Carlos, pero que creció escuchando hablar de él y de historia.

La segunda panelista fue Ana Dall”Orso, consejera de la Comisión de Derechos Humanos, quien habló de Carlos e Hilda como pareja. De los sacrificios de la relación, del su crecimiento juntos. Fue la visión cálida, íntima de la historia,

Se sucedieron más palabras de recuerdo en torno a Carlos de sus amigos cercanos como Lilian Saavedra y Jaime Condeza. También habló su único hijo, Esteban y, por cierto, también su esposa, Hilda:

La memoria no tiene olvido
Al cumplirse 30 años de aquel día, en que dejaste de caminar a nuestro lado, hemos querido rescatar de nuestras memorias, cada paso, cada huella dejada en nosotros.

CARLOS RAMON RIOSECO ESPINOZA, hoy escribimos por ti, hilvanando los recuerdos que el tiempo quiere borrar y que porfiadamente vuelven a nosotros cada vez que evocamos tu nombre.

Partimos con esta tarea en Penco, en nuestra casa, ésa que decidimos comprar con Esteban, porque tú nos indicaste el camino. Era tu cumpleaños y habíamos vistos tantas y ésta fue amor a primera vista, cerca del mar. Era tu elección. ¡Tu casa, tu hogar! ¡El que soñamos siempre! Aquí te hemos recordado cada año, aquí nació la ida de escribir por ti, de tus amigos y compañeros. Cada uno fue entregando sus recuerdos, anécdotas, palabras y testimonios, llenos todos de ternura, amor y dolor. Algunos los motivamos en la conmemoración de los 29 años de tu partida involuntaria. Lucrecia Brito, esa amiga, que la vida me regaló, hizo el trabajo. ¡Gracias Lucre, por el inmenso cariño que le pusiste a esta tarea!

Tu historia la había comenzado a escribir hace muchos años, pero quedé atrapada, paralizada al llegar a tu desaparecimiento, eso era más fuerte que mis deseos de plasmar tu historia. Palabra difícil de llevar, me llenaba de dolor. Y allí quedó por años. La retomé por este compromiso adquirido por ti, por Esteban, nuestro hijo, por los amigos, y por mí. No te podía fallar, habías confiado en mi una vez y tantas veces. ¡Y aquí estoy! Abriendo mi corazón a todos, abriendo tu corazón y entregando parte de esas cartas que guardé por años, como un tesoro. He revisado cada día de nuestra historia, tus palabras, nuestro crecimiento como pareja, nuestras peleas y reconciliaciones y, por sobre todo, nuestro amor.

Las entrego a cada uno de ustedes, con la entereza y valentía de abrir nuestro mundo, para que conozcan quién fue Carlos, cómo nació nuestro amor, cómo este hombre fue creciendo y madurando. Cómo fue descubriendo otro mundo. Ese que no era el que le enseñaron en el colegio, ni el de su familia; era el mundo social, el del pueblo. Ese que amó y defendió hasta sus últimos días.

Muchas de aquellas cartas de los últimos años, no las pude guardar por motivo de seguridad, las leía y las quemaba, no debía tener rastros de tus pasos. Pero fueron muchas tus palabras que sólo mi memoria guardó, para compartir con Esteban y enseñarle ¡quién era su padre!

Ha llegado el momento de abrir esa puerta cerrada tanto tiempo. Les entrego la llave a ustedes, para que puedan pasar y caminar junto a Carlos. ¡El hombre! Ese que esta detrás de cada palabra, ese es Carlos Rioseco.

A todos los compañeros, amigos y familiares que se atrevieron a tomar el lápiz y a vencer esos temores. ¡Gracias de todo corazón! Gracias por querer a Carlos y seguir con este trabajo porfiado de la memoria. Gracias por su ayuda y cooperación, por permitirnos hacer está tarea por Carlos y por nosotros. A mis compañeros del Colectivo de Artes “Las Historias que podemos contar”, mi eterna gratitud, por empujarme en este trabajo de querer hacer memoria, de mostrar el lado humano de cada una de las víctimas de la dictadura.

Hemos rescatado esa semilla que él dejo en nosotros en sus 26 años. Una semilla generosa que ha germinado y ha dado hermosos frutos que seguiremos cosechando en las generaciones futuras; te quitaron el aire y el agua, pero no sabían que muchos la regaríamos para que floreciera cada primavera, en trigales dorados por el sol.

Mientras te recordemos, estarás vivo entre nosotros... la memoria no tiene olvido...


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