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DEUDA PENDIENTE

Dedicado a José Manuel Ramírez Rosales, el “Pelao Moisés”.

NO ME ACUERDO CUÁNDO CONOCÍ AL “PELAO MOISÉS”, debe haber sido a principio de los 70, pero fue más que nada después del golpe, ya a comienzos de 1974, en que lo empecé a ver en forma más frecuente. Primero, en reuniones en las cuales yo no participaba ya que ellos eran de la dirección del MIR y yo una simple militante que les facilitaba el lugar de reunión, algo que era difícil de conseguir en plena dictadura.

Las relaciones tanto políticas como de amistad eran intensas en esa época, todo pasaba vertiginoso con una velocidad que ahora cuando reflexiono, siento que viví años concentrados en meses.

En algún momento en esas fechas se me informó que debería empezar a cumplir ciertas tareas especiales y que estaría trabajando directamente con el pelao. No recuerdo los detalles de cómo se gestaron mis tareas, pero sí recuerdo que como yo trabajaba en una oficina en esos días, el pelao me llevaría documentos de los cuales yo sería responsable. En cuanto a la información que él debía impartirme, teníamos puntos de contacto en un cine del centro.

Así se inicio la rutina en que el pelao “aparecía” en los días convenidos por esa oficina donde yo trabajaba, aparentemente para tomar un “cafecito” y en esos momentos me entregaba los documentos que posteriormente yo debía llevar a un estudio fotográfico después del trabajo y que durante el transcurso de la noche eran convertidos por el fotógrafo que trabajaba en ese lugar, con mi asistencia, en “microfilms”. La tecnología era tan diferente en esos días. Una vez completado el trabajo que duraba toda la noche, metíamos esas fotos pequeñas en naranjas que calábamos. Llamábamos a eso “barretines”. No recuerdo de cómo se me daban las instrucciones para que estos fueran entregados, con contraseña. Seguramente el pelao me decía donde debía ir y en esos encuentros en la calle, depositaba esa peligrosa carga a personas a quienes no conocía, aparentando un encuentro casual.

De a poco el tiempo empezó a enfriarse y así nos iría llegando el invierno. Los encuentros y la rutina de trabajo partidario en la clandestinidad continuaban. Recuerdo que en algún momento Moisés me contó cuando estábamos en el cine donde él me daba la cuenta política, que tenía un hijo de meses, habló con ternura y orgullo pero muy poquito porque en esos días de compartimentación, clandestinidad y peligro, no podíamos exponernos a “ser humanos” y contarnos las cosas cotidianas que normalmente uno se cuenta en la vida normal. También recuerdo que estaba vendiendo la revista “Mensaje” y estoy segura que me ofreció una lo cual me sorprendió ya que, a pesar de que habían algunos cristianos comprometidos con el MIR, la mayoría éramos bastante ateos. Ahora sé por lo que dice su esposa Nelly, que Moisés era profundamente Cristiano.

Los encuentros en mi oficina a tomar cafecito siempre estaban programados con fecha y hora, la oficina estaba en uno de esos edificios antiguos en el centro de Santiago con pasillos oscuros y sólidos, así que cuando se escuchaba el timbre y abría la puerta, uno quedaba frente a la persona directamente, no se veía nada para los lados y atrás una muralla. Me sorprendió por lo tanto el día en que sonó el timbre y sin tener un acuerdo para que Moisés fuera a la oficina, me encuentro cara a cara con él, se veía cansado y muy rápidamente sin darme la oportunidad de hablar me pregunta por “Beatriz Miranda”, o sea, me pregunta a mí por mí misma! Estando siempre en “alerta” en esas épocas, rápidamente le dije que Beatriz Miranda (yo misma) ya no trabajaba en esa oficina, entendí que él me estaba “avisando” que algo estaba pasando y que debía partir de ese lugar. Fue una corta conversación donde le pregunté si quería dejar un mensaje en caso de que la tal Beatriz Miranda pasara por la oficina, no recuerdo que me respondió, pero algo como que pasaría otro día.

Obviamente tuve que dejar el trabajo y desconectarme del partido, pero a través de otros contactos expliqué lo que había pasado. Después de varios días llegó la respuesta. Hubiese querido en todo momento estar equivocada, que mi impresión de que el pelao Moisés había sido detenido por la DINA fuera un error y de que sintiera que él me hubiera ido a avisar lo fuera también, y que todo había sido mi imaginación en los momentos represivos que vivíamos. Tantas veces habíamos conversado sobre las personas que habían caído, la información sobre los métodos de torturas que estaban siendo empleados por la DINA, de personas que no habían resistido la tortura perpetrada cruelmente y estaban entregando información.

Lamentablemente todo era cierto, el pelao había caído un par de días antes. así que valientemente y tomando un tremendo riesgo fue a avisarme. Ahora incluso sabemos que lo estaban siguiendo así que lo más seguro es que los dinos sabían que el frecuentaba esa oficina, pero la rapidez de su actuar, aseguró que yo no fuera detenida en esa oportunidad.

Nunca supe que pasó con el fotógrafo con el cual trabajaba haciendo los microfilms o las personas a las cuales les entregué barretines en diversos puntos de Santiago. Es algo que siempre me lo he preguntado.

Y fui también secuestrada. Me tuvieron prisionera en el siniestro Cuartel Terranova que operó la DINA en Villa Grimaldi, sin embargo tuve mejor suerte que él, pude salir al exilio y pasaron los años, muchos años, no obstante siempre supe que tenía una deuda pendiente: la de contarle a su compañera y a ese pequeño hijito del cual él estaba tan orgulloso, que el pelao me había salvado de ser detenida por la DINA al menos en ese momento.

Tiempo después en Londres, en un acto donde se mostró el documental “El Caso Pinochet” de Patricio Guzmán, apareció de pronto en la pantalla el pelao Moisés, su cara sonriente con su pelo lacio. Al lado suyo una hermosa mujer, su esposa hablando de él. No supe cómo reaccionar en el momento pero sin embargo me quedó muy claro que tenía que trabajar para averiguar el nombre verdadero de ese hombre que me salvara y conseguir también el de su señora para establecer con contacto y contarle este episodio que con seguridad ella y su hijo desconocerían cancelando así mi deuda.

Y lo conseguí, no encuentro las palabras para describir lo emocionante que fue ese encuentro con Nelly. Si bien es cierto no le pude aportar nada que pudiera esclarecer lo que pasó con Moisés, ni qué hicieron con él los asesinos, he podido contarle esta historia que es parte de sus vidas.

BEATRIZ MIRANDA OYARZÚN

JOSÉ MANUEL RAMIREZ ROSALES fue secuestrado desde su domicilio el 27 de julio de 1974, en horas del toque de queda, por agentes de la DINA encabezados por Osvaldo Romo Mena. José Manuel Ramírez "pelao Moisés", era estudiante de la Universidad Técnica y militante del MIR.


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