PASAJEROS EN EL TREN ELQUINO
A Federico Álvarez Santibáñez

FEDERICO NO HACÍA GIMNASIA. "Me quiebro con mucha facilidad", así les decía, explicando a nuestros profesores del Liceo de La Serena, "tengo una deficiencia ósea y con cualquier caída me luxo o me quiebro" Y le creían, parecía que era cierto; aunque no por eso a él se le viera enfermo o triste. Al contrario, se le veía bastante bien leyendo al borde de la cancha mientras el resto nos esforzábamos por encestar en el marcador de los campeones. Así era Federico, y qué leía: "Por quién doblan las campanas", "Bestiario", "Crítica a la razón pura", "El manifiesto", "La rebelión de las masas". Vaya lecturas... ése era Federico que hablaba pausado y con quien, intercambiándonos lecturas, nos contagiamos del deseo de cambiar el mundo.

Así, elegidos como delegados, partimos juntos al Tabo al congreso de la Federación de Estudiantes Laicos de 1966; hablo de un tiempo en que yo ya lo reconocía como mi maestro.

Maravilloso el congreso. Había gente sesuda y muy brillante. No puedo asegurar que yo haya estado a la altura, pero Federico sí, de todas maneras. Y pasamos también muchas otras aventuras juntos. Nos fuimos un jueves con viernes feriado, en el Tren Elquino a la casa de sus padres, en Vicuña. El tren del valle era en los fines de semana de los sesenta, una verdadera fiesta en que cientos de muchachas y muchachos que estudiaban en Serena pero vivín en el Valle, bailaban y cantaban y; la vez de la que hablo, el tren, que avanzaba inexorable aunque lento, fue testigo de cómo dos liceanos de quinto o de sexto, se enamoraron de dos liceanas de tercero o de cuarto y las besaron en el entre carro a pesar del frío y la furia del viento, y de las miradas de los pasajeros mayores, quienes, más que censurarnos, nos observaban con la expresión de los que envidian a los enamorados.

En su casa, tras conocer a sus padres, me presentó a su hermano que sí hacía gimnasia, que sí jugaba al básketbol y, para nuestra condenación de intelectuales que considerábamos al músculo de tercera importancia, llevaba en los brazos muñequeras de cuero negro y se jactaba de las flexiones que era capaz de hacer en un barrón que había instalado al fondo del patio. Intelectuales y físico culturistas, vaya hermanos disparejos, me dije. Su madre, mientras tanto, matrona del hospital, nos invitó a asistir a una cesárea, tras lo cual, Federico y yo, desistimos de nuestras espectativas como médicos o veterinarios, algo que habíamos considerado como posibilidad en el futuro.

Y no sé qué fue de esas muchachas de faldas breves que amamos en el Elquino, pero sí sé, que tanto Federico como yo vencimos a la represión del setenta y cuatro y a la del setenta y cinco, y nos encontramos mucho después, en paradoja, frente a La Moneda. Fue cuando supe que él ya era padre y que su profesión era la de químico. Además, supe que conservaba sus convicciones y continuaba resistiendo. Yo le conté por mi parte, que seguía también porque en eso no podría haber cambios: a la dictadura había que derrotarla.

Nos abrazamos despidiéndonos, pero no pasaron seis meses o quizá ocho o diez; el caso fue que lo atraparon y lo castigaron duro encerrado en una micro verde de bestias. Y las bestias que eran de ésas que también las llaman de "pacos", lo pasaron a la CNI donde le siguieron pegando hasta que vieron que Federico se les moría. Fue entonces cuando lo llevaron llevaron a la posta central, quizá sólo para que muriera en otra parte, en un lugar fuera de sus porquerizas y que no los comprometiera. Y así ocurrió: pocas horas después murió Federico Alvarez que no hacía gimnasia, que leía a Marx, a Kant, a Cortázar; que fue iniciado en los clanes, que amaba muchachas en el Tren Elquino. Hablo de Federico que hoy decora el oriente eterno.

Nos encontramos con su hermano en Avenida La Paz, al ataúd de Federico las floristas lo habían tapizado de pétalos. Nos abrazamos y lloramos -el hermano de Federico llevaba todavía sus muñequeras de culturista físico- "Lo quebraron por completo" me contó sollozando, "mi hermano tenía una deficiencia en los huesos, prácticamente lo molieron por dentro"

Ocurrió sin embargo un hecho milagroso: a pesar de que las bestias-pacos, en su afán porque acabara pronto ese sepelio que los avergonzaba -aún en las manadas de hienas se manejan códigos de honor-, nos arrebataron la urna y se la llevaron a empujones, nadie vio que un pétalo se cayera del ataúd o siquiera se moviera del lugar donde las floristas lo habían puesto. Quizá en homenaje a Federico Álvarez Santibáñez, el Tren Elquino, el que marchaba por su valle, al poco tiempo dejó de pasar:.


      

FEDERICO ALVAREZ SANTIBÁÑEZ, militante del MIR y antiguo miembro de la Federación Laica de Estudiantes de Chile, era químico laboratorista y profesor de química en el Liceo de Maipú. Había egresado del Liceo de Hombres de La Serena y de la Universidad de Chile de esa misma ciudad. Falleció en agosto de 1979 tras haber sido detenido por carabineros que informaron que instalaba un poderoso artefacto explosivo. Otras versiones de carabineros participantes en el arresto, indican sin embargo, que se encontraba lanzando panfletos en contra de la dictadura.

Posteriormente lo apresa el CNI quienes, forzados a dejarlo declarar ante la Fiscalía Militar, lo exponen ante abogados presentes que aprecian las terribles condiciones en que se encontraba, a pesar de lo cual no se le remitió a un hospital. Al día siguiente falleció. Se le diagnosticaron contusiones múltiples, hemoptisis e insuficiencia pulmonar, esto, a pesar de que oficialmente se explicó su muerte como consecuencia de que para reducirlo, un carabinero había tenido que darle un golpe en la cabeza.

Sin embargo, de los antecedentes, especialmente del sumario llevado a cabo por el Colegio Médico en contra de los facultativos que participaron en los hechos, indican que Federico no murió de un golpe en la cabeza, sino de las torturas ocasionadas por la CNI. Dejó una viuda y un hijo y, el recuerdo maravilloso de un hombre consecuente que se atrevió a enfrentar a la dictadura a pesar del momento extremadamente adverso en que se encontraba.

"Pasajeros en el Tren Elquino", fue publicado por primera vez en el libro de cuentos y testimonios "Las historias que podemos contar", Cuarto Propio/Ultimos Tranvías, 2002.


Funado médico torturador

Regalo de pascua para el doctor Camilo Azar
Por Pablo Ruiz, Kamarikun.

El sábado 20 de diciembre, un centenar de funeros se congregaron en Plaza Italia para ir a denunciar a otro más de los tantos asesinos y torturadores que caminan libremente por las calles de nuestro país. Los funeros esta vez llegaron hasta la comuna de La Reina, un barrio de clase media acomodada, para denunciar al médico Camilo Azar, torturador y agente de la CNI, que vive allí, en Calle Echeñique 8801-B.

En su domicilio, ante la sorpresa de su hija y su nieto que salieron a la puerta cuando llegaron los manifestantes, se le hizo llegar un regalo simbólico: "Estás funado".

La Comisión Funa señaló, en su volante que fue repartido en la ocasión, que "Camilo Azar Saba es un médico traumatólogo y ortopedista que puso sus conocimientos al servicio de la tortura aplicada por la Central Nacional de Informaciones (CNI) al interior de recintos clandestinos de tortura", agregando que "el caso más conocido de su actuación es el que causó la muerte de Federico Alvarez Santibáñez, militante del MIR, químico laboratorista y profesor de Química del Liceo Maipú, quien falleció el 21 de agosto de 1979 tras haber sido detenido por carabineros mientras lanzaba panfletos en la calle, quienes lo entregaron a la CNI. En su declaración ante la Fiscalía Militar los abogados aprecian las terribles condiciones en que se encontraba, a pesar de lo cual no se lo remitió al hospital. Al día siguiente falleció debido a contusiones múltiples, hemoptisis e insuficiencia pulmonar. De los antecedentes, especialmente del sumario llevado a cabo por el Colegio Médico en contra de los facultativos que participaron en los hechos, se concluyó que Federico murió debido a las torturas ocasionadas por la CNI. Dejó una viuda, un hijo y el recuerdo maravilloso de un hombre consecuente que se atrevió a enfrentar a la dictadura a pesar del momento extremadamente adverso en que se encontraba.

Azar Saba fue sancionado por el Colegio Médico debido a su participación en torturas al interior de recintos de la CNI, según un dictamen de fecha 31 de marzo de 1986 del sumario iniciado por el Departamento de Etica del Consejo General del Colegio Médico de Chile sobre aplicación de torturas y posterior fallecimiento del profesor Federico Alvarez Santibáñez. Allí se estableció la participación en torturas de los doctores Luis Losada Fuenzalida, Manfred Jurgensen Caesar y Camilo Azar Saba". Jorge Alvarez, hermano de Federico, agradeció a la Comisión Funa la realización de la actividad, expresando que "es memorable lo que se ha hecho porque hemos identificado a un sanguinario, a un criminal, a una persona que habiendo jurado salvar vidas las eliminó, a una persona que habiendo jurado mantener el bienestar de las personas, las torturó, y las torturó hasta la muerte. Mi hermano Federico Alvarez, después de cinco días de haber sido torturado por el señor Azar, falleció en la Penitenciaría. Lamentablemente el señor tuvo valentía de pegarle, de torturar, de aplicar corriente, de inyectar a una persona que estuvo amarrada, que estuvo indefensa, que estuvo en una situación desmedrada y ahora no tiene la cara de enfrentar a su hermano, de decir ‘yo lo torturé’, ‘yo lo maté’, porque es un asesino y un cobarde, una vergüenza para Chile". Camilo Azar trabaja actualmente como médico en Integramédica en el Mall Alto Las Condes.

También el escritor Martín Faunes leyó en el lugar un testimonio sobre Federico Alvarez Santibáñez, recordando los años juveniles en que eran militantes del MIR y amigos. La manifestación culminó sin problemas, a pesar de la llegada de un par de patrullas y algunas motos de Carabineros, teniendo una acogida bastante buena de los vecinos que salieron de sus casas a ver qué era "la bulla" que sentían a mediodía del sábado.

Anteriormente la Comisión Funa ha denunciado en sus lugares de trabajo a otros médicos torturadores, como Alejandro Forero, Werner Zanghellini, Sergio Muñoz Bonta y Roberto Lailhacar. En el caso de Muñoz, sigue trabajando en la sección dental del Hospital Barros Luco.

Julio Oliva, dirigente de la Comisión Funa, expresó al término de la actividad que resultaban "aberrantes" las últimas resoluciones de los tribunales de justicia que nuevamente han sobreseído a Pinochet y que han quitado la figura de secuestro permanente: "Ahora los mismos familiares de detenidos desaparecidos van a tener que acreditar que sus seres queridos continúan secuestrados, y eso es injusto". Julio Oliva agregó finalmente que el próximo año seguirán con las funas y llamó a que todos los que se sientan identificados con el reclamo de verdad y justicia participen activamente en las actividades contra la impunidad que se avecinan.


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