Fuenteovejuna y Janequeo
En memoria de Lucía Vergara "la Pity",
Arturo Villavela Araujo, Sergio Peña Díaz,
Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquian
Lucía, la Pity Vergara

La conocí por la fuerza inmensa del cariño y el recuerdo de quienes la conocieron y la amaron. Por las palabras de su hermano (quien trajo a mi primer hijo al mundo y con quien luego me casé), de sus amigos, de sus vecinas de la infancia, de sus ex compañeros del MIR. En fin, a la Pity la conocí sólo por la fuerza del recuerdo.

Sin embargo, tengo nítido el día de 1990 en que fuimos con su hermano Miguel (uno de los 9 que constituían el familión Vergara-Valenzuela y Mellado-Valenzuela) a declarar a la Comisiónd de Verdad y Reconciliación, que recién abría sus puertas. Como éramos una de las ultimas letras del alfabeto, e iban citando a lo familiares de las víctimas por orden albafético alternado (las A y las Z), nos tocó ser uno de los primeros en acudir a la casona donde operaba la Comisión. Una asistente social nos recibió. Nos dio la bienevenida "a nombre del Estado de Chile, que quiere investigar la verdad de lo ocurrido a las vícimas de la Dictadura".

Cuando pronunció esas palabras, "a nombre del Estado de Chile", fue como si abrieran el paso a un torrente largamente aprisionado en mi corazón. Me surgió un torrente de lágrimas. No entendía bien qué me pasaba pero no podía parar de sollozar. Miguel, a mi espalda, no me veía. La asistente social sí. Y su cara se llenó de ternura, de apoyo, de empatía. Y entonces Miguel se dio cuenta. Fue muy fuerte e inexplicable. Fue quizás sentir, por primera vez en largos y oscuros años, que el Estado buscaba protegernos en lugar de aniquilarnos. Que se ponía de nuestro lado. Que buscaba cobijarnos y no aterrorizarnos. Que intentaba, junto a nosotros, encontrar la verdad y develarla. "El país tiene que que saber lo que pasó, esa es nuestra misión", añadió la asistente social. Y mis lágrimas nunca más pararon. Llevábamos el video de la CNI, donde están los cuerpos humeantes de los compañeros asesinados. Le hicimos entrega "al Estado de Chile" de las pruebas de ese horror, y éstas ahora sí serían consideradas.

Cuento este recuerdo porque a pesar no conocer a la Pity, la fuerza de su vida, la certeza de sus convicciones, la belleza y la valentía que la impulsaba a luchar contra la injusticia (siendo hija de un DC furibundo, que inclusó la expulsó del hogar) fue lo que me hizo sentir que la conocía y que también la amaba, que también la lloraba y que se me reventaba el corazón de dolor e impotencia por lo que había ocurrido ese 7 de septiembre de 1983. Ese día, cuando su anciana madre que vivía a pocas cuadras de Fuenteovejuna, no se enteró que estaban asesinando a su niña. Que su hermano Miguel, casi el único de los diez que quedaba en Chile, se enteraba por la radio del crimen. Y que debió seputarla en medio del terror y de un enjambre de agentes de la CNI que pululaban en el cementerio, y a quien le costó encontrar brazos suficientes para cargar el ataud. Y todavía faltaba mucho más. Luego vendría Pepone, el Jécar... tantos.

Siento que, además de honrar a nuestros muertos, debemos hacer algo más. Debemos ser capaces de hacer surgir algo, que le de sentido a toda esa sangre derramada. Algo en lo cual podamos insertarnos y cambiar lo que nos molesta, lo que nos mantiene insatisfechos, poner en acción lo que está detenido o estancado para vivir un futuro distinto. No sé... Dejo planteada mi inquietud.

Paty

La Pity: cada vez que aparecía por las casas de nuestros ayudistas temblábamos pues pedía todas la infra disponible. Con su belleza y simpatía la contienda era desigual: nos quedábamos en pelota.

El Coño: ni todas las balas que le había metido la Sifa pudieron minar su moral y sus ganas de dirigir la Fuerza desde dentro. El consejo a flor de boca cuando el miedo nos paralizaba.

El José, nuestro jefe, el único argentino sin acento que he conocido en la vida. Le habían volado el tendón de Aquiles de un tunazo en años anteriores cuando fue a un punto de rescate que estaba copado. No había aceptado las órdenes de la dirección que los extranjeros debían salir de Chile. Siempre estaba allí, alentando y dirigiendo, duro entre los duros. Ágil y valiente en la acción. Leía poesía en los acuartelamientos cuando nosotros no podíamos dormir del dolor de tripas.

El Pepone: se puede decir algo más de él? Si, que era bueno para el basquetbol.

Los extrañamos y no los olvidamos.

Rulo




Váyanse de Santiago

Se reviven mis recuerdos de esos angustiosos últimos días del Coño, de la Pitty y Sergio. Sus últimos mensajes numéricos descifrados en Abel de Unamuno (que aún guardo), el, perentorio, rápido: "váyanse de Santiago, sin nada, totalmente limpios, no pierdan tiempo..."

Ella, con dulce tristeza: amiga querida, si consigo salir con vida, quisiera que nuevamente nos sentáramos a conversar en un parque sobre lo mucho que tenemos que hacer por nuestra propia libertad como mujeres..."

No perdimos tiempo, todo un día de contrachequeo y en la noche, en una casita de playa junto al mar, junto con la Marga y el Chico vimos la noticia en la tele; los pasaportes desparramados en el suelo nos dieron la certeza de quienes eran los muertos. No dormimos, tampoco lloramos, estábamos secas/os, con la rigidez de una estatua de sal y el dolor destrozándonos las entrañas. En las rocas donde estallaban las olas, bajo un sol frío, blanco, les recordamos. Después, las instrucciones, qué hacer, cómo seguir, la realidad seguía viva.

En medio del caos, el mensaje del Coño, nuestro jefe previsor y generoso, nos había salvado; lo recordaré siempre como si recién lo leyera. El mensaje de la Pitty, lo sigo viviendo todos los días con alegría.

Marisa


El veterinario del MCR

Sergio Peña Díaz, "Jota Eme"





Quiero detenerme en el instante en que Daniela y Luciana recordaron a su padre Sergio Peña. Ambas eran muy pequeñas cuando lo asesinaron hace18 años. Allí estaban frescas, lúcidas y con la memoria viva junto a su madre y ex compañera de "Jota Eme".

Quiero recordar a Sergio como esos militantes ejemplares. En enero del 71 eramos estudiantes recién egresados de la enseñanza media y militantes de las brigadas secundarias. Era verano y el partido nos envió a la zona de Huelquén, Linderos y Alto Jahuel, a apoyar las primeras movilizaciones de un incipiente MCR en los alrededores de Santiago. "Jota Eme" estaba a cargo de las tomas de tres fundos en una zona caliente con una fuerte presencia rural de Patria y Libertad.

Los meses que pasamos en esas tomas, su liderazgo político y militar permitió que en precarias condiciones, los fundos no sólo no fueran retomados, sino que se mantuvieran productivos con una amplia participación de las organizaciones campesinas, tanto de esos predios como de los alrededores. Siendo estudiantes conocimos a un dirigente maduro del partido, supimos que era médico veterinario y nos sorprendió la forma en qué logró compatibilizar su profesión en la mantención de los planteles lecheros a la vez que entregaba una línea política democrática y participativa, logrando incluso que un sindicato campesino de orientación DC, se plegara a las tomas. Todos estos pasos fueron determinantes para que luego se nombraran los interventores.

En el mismo período, su compañera estaba a punto de tener a Luciana y pese a esa especial circunstancia y que iba a nacer su primera hija, Sergio nunca abandonó la toma. Nosotros, militantes del frente estudiantil, conocimos así una nueva realidad de nuestro partido en el trabajo de frente de masas que nos resultó educativa y un buen ejemplo a seguir. No es casualidad que muchos de quienes trabajamos con "Jota Eme", durante nuestra militancia en años posteriores y ya siendo universitarios, derivamos nuestro trabajo partidario hacia estructuras poblacionales y campesinas, estimulados en su compromiso con los más pobres. (Lo que obviamente no inhibe a quienes formaron parte de otras estructuras).

Al fin y al cabo habíamos visto en acción a un buen maestro. Por eso que estas fechas no son sólo de sus familiares y amigos para recordarlas, sino una cuestión de todos.

Queltec


Verano del 72

Parte importante del MIR secundario de Santiago había sido movilizado a Linares a trabajos de verano, para apoyar a los campesinos y MCR allá. Algunos que todavía estábamos en la capital fuimos convocados para trabajo similar en la zona de Paine, zona que ni siquiera era noticia en ese verano "caliente" en el campo en Linares y la provincia de Cautín.

Allí conocimos al JM, jefe de una unidad de militantes que trabajaba en esa zona (camino entre Linderos y Alto Jahuel y Huelquén). Lo que allí se había levantado era notable: a partir de unos pocos campesinos, que encontraron en esos militantes del MIR la ayuda para expresar sus reivindicaciones, fue creciendo un MCR y un movimiento que desbordaba las fuerzas de esa base de militantes y de los estudiantes que hacíamos una primera experiencia en otro frente.

El JM se multiplicaba para atender desde las vacas que parían, las guardias en los predios tomados, la extensión del trabajo a otros fundos cercanos desde donde venían campesinos y donde se redoblaba el control interno por parte de Patria y Libertad, la cosecha de sandías y melones, las gestiones para la intervención estatal de los fundos, las reuniones con los campesinos para leer y comentar El Rebelde y con nosotros los miristas y feristas secundarios. Para los que estuvimos allí casi dos meses, la experiencia fue enorme y formativa. Recuerdo una discusión con el JM sobre la "vida real": el mejor dirigente campesino del MCR, que iba a ser propuesto para entrar al MIR, era evangélico y muchas veces nos topamos con él, en caminos de tierra, predicando y cantando. Contra nuestro dogmatismo adolescente, el Jota explicaba con paciencia que ese era el pueblo de Chile, que lo importante era la decisión de lucha por la revolución y no la religión.

Vi al JM algunas veces después durante 1972-73, cuando aparecía por la escuela de economía de la Chile a hablar con otros militantes de esa base que estudiaban allí, y ahí también conocí a Anita (su ex-mujer) y a su hija mayor.

Nos volvimos a topar en 1980 en Madrid, para tomar el avión a la isla. Llegamos a la misma casa, y allí llegó el Coño que lo recibió con gran alegría, como un amigo entrañable, y lo reclutó de inmediato para su equipo. No volví a saber de él hasta el fatídico día de septiembre de 1983, cuando fue asesinado junto al Coño y Lucía. Los amigos entrañables seguían juntos.

Raúl


Un beso para las tres

Queridas y recordadas Anita, Luciana y Daniela:

Una carta para decirles que pienso y estoy con ustedes, con el corazón y con la mente, en este décimo-octavo aniversario del asesinato de Sergio y de nuestros demás compañeros. Sergio será siempre una cantidad inmensa de imágenes, de fotografías arrancadas a la memoria, que a fuerza de guardar rostros, frases y situaciones, se va haciendo vieja y preciosa a la vez....

Imagen en el hall de la escuela de veterinaria, corre el año 1966 y Sergio tiene la mandíbula rota (era arquero de fútbol del equipo de la facultad)y la boca llena de hilos del tratamiento ...(su temeridad ya lo exponía a los riesgos de lo que asumía)...

Sergio en la casa que compartíamos en la Villa Santa Adela que llega con el "caluga" Rodríguez (hoy detenido-desaparecido desde 1974) para que lo escondamos. Corre el año 1969...

Verano del 79, conversando con Sergio en una terraza asoleda de Copenhage, él me comunica su decisión de partir...Será la última vez que lo veré vivo, pero estoy encontrándome con su recuerdo en cada uno de los rincones de mi memoria que, como ya lo dije hace un rato, se está tornando vieja, pero cada día mas preciosa. Un beso para las tres
Ricardo-Eugenio

Arturo Villavela Araujo, "El Coño"

El 7 de septiembre se cumplen 18 años de los asesinatos de Fuenteovejuna y Janequeo. Vaya esta aproximación a un recuerdo con sabor a mar.

... un día nací allí sencillamente,
el viejo puerto vigiló mi infancia ....

En un cerro de coloridas casas que se descuelgan, hace ya casi cincuenta y siete años, desde una ventana que miraba la bahía, escapa el primer llanto de un niño. En la loca geografía de los cerros de Valparaíso, entre humildes casas aferradas a las quebradas del Cerro El Litre, su infancia con olor a mar correteaba los rincones, elevaba volantines, transitaba por escaleras, recodos y curvas que se estrellaban en un murallón que, a pesar de empinarse hasta cerca de las nubes, lo coronaba un balcón sobre el vacío en el que el viento enarbolaba una blanca enagua.

Entre el quieto mar de los días soleados y las gigantescas olas de las tormentas invernales, el niño fue creciendo. A diario bajaba los cerros carreras locas que lo llevaban a su escuela, instalada entre las pocas calles rectas que cruzan el puerto. Al dejar los pantalones cortos, las carreras cerro abajo se transforman en pausados paseos cogido de una cintura. Así descubre la sensación de una piel erizada en su mano tibia cuando comienza a caer la tarde, así sabe de los primeros besos robados en un recodo y de las primeras caricias que regala su mano principiante.

... no se puede dejar sin que nos falte
la brea, el viento sur, los volantines ...

Vestido de pantalón largo, conoce el frío y la lluvia del sur. Se instala lejos de sus queridos cerros y cerca del mar.

Tiempo apasionante en que se desencadenaron vertiginosos grandes momentos de su vida. Nuevos amigos comparten sus ideales, los mismos dolores por su tierra y su gente, la misma fuerza y decisión: Miguel, Bauchi, Edgardo y tantos otros.

Tiempos de patria excitante, agitada, luchadora. El niño de Valparaíso, inquieto hombre ahora, no puede desprenderse de las imágenes de su niñez, lo irrita la pobreza que descubre en todos los rincones; lo indigna la injusticia, es de sólidas convicciones, capaz en la conducción, certero en sus análisis.

...Y vino el temporal y la llovizna
con su carga de arena y desperdicio ...

Tiempos de patria dura, furiosa, asesina, desquiciada. El que nació en el puerto no escapa a esta furia. Ya los cerros y el mar conocían de dolores, alternaban con gritos desgarrados y sollozos quedos. Fue por otra ventana esta vez por la que escapó el primer llanto de un hombre, un grito de silencio y lealtad, un quejido de dolor y fortaleza. Le siguieron muchos otros gritos sin ventanas para elevarse a las nubes, gritos sordos, acallados, arrancados en sádicos tormentos contenidos en lúgubres paredes grises y húmedas cansadas de escuchar alaridos, deseosas de palabras: nombres y lugares que nunca llegaron a salir de esa boca porteña.

Con los dolores y las heridas a cuestas se alejó de los cerros, cruzó el mar y la cordillera y desde otros balcones, éstos sin blancas enaguas que flamearan al viento, volvió a gritar, ya no a las grises paredes, pero con el mismo dolor; ya no alaridos sino palabras. Y contó a los 4 vientos de un pueblo torturado y asesinado.

... y una vez más el viento como siempre
limpió la cara de este puerto herido.

Regresó silencioso, casi inadvertido, lo recibieron calles distintas, extensas, planas, sin recodos, calles que no se elevaban. El hombre alegre, humilde, cálido, de rostro serio, un día me sonrío. Había tan poco por qué sonreir. Me sorprendió. Hay aromas inexplicables -dijo, -que a pesar de los años, se mantienen inalterables, tú hueles a mar. Sonreí. Imagino que la pregunta se instaló en mi rostro. Sonrió. -¿Te sorprende? -preguntó. No alcanzé a responder, él estiró su mano en una invitación a sentarme y comenzó hablar de una química que no logré comprender, una fórmula llena de aromas y sabores de puerto. Así supe de una historia que recorrió las mismas calles de mi niñez.

Chocolates y helados nos acompañaron por nuestros recorridos de la memoria, recuerdos que invitaban tibiezas, susurros y suavidades. Cada encuentro era una celebración de la vida frente al horror desatado. Cada conversación era una inauguración, un descubrimiento de que no sólo el ayer tenía recodos inexplorados y esquinas sorprendentes, sino también el hoy. En ese hoy develamos nuevos temporales, estrenamos mares inquietos, inventamos bahías mansas, fundamos escarpados cerros, dibujamos inéditas geografías locas.

... y un rostro de tristeza fue cubriendo,
sus cerros con sus calles y sus niños.

La muerte guarnecida en charrateras no nos pilló de sorpresa cuando se dejó caer con su peor ensañamiento.

Cada encuentro fue siempre el primero y el último. No hubo despedidas, no podría haberlas, así lo dijo cuando no lo comprendí, así lo explicó en esa fórmula química cuando aseguró que los aromas y los sabores eran la presencia que nos acompañaba, que derrotaba la ausencia cuando ésta se hacía una evidencia.

Y aquí estás, con tibiezas, disciplina, sonriente y serio, oliendo a mar, con tu piel salada, susurrando oleajes, siempre presente.

Coño: ¡Hasta la victoria siempre!.

M
Septiembre 2001


      

Si sabes algo más sobre los compañeros cuya historia leíste, compártelo con nosotros enviándonos un e-mail para que así todos podamos conocerlo. Si sabes algo sobre cualquier otro compañero desaparecido o asesinado por la dictadura, compártelo también con nosotros, eso ayudará a que jamás los olvidemos.

Sitio creado por
ULTIMOS TRANVIAS
© 1999 - © 2000 - © 2001 - © 2002
© 2003 - © 2004 - © 2005 - © 2006. ESCRÍBANOS