El beso tembloroso
Para Mónica Llanca Iturra

Lucía Sepúlveda Ruiz
Mónica Ghislayne Llanca Iturra, fue detenida por la DINA en su hogar de la comuna de Conchalí, en la madrugada del 6 de septiembre de 1974. Relata su marido: "Ella se despidió de mí con un beso tembloroso que todavía lo siento". Y en la cuna quedó Rodrigo, su guagua de dos años y dos meses.

Su secuestro se produjo en el marco de una redada practicada por la DINA en el Servicio de Investigaciones, en la que también fueron detenidos y desaparecidos el ex detective Teobaldo Tello, Carlos Ruiz Aranzaes y Sonia Bustos Reyes, todos ellos acusados de proveer al MIR de elementos relacionados con la elaboración de documentos de identidad.

Mónica vivió sus primeros años en la comuna de Conchalí, y su adolescencia en el barrio Carrascal. Su vida fue difícil, ya que su madre, separada, murió a los 12 años, quedando ella al cuidado de sus hermanas mayores.

La mejor compañera
Estudió en el Liceo 15, donde recibió dos veces, antes de egresar, el premio como "mejor compañera". Egresó de la enseñanza medía el año 1970. Se destacaba por su gran personalidad y firmeza de carácter, y apego a su familia. Le gustaba nadar y disfrutaba de la naturaleza. y los paseos al aire libre.

El año 1971 contrajo matrimonio con Manuel Maturana y entró a trabajar en el Gabinete Central de Identificaciones, en el edificio ubicado en General Mackenna. Su hijo Rodrigo nació en julio de 1972, y entre los proyectos de la pareja estaba tener otros dos niños. Recuerda Manuel: "En esta etapa su vida parecía estar alcanzando todas sus metas, y el futuro se le presentaba más próspero. Además teníamos un Gobierno Popular. Con gran esfuerzo, cariño y amor fuimos equipando nuestra casa con lo necesario". Pero después del golpe militar, él fue despedido de su trabajo, y Mónica debió enfrentar sola la mantención de su hogar, haciéndolo con gran entereza.

La detención
A las 3:30 de la madrugada, unos golpes rudos sacudieron la puerta de la casa de los Maturana Llanca, ubicada en Cordillera de los Andes 5319, ingresando allí 2 civiles armados y otros uniformados de la FACH, al mando de un hombre identificado por el marido de Mónica como Osvaldo Romo Mena. Sin exhibir orden alguna ni formular ningún cargo, salvo que venían a detenerla, allanaron la casa sin encontrar nada comprometedor.

El cepillo de dientes
Desdeñando la proposición de su marido de que se lo llevaran a él, pues ella tenía que estar con la guagua, sólo permitieron que Mónica sacara del baño un cepillo de dientes, antes de llevársela. En su declaración formulada en febrero de 1986, Manuel Maturana recuerda su tembloroso beso de despedida, y agrega que.la introdujeron en un furgón color oscuro, escoltado por un camión con soldados armados. Los secuestradores le dijeron que se dirigiera al Cuartel Central de Investigaciones a saber de ella, pero la búsqueda allí fue infructuosa.

Sin respuesta
El marido de Mónica y una hermana de ésta deambularon desde entonces por el Ministerio de Defensa; la oficina del Servicio Nacional del Detenido Sendet, y luego por la cárcel de mujeres, encontrando siempre la misma respuesta: "No está".. El día 9 de septiembre a través del Comité Pro Paz se entabló un recurso de amparo, respondido en forma negativa, señalándose allí que no había orden de detención contra Mónica Llanca.

Hablan los testigos
En el año 1975, Maturana logró ubicar la primera testigo, Sandra Machuca, que estuvo con Mónica en septiembre u octubre de 1974 en Cuatro Alamos, y a partir de esta información interpuso una querella por secuestro en el Tercer Juzgado del Crimen de Santiago, sin resultado. La joven madre y funcionaria mirista también fue vista por la actriz Sara Astica Cisternas, en la casa de calle José Domingo Cañas, el 6 de septiembre. Allí estaba también Teobaldo Tello.

El nombre de Mónica fue incluido el 24 de julio de 1975, en informaciones de prensa argentina que aseguraban que un considerable número de chilenos había muerto en el extranjero. El montaje publicitario de la DINA tenía como objetivo encubrir las desapariciones de chilenos opositores a la dictadura.

Una familia en el dolor
"Crei que me volvería loco cuando vi el nombre de mi esposa en la segunda lista del conocido caso de los 119", comenta Manuel Maturana, que participó activamente junto a la mayoritariamente femenina Agrupación de Familiares, formando parte de la organización él y el marido de Cecilia Labrín. "Estar en la Agrupación para mí ha significado integrar una nueva familia que se ha hecho en el dolor, dolor inmenso de cada uno, pero que al estar unidos se ha hecho un poco más liviano", escribe Maturana en su declaración.. Así, participó en diciembre de 1977 en una de las primeras acciones masivas de denuncia, la huelga de hambre de 50 horas. en la Iglesia de San Francisco, seguida en julio de 1978 por la huelga de hambre de 17 días.

Rodrigo y la ausencia
A medida que Rodrigo crecía, la respuesta del padre ante sus preguntas era " a su mamá se la llevaron los milicos, pero ya llegará". El niño añoraba que llegara su madre, pues decía, por ejemplo: "Cuando llegue mi mamá vamos a criar pollitos, o vamos a comprar tal o cual cosa", etc Pero, de pronto, un día sorprendió al padre diciéndole: "Papá, yo creo que los milicos mataron a mi mamá". En adelante, rehuyó el tema. En su peregrinar por distintas instancias, Manuel Maturana debió soportar incluso comentarios como los de un oficial de un juzgado militar de calle Vidaurre que el día 24 de diciembre de 1976, le dijo; "No la busque más y cásese de nuevo". La declaración del marido de Mónica finaliza diciendo: "Exijo justicia, saber algún día si mi esposa fue asesinada, que es lo más seguro que hicieron con Mónica, pero que tengan el valor de decir donde está su cuerpo para darle santa sepultura como a todo ser humano, y a los autores materiales e intelectuales culpables de miles de asesinatos, darles un castigo ejemplarzador para que nunca más vuelva a ocurrir esto en nuestra Patria".

Una piedra preciosa
El apellido de Mónica, "Llanca", de origen mapuche, tiene un significado que retrata a la joven mirista: "piedra preciosa pulida, de color verde azulado muy estimada por ese pueblo, con la que se formaban collares mezclados con cuentas de plata, pulseras y colgantes". El rol de Mónica en la resistencia fue precisamente eso: ser un eslabón precioso que se mezclaba con otros, y cuyo brillo hoy nos alcanza para siempre.






PIEDRA AZUL DE LA MONTAÑA

Tenías veintitrés años apenas,
pero ya estabas casada y tenías un hijo.
Trabajabas en el Gabinete de Identificación.
Te detuvieron el mismo día que a tus compañeros Teobaldo y Sonia Bustos.
En la cuna dejaste solito a tu Rodrigo de dos años que cuidabas para darle el amor que tu madre,
muerta cuando tú tan pequeña, no pudo darte.
Nada de eso les importó a los que te apresaron empeñados como estaban en hacerte reconocer que
junto a Teobaldo Tello y a Sonia Bustos proveías al MIR de elementos para falsificar identidades.
Ojalá lo hubieras hecho si con ello hubieses salvado aunque fuera a un sólo compañero.
Así lo creen los funcionarios de identificación que hace poco le pusieron tu nombre a la sala donde se reúnen para hablar de arte y hacer poesía.
«Mónica Llanca», dirán y contestarán "¡presente!".
Recordarán entonces cómo eras de generosa y buena compañera.
La actriz Gloria Lazo, nos contó que,
presa también, no se podrá olvidar de ti aunque vendada como la tenían nunca pudo verte; y si te recuerda es porque el verdugo Krassnoff Martchenko se burlaba de tu apellido mapuche a todas voces.
En otras palabras, se burlaba de tu raza, de nuestra raza.
Se burlaba el ruín y su crueldad no podía ignorarse ni olvidarse.
«Llanca»,
piedra preciosa,
piedra azul,
cielo de nuestros bosques encantados.
Tu compañero que casi enloqueció cuando vio tu nombre entre los 119, todavía siente en la piel el beso tembloroso que le diste cuando los que te hicieron desaparecer vinieron a llevarte.

Martín Faunes Amigo


"Piedra azul de la montaña", recreación poética realizada en base a varios textos, fue publicado por primera vez en 2003 en el libro "Una experiencia para no olvidar: casa de torturas de José Domingo Cañas 1367". La acuarela que ilustra esta página fue realizada por el pintor Jaime Castro Santoro.

      


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