Del José Joaquín Aguirre al Hospital de Cunco
Eduardo González Galeno




«La dictadura segó una vida plena de amor y generosidad por los hombres, por el pueblo chileno, y marcó el futuro de su joven esposa y de sus hijos con la huella imborrable de la injusticia y la barbarie».

Las palabras corresponden al doctor Manuel Almeyda, quien conoció al doctor González, primero como alumno de Medicina y luego como colega.

RESPONSABILIDA ANTICIPADA
Eduardo no tuvo una infancia fácil. Su niñez y adolescencia estuvo plagada de sacrificios. Su madre, una esforzada mujer, luchó incansablemente para sacar adelante a sus niños y su familia. Ella había quedado sola, luego que su marido, de profesión contador, no regresara nunca más al hogar, después de ver frustrados sus sueños en Santiago, hasta donde se habían venido en búsqueda de mejores condiciones de vida. Desde joven estudiante, tuvo que responsabilizarse del costo de sus estudios. Se desempeñó en los más diversos quehaceres, destacándose en el área del diseño gráfico, gracias a su gran habilidad para el dibujo.

Como caricaturista, fue creador y productor de tiras cómicas y dibujante de varias revistas. Numerosas carátulas de discos, sobre todo de obras musicales de Víctor Jara y los grupos Inti-Illimani y Quilapayún corresponden a su obra artística. También se desempeñó como escenógrafo de los famosos clásicos de la época, que congregaban a multitudes en los recintos deportivos de diversas ciudades.

Eduardo González estudió su enseñanza secundaria en el Liceo Darío Salas. Ahí obtuvo altas distinciones, incluso, la Directora de este colegio lo apoyó para la obtención de una beca que le permitiera estudiar medicina. Lalo, para sus amigos, siempre fue un muchacho muy dedicado a su familia: su madre, la abuela y dos hermanos. Era, en cierto modo, el jefe del hogar. También fue apoderado de su hermana. «El fue un padre para sus dos hermanos» señala la madre.

Más tarde, trabajando en su profesión de médico, pasó a convertirse en el sostén moral y económico de la familia. Gracias a él, su hermano logró terminar sus estudios de medicina y su hermana de pedagogía. La relación con su madre era muy afectiva y de gran responsabilidad. Tanto es así, que antes de partir a Cunco, hizo instalar una peluquería para que su madre la administrara, de manera que tuviese ingresos económicos suficientes.

TREN DE LA SALUD
El dirigente, doctor Manuel Almeyda, recuerda al doctor González, como un hombre muy trabajador y de una gran capacidad de entrega. «Conocí a Eduardo durante su internado en el Hospital José Joaquín Aguirre, donde le correspondió trabajar bajo mi dirección. Puedo dar testimonio de su dedicación y acuciosidad en el trabqjo y estudio, que le permitieron distinguirse por sus conocimientos adquiridos y por la responsabildad en el desempeño de su labor profesional...
Pocos años después, volvía encontrarme con él en Cunco, cuando yo recorría la zona sur en el Tren de la Salud, en el verano de 1973. Allí conocí su pensamiento político y su compromiso con la construcción socialista que se acometía, Pude advertir el gran prestigio del que gozaba como político y como médico en la zona. Visité el hospital y revisando las fichas clínicas, con satisfacción, comprobé que mi alumno seguía viendo tan dedicado, acucioso y responsable en Cunco, pueblo pequeño de la provincia de Cautín, como en el hospital Clínico de la Universidad de Chile».

La esposa del doctor González, Natacha Carrión, también de profesión médico, trabajaba junto a él. La doctora Haydée López, entonces Directora Zonal de esa zona de salud, señala que sus recuerdos del doctor González se remontan por allá por el año 1968. Ese año llegó a Cunco junto a su esposa Natacha. En Cunco, el hospital estaba en muy malas condiciones, pero existía una vieja y ruinosa casona, a punto de derrumbarse. La primera actividad del doctor fue movilizar a todo el pueblo, a los campesinos y propietarios de fundos, para exigir la construcción de un nuevo hospital. Consiguió el sitio de esta casa abandonada y aunando esfuerzos logró la construcción de un hospital de emergencia. Otro rol que cumplió fue su quehacer en los asentamientos campesinos de la zona. Formaba monitores de salud. Les enseñaba curaciones de heridas, colocación de inyecciones y en fin, todo lo básico, de manera que pudiesen asistiese en aquellos días de invierno cuando las lluvias y crecidas de ríos aislan los poblados.

Una de sus colaboradoras cercanas, que además trabó una gran amistad con el matrimonio, conoció sus grandes virtudes, como también las de su esposa. Dice: «El matrimonio, además de trabajar juntos en el quehacer de la salud, se mostraba siempre disponible para integrarse a cualquier tipo de labor que se les solicitara. Así es como ellos participaron en las tareas de salud de los comités campesinos, por ejemplo. En este medio fueron siempre requeridos por sus grandes condiciones humanas. Poseían la virtud de no hacer diferencias entre la gente ... »
«Instauraron un sistema de trato centrado en los valores de igualdad y justicia social Y ello lo palpaban los campesinos directamente. Se nutrían de la experiencia y el conocimiento del doctor, para fuego colocar en práctica este saber, logrado graci,as a la abierta relación entre el profesional y los hombres de la tierra. Obviamente, esto incomodaba a los patrones y dueños de los fundos, que veían a este matrimonio como activistas contrarios a sus intereses».

Muchos testimonios demuestran que Eduardo y Natacha, como tantos otros médicos de ese período, ejercieron la medicina no sólo tratando la enfermedad, sino buscando solucionar sus causases sociales.

MEDICOS Y CAMPESINOS
El 11 de septiembre de 1973, sorprendió a la pareja de médicos en pleno trabajo junto a los campesinos. Estos visualizaron la gravedad de los hechos acontecidos. Les propusieron trasladarlos hasta la frontera con, Argentina. Algunos relatos que construyen la historia en Cunco, señalan que los carabineros de la zona también ofrecieron su colaboración para sacarlos del sector. No obstante todos estos ofrecimientos, ellos decidieron continuar con la orden que les habían impuesto inicialmente y que era presentarse para firmar un registro en la Comisaría de Cunco. Tenían que hacerlo mañana y tarde. También tenían que soportar que su domicilio particular fuera vigilado permanentemente por personal militar. Natacha esperaba su segundo hijo. Estaba en los últimos meses de su embarazo.

El 14 de septiembre de 1973 fueron detenidos por personal de Carabineros en el mismo hospital de Cunco, hecho presenciado por los trabajadores del hospital. Su pequeño hijo quedó solo en la casa. Fue el chofer de una ambulancia quien lo trasladó hasta la casa de la nana, donde permaneció hasta que su abuela materna se lo llevó y lo cuidó durante dos años, mientras su madre estuvo presa.

HELICOPTEROS A TEMUCO
Un helicóptero de la base aérea de Maquehue en Temuco, con personal de la fuerza aérea de Chile, fue a buscar al doctor González a la Comisaría de Cunco para trasladarlo a Temuco. Antes de partir, le preguntaron si quería algo y él respondió: «Ver a mi hijo César». Y lo vio. Fue la última vez que pudo mirar a su pequeño hijo.

El estaba mal a causa de los golpes. Su contextura era frágil. Su propia esposa le curó las heridas. Una vez en Temuco, el matrimonio prisionero fue separado. Ella fue a dar a la cárcel de mujeres, condenada a tres años y 61 días de cárcel, y de él nunca más se supo. Una nebulosa cubre la llegada a Temuco. Se puede decir con certeza, que permaneció en la base aérea de Maquehue. Su hermano, Alejandro, lo constató el día 19 de septiembre de 1973. Cuando fue a preguntar por Eduardo, lo atendió un señor que respondió que nunca estuvo en dicho recinto ninguna persona con el nombre indicado. Pero en ese preciso momento, se acercó otro militar de la FACH, que dijo: «Lo que pasó con su hermano es que se les pasó la mano, y usted no haga más preguntas, retírese de aquí inmediatamente, porque si no le puede ocurrir lo mismo ... »

Otro testimonio entregado por el hijo de una de las pacientes del doctor González dice: «al doctor lo arrojaron al lago Collico, y antes le abrieron el vientre con un corvo para evitar así que emergiera a la superficie». Ese fue el destino dr muchos campesinos y mapuches de la región. Algunos amigos del matrimonio, regresaron a Cunco para indagar y obtener más información sobre lo ocurrido en la zona, días después del golpe militar. Civiles, al parecer, hicieron denuncias en contra del doctor González. Incluso se dijo que funcionarios del mismo hospital, proporcionaron información respecto, del quehacer en el recinto hospitalario.

Hasta ahora, las gestiones realizadas no han dado resultados positivos. Un recurso de amparo quedó interpuesto en la Corte de Apelaciones de Temuco. La señora Marta Galeno, madre del doctor, solicitó a los tribunales abrir un sumario y una exhaustiva investigación. Pedía a la justicia oficiar al Ministerio del Interior, Defensa, Jefe de Zona en Estado de Sitio, Jefe del Comando de Aviación de Temuco, a fin de que indicaran causases de la detención y el lugar en que le le mantenía. Solicitaba, también, oficios a postas y hospitales de la región, oficios a la Dirección de Inteligen~ cia Nacional y al Instituto Médico Legal... La denuncia por presunta desgracia presentada en el Juzgado de Letras, no logró establecer su paradero.

NO HE PERDIDO LA ESPERANZA
Su madre se ha quedado con los recuerdos y aquellas palabras que siempre Eduardo le mencionaba: «A nosotros nos costó tanto luchar por la vida, por qué no vamos entonces a ayudara otros pobres.» Muy afectada por el desaparecimiento de su hijo, vive con una gran amargura, efectuando todo tipo de acciones para encontrarlo y aún pensando que está en algún lugar: «una madre nunca pierde la esperanza», señala

. El Informe de la Comisión Verdad y Reconciliación, expresa haber recibido antecedentes de testigos que aicredi1 tan la presencia del doctor Eduardo González en la Base Aérea de Manquehue y agrega que se formó la convicción de que fue víctima de una grave violación a los Derechos Humanos por parte de agentes del Estado, responsables de su detención y posterior desaparición.

El doctor Eduardo González tenía 31 años a la fecha de su detención.

MANO A MANO CAMPESINA
Natacha Carrión, su esposa, vivió su segundo embarazo en la cárcel de mujeres y ahí nació su segundo hijo. Fue ayudada en el parto, por una matrona que también estaba en calidad de prisionera. Ambas, tras las murallas de la cárcel, fueron capaces de hacer emerger la vida. Ensilencio dieron protección entre sus brazos a esa pequeña vida que lograba vencer el horror y la muerte. Fueron los campesinos quienes cuidaron a Natacha durante su permanencia en la cárcel. Ellos se organizaban para llevarle alimento, abrigo y ropa para la guagua. Hasta una estufa recibió cuando el pequeño niño nació. Dos años después, Natacha y sus dos hijos salieron al exilio. Partieron con destino a Bélgica, desde donde no volvieron.


EDUARDO GONZALEZ GALENO, Detenido Desaparecido. Temuco, septiembre de 1973. Tenía 31 años, estaba casado, era padre de dos hijos, el menor póstumo. Fue Médico, Director del Hospital de Cunco y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria,(MIR). El 14 de septiembre de 1973 fue detenido en su lugar de trabajo, junto a su cónyuge, por efectivos de la Fuerza Aérea de Chile. Trasladado a la Tenencia de Carabineros de Cunco y desde allí llevado en un helicóptero de la Fuerza Aérea a la Base Aérea de Maquehue, donde fue visto, desde entonces, pemanece desaparecido.
(Informe Comisión Verdad y Reconciliación)

Este trabajo sobre el Dr. Eduardo González fue publicado por primera vez en el libro "Porque fuimos médicos del pueblo", editado por la Comisión de Solidaridad con Médicos Objeto de Represión y Ediciones ChileAmérica Cesoc.

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