Otro once de septiembre

Homenaje a Gastón Vidaurrázaga Manríquez
Por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez





Gastón Fernando Vidaurrázaga Manríquez, profesor egresado de la ex UTE y artista plástico, era militante del MIR, padre, esposo, hijo y hermano. Fue acribillado junto a un poste de luz, la madrugada del 8 de septiembre de 1984, con decenas de balazos a los 30 años. Era de madrugada y el lugar se encuentra próximo a San Bernardo en la carretera norte-sur. Esas noches y en diferentes lugares de Santiago aparecían los cadáveres de Abraham Muskabliet, Felipe Rivera y José Carrasco. Todo indica era la venganza, la exculpación por adelantado de la CNI frente al intento de tiranicidio. En la oportunidad ministros como Cuadra-hoy analista- justificó como vendetta internas estas muertes. Cayó la censura y vinieron detenciones (entre ellas las del actual primer mandatario), además relegaciones y sobretodo mucho miedo ¿Quién o quienes serían los próximos? Han transcurrido 18 años, numerosos ministros en visita, de fuero han seguido esta causa, hoy está en manos del ministro Dolmech, pero aún más allá de trascendidos los responsables-todos- no terminan de serlo. Justicia lenta, pasa con el tiempo a no ser justicia.

El tiempo pasa y la justicia se vuelve promesa ¿A estas alturas alguna vez tendremos todo esto claro desde el punto de vista de la justicia, de las, motivaciones, de cómo funciono el azar en este caso? ¿Por qué cada uno de ellos? ¿Dónde están, qué hacen, cómo les ha ido a los ejecutores, jefes, analistas, responsables de esa cadena de mando? ¿Hasta cuando estuvieron protegidos por su mando? ¿Su reinserción tiene lógicas y fondos ocultos o habría que buscar en empresas de vigilancia, salmoneras o pymes sus rastros y fachadas para dar con muchos y concurran a declarar, porque ya lo han hecho varios de ellos, y ya se incriminan unos a otros?

Señores ministros y jueces: ¿Qué sucede con causas que duran 18 y 20 años? ¿Se estará pensando en indemnizar los años de paciencia? Todos esos fantasmas recorriendo la "normalidad"; de estos años.

¿Cómo hubiera sido la vida con todos ellos? ¿Dónde están todos esos hijos? Recuerdo los de Hernán Correa Ortiz ("el dos metros") ;¿Tienen todos los trozos de sus padres? Muerte y memoria se hermanan. El silencio, la in-memoria los mata aún más. Van 31 años de memoria, de recuerdos, de ausencias e historias a medias. Treinta y un años de un cambio abrupto que a muchos encontró como adolescentes con 18, 20, 25 y a lo más 30 años. Eran jóvenes, extremadamente jóvenes y dejaron sus proyectos de parejas, hijos y estudios. Allí, en algún pavimento de ciudad o en la encerrona de autos de un camino rural quedo el cuerpo sin vida, tibio aún. Al otro día sería noticia trucada- la mayor parte de las veces- como enfrentamiento, ley de fuga y lo peor aún, ni siquiera eso. La nada. Los testimonios. Un gran túnel negro lleno de versiones dispersas de quienes los vieron por última vez. El resto es silencio, conjetura. Salvo en muy pocos casos, lo demás es silencio, pacto tácito, juego de adivinanzas. Que el mar, que tal barranco o cuesta, que dentro o fuera del regimiento. Así se ha ido el tiempo, así murió la Sola Sierra y poco a poco los más viejos irán siguiéndola.

Gestos han habido, pero tienen gusto a poco, a palabra vacía, a desentenderse, a que sigan transcurriendo los años. Que no pasaría nada bajo Pinochet. Que si pasaría con el mando de Izurieta Caffarena. Ahora es Cheyre y en realidad desde el punto de vista de la verdad transcurre muy poco.

Siguen detenidos en sus cuarteles o en cárceles especiales, se dice que hasta salen a pasear de vez en cuando; Mi madre es como muchas madres. No sabe enterrar hijos, es difícil hacerlo. Más aún si los culpables circulan o están en recintos que de cárceles de verdad tienen muy poco. Tampoco perdona nos ha dicho, para ello alguien tendría que pedírselo y hasta ahora nadie lo ha hecho. Hace dos años los restos de Gastón los trasladamos al Memorial en el Cementerio General. ¿Ha ido usted a reconocer los huesitos de su ser querido? ¿A verlo después de más de 20 años y recordarlo por sus dientes? Limpiando esos huesos, encontré un rosario que se lo devolví a mi vieja. A eso se le llama una reducción. Meter los restos en una cajita chica para que quepa junto a los suyos y desprivatizarlos para que en el Memorial sean de todos.

Cuando la memoria es reunir lentamente pequeñas huellas Mi hermano, a veces viene en sueños y rememora risas e irreverencias. Con la Valentina, su única hija que vive en Suecia, hace unos años volvimos a la casa de San Bernardo, hicimos el recorrido de esa noche de venganzas del 7 al 8 de septiembre de 1986. Escuchamos a testigos y nos imaginamos cómo habían sido esos últimos momentos. Mucha gente vio los hechos, agazapados tras sus cortinas, presenciando quizás la peor película de terror de sus vidas, escucharon las persecuciones en ese cuadrante de la calle Fidel Angulo. Escucharon los pies descalzos de Gastón queriendo robarle segundos y minutos a la muerte que lo rodeaba. Escucharon sus quejidos al ser atrapado y azotado contra un muro.

Con su hija Valentina, hemos hablado de su identidad, de crecer sin un padre, de conocerlo en fotos, por relatos, de verlo en sus trabajos pictóricos o dibujos, de imaginarlo. Cada vez que viene a Chile, pareciera que carga otro espacio en su mochila y poco a poco reconstruye la memoria de ese padre que dejo de ver una noche de dictadura cuando tenía apenas tres años.

Hace algunas semanas en Concepción conmemorábamos la muerte de siete compañeros. Muertes publicas, con testigos, a mansalva, en verdaderas cacerías. Tampoco hay sustantivos avances, Están los nombres, pero algo, algo impide que eso finalice con un fallo ejemplar y definitivo. Van 18 en este caso y 20 años en los de Concepción y en suma hasta ahora no pasa nada. Los hijos funan; para marcar a los asesinos de sus padres que sé mimetizan de jubilados de Capredena o salen tranquilos a pasear sus perritos.

¿Cómo se es ministro de casos como estos? ¿Qué se les dice a las familias y amigos? ¿Qué pensara el juez en su fuero interno? Muertes presentes en muchos hijos que han crecido sin ellos. En madres que tienen las fotografías gastadas de llorarlas. En procesos judiciales eternos, de miles de fojas y centenares de testimonios y falsas identidades e intoxicaciones. ¿Serán trampas para jueces jóvenes o viejos?. Hasta aquí son ejecuciones, hay cuerpos, restos. Pero de los detenidos desparecidos hay macabras versiones. Que al mar, que a cráteres, que a ninguno parte, sino dentro de regimientos o quizás donde. Cuando a la memoria le faltan los huesitos y el juego siniestro de las versiones se apodera del tiempo y corroe.

¿Qué habrá sido de Mauricio Jorquera Encina, desaparecido a los 19 años. ¿Cuánto tiempo sus padres lo abran esperado en la casa de calle Ejército? El "chico Pedro";, inteligente y demasiado serio para sus cortos años, detenido y desaparecido por la DINA en agosto de 1974. O María Isabel Joüi Petersen, también de 19 años, "Isabel", también cazada por la DINA en agosto de 1974, poco después de su compañero estudiante de medicina "el chueco". Todos de la triste y tormentosa lista de los 119 de los falsos diarios aquellos.

Y si por arte de todos los dioses, incluido los santos como el Nazareno de Caguach volvieran a la vida toda, a completar sus proyectos de vida. Ellos detenidos en el tiempo, nosotros canosos y más desgastados. ¿Cómo sería ese reencuentro? Habría que ponerlos al día de todo lo sucedido. ¿Que les diríamos primero? Que nos equivocamos en medir las posibilidades. Que lo de Miguel fue un holocausto, que todo fue un gran error. Que no se podía hacer mucho. Que ni podríamos resistir efectivamente, y que el socialismo estaba más lejos que sus ensayos. O que a los agentes del Estado chileno se les paso la mano. Que el Golpe era de verdad, que ya no pegarían culatazos o marcarían con cigarrillos. Que incluso ahora hay figuras políticas que desde sus puestos de Intendentes u otros, han reconocido que todo esto fue un gran y tremendo error. Que Miguel agarro papa, se la creyó entera y sus restos están todavía en el cementerio general en una sencilla tumba. Entre tanto los viejos lobos de los aparatos de inteligencia, todavía rumian las dudas y neutralidades de sus socios civiles. Algunos tienen la impudicia de disculparse por sus edades, como si nosotros hubiésemos sido en ese mismo tiempo abuelos. La gran mayoría de los ejecutados y desaparecidos tenía entre 18 y 30 años, a lo más.¿Hay exs-militares, exs-ceneis que con justeza se sientan utilizados por los civiles que ahora tan tímidamente los protegen en el espacio público o desprotegen sencillamente? ¿Dónde estaba Lavín para lo de su primo? Y los demás vivían todos en burbujas que en medio de sus doctorados en USA no se enteraban de las violaciones a los derechos humanos?

La derecha apuesta a que tengamos amnesia. La derecha bajo el color que sé mimetice tiene varias opciones. Puede apostar a desentenderse, distanciándose del pinochetismo y sus renovados escándalos y corrupción. Puede asumir discursos neutros y pragmáticos, que la plaza, el cogoteo de la esquina, la semaforización etc. Lo segundo es asumir lo que le convenga de la herencia de la dictadura, disculparse respecto a lo otro y de nuevo apostar a la edad, a los años transcurridos etc. En cualquier caso, es imposible que se puedan desentender, incluso respecto a las generaciones más jóvenes. Uno podría prever que en el futuro, si los jueces siguen con su trabajo deberán ir estallando casos tras casos, cada cual más siniestro e insospechado en sus detalles.

Aquí no se trata sólo de la memoria de ese hermano que nos falta que se acerca alguien y de vez en vez te dice: conocí al gordo, conocí a tu hermano, y uno sabe que ahí hay un trozo de vida que desconoce. Aquí se trata junto al recuerdo, a la memoria aquella que sirve para que estemos constituidos, aquí se trata de algo pendiente de verdad y de justicia. Y ante eso, los genios de la transición podrán inventar mil mesas, comisiones, reparaciones o lo que sea, pero eso no para nada. La memoria es una vieja porfiada y dura, sobretodo sino tiene donde depositar flores ni rendir recuerdos. Pregunten a las víctimas del holocausto, viajen a España y observen el florecimiento de memoria existente de los años del franquismo y de la guerra civil. No es casualidad que "Soldados de Salamina"; de Javier Cercas fuese una de las novelas más leídas en Europa. También ocurre con los textos de Martín Caparrós en Argentina o en el cine lo que sucede con Machuca u otras cintas que han tenido la reconstrucción de memoria histórica como tema. La memoria sana, la memoria fortalece, la memoria hace él duele con más vida.

¿Cómo se crece sin un padre que se sabe existió y que no tiene tumba y sus últimos momentos son inciertos, aunque su nombre está grabado en el memorial, en un afiche que vio en la televisión mientras Pinochet estaba detenido en Londres, pero que solo es posible imaginar?, ¿Cómo se hace el duelo de un hijo muerto por un hermoso intento, por una digna actitud, por una buena causa? intento, actitud y causa que no lo hacen participe de cumpleaños, ni esta para acompañar en los bajoneos a su hija en sus dudas vocacionales y existenciales? ¿Cómo sucede la vida sin un hermano-hermano que de repente aflora en la noticia del proceso judicial o el llamado de un testimonio en televisión, o juega interminablemente a que se alteren los nombres y eres tu él y él tu?

Me pregunto ¿si Canal 13 acrecentara su ya extenso archivo con el programa "Contacto"; realizado el año pasado, luego de reunir tanto material y que hasta ahora no exhibe? ¿Será un programa vetado?

La memoria es un acto cotidiano, se te pega a la sombra y pregunta, tiene insomnio y al parecer no tiene precio. Aunque el mercado no entienda esto último.

En tanto vivimos como podemos con trozos de estas historias. Por decirlo de alguna forma nos pertenecen y no. Nos pertenecen, porque fuimos hermanos en la locura de imaginarnos que Chile podía ser distinto para todos. Nos pesan y joden, porque son de ellos, de los más suyos que muchas veces no tienen todas las piezas de los rompecabezas que están impelidos a ir lentamente armando, como tarea para la casa. Esos detalles de vida, esas locuras en medio de tanta muerte. Esas particularidades que los desmistifican de ser afiches, fotos carné, nombres tallados en piedra, listado interminable en los libros de la Vicaría, etc.

Todos esos que no están, crecidos en las muertes, en los finales atroces que las más de las veces todavía oscurecen los proyectos, las entregas generosas, los sueños por dar vuelta este traje siniestro. Más de algo se moverá al amparo de estos treinta y un años.

Una generación ha transcurrido, hay hijos y nietos escuchando Cada una de estas historias con sus fotos, trozos de diarios viejos, rituales de homenajes y recuerdos pasa como testimonio de generación. Se cuenta mil veces. Se deja mal escrita, irrumpe de programa estelar en septiembre. Pareciera que en la medida, el tiempo transcurre fuera más incomodo, mas fuera de tiempo recordar, hablar y escribir de los nuestros. Pareciera que de verdad es incomodo hacerlo, que quizás privatizado pasa piola. No es el tema de las encuestas, ellas-dicen-hablan de la seguridad y la cesantía como temas esenciales. El problema es que en estos casos el tiempo agrava y no borra. ¿Cuándo estarán todos? ¿ Cuándo nos terminaremos de contar? ¿ Cuantos éramos para el 11 de septiembre del 73? ¿Hace falta un censo?. O un juego de escondida que debe terminar de manera digna, o sea, con la mayor y más precisa verdad. Sin juegos ni intoxicaciones. Donde cada uno diga: un dos tres por mí.

Si alguien o algunos cree poder cortar la madeja en Pinochet se equivocan. Él sabe todo lo que sabe, pero no es ni era Batman. Los otros no se ponen a salvo. ¿Cuantos están pasando piola con uniforme y cuatro estrellas?

Me falta mi más hermano. ¿En que escuela trabajaría el gordo, piccaso, Fernando, Gastón o como quiera lo llamemos? ¿Hasta donde hubiese llegado con sus capacidades plásticas en el dibujo y la pintura? ¿ Estaría casado o separado? ¿Cómo hubiera sido alcanzar a juntarnos todos en esa mesa larga imaginada, todos antes de la prematura muerte de la Katia a los 18 años, los mismos que ya han trascurrido. O nos ponemos a reírnos con tu Vale, el Iñaki y la Katia Emma. Y seguimos caminando con la vida que llego después.

La memoria de nuestros familiares y compañeros es la salud mental de Chile. El modelo queda con exámenes pendientes que quizás más de algunos desearía que no existiesen. La memoria es de personas y de proyectos. El 11 no pasara piola, ni Allende, ni cada uno de los nuestros. No hay que confundirse queda mucho por hacer por la memoria, entre eso el registro, el ordenamiento de ese registro, la organización de Fundaciones y casas de la Memoria. Hay miles de relatos dispersos, fotos, documentos, historias de vida, trozos que se completan, etc.

Es cierto que asoma una nueva agenda, con temas insospechados desde los dogmas, pero que empujan desde el futuro. Pero, cualquiera sea esa agenda, la memoria junto a la verdad y la justicia no cederán. Siempre nos pesara, donde quiera estemos parados nos faltan hermanos, entre ellos me falta mi más hermano.

Castro, 29 de agosto de 2004.

      


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