Una imagen de cartón levantada sobre mi cabeza

Para Jenny Barra
Por Lucrecia Brito







El día del funeral de Sola, caminé junto a tu imagen, la había escogido entre todas las que estaban preparado las compañeras en el FASIC y, ahora la alzaba a la altura de la cabeza, detrás del féretro embanderado.

No pude dejar de acordarme de cuánto lloré tu pérdida, y también, de lo que sentí no haberte dicho todo lo que te apreciaba y te quería. Tu foto en el cartel me devolvió la figura angelical de veinticuatro años que conocí en la resistencia. Llegabas con los bucles de miel al viento y tus ojos de canela, y con esa sonrisa que iluminaba encuentros y reuniones. Siete días antes de tu cumpleaños te extirparon, un 17 de octubre del 77. Caíste en las manos de la CNI, quienes con flagelaciones terribles te hicieron nombrar el lugar de reuniones, que se suponía antes de tres días debíamos abandonar.

Desgraciadamente, Hernán Pérez Alvarez, compañero que desapareció junto a ti, se encontraba en ese lugar todavía, lo cual sólo dice que nos seguíamos creyendo inmortales, y que debíamos resistir y resistir como si realmente lo fuéramos.

Supe por los compañeros de la población «Teniente Merino», que llorabas a gritos e increpabas a Hernán por estar allí y caer sin tener por qué: el siempre alegre Negro Hernán, otra pérdida terrible. Pero sé que hiciste lo que habíamos acordado y no entregaste a nadie por propia voluntad. No delataste nuestros puntos de contacto, porque eso habría sido fatal para todos, pero no contaré más, no revelaré nuestros secretos, los torturadores todavía andan sueltos por las calles, eso es algo que nadie debe dudarlo.

En el libro «Dónde están», tu foto con el número cuatrocientos setenta y seis, me sonreía, y a mí me dolió por eso saber que te fuiste con el sentimiento de haber traicionado mi amistad: te enamorarte de mi pareja de esa época. El me lo reveló. Sin embargo, en aquel 17 de octubre maldito, juntos los dos lloramos la ineluctable ausencia.

En esa época, te increpé «entre nosotras» con la acartonada blanco-negra imagen que sirvió para iniciar tú búsqueda. Hoy, al alzarla con mis manos, te pido perdón, por haber sido tan dura y no haberte rendido antes el homenaje que merecías.

Deseo que sepas que en el atardecer de ese día que enterramos a Sola, me uní a ti, muy cerca, y caminamos juntas por Pudahuel, craneando una nueva acción de propaganda resistente. Además, cuando la ceremonia terminó, partí a recostarme a las piedras del Memorial, para darte las gracias por lo construido junto a Hernán, a quién pasearon herido por la población para que nos denunciara, pero tampoco lo hizo, no consiguieron quebrarlo.



Jenny del Carmen Barra Rosales, estudiante de Enfermería de la Universidad Católica, militante del MIR, fue detenida por primera vez el 17 de enero de 1974, a los 20 años de edad, por Militares de la Escuela de Infantería de San Bernardo. En esa oportunidad permaneció por espacio aproximado de 6 meses recluida en Cerro Chena, recinto de Tejas Verdes, Casa Correccional y Campamento Tres Alamos en virtud de las normas por Estado de Sitio. En esa oportunidad se le acusaba de repartir panfletos y pertenecer al Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER).
Una vez recuperada su libertad, continuó con sus estudios en la carrera de Enfermería de la U. Católica de Santiago.
Posteriormente, el día 17 de octubre de 1977, fue detenida permaneciendo desaparecida hasta hoy

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