El Pelao Krauss
Para Victor Fernando Krauss
P. Ruz


Victor Fernando Krauss nació en Concepción el 17 de octubre de 1948. Fue el tercero de cinco hermanos y aunque su familia era de escasos recursos, le proporcionó la base económica y los cimientos afectivos para la realización de sus estudios y para el desempeño de sus actividades políticas.

Su niñez transcurrió en la población Lorenzo Arenas. Fue a una escuela de ese mismo barrio, donde también desarrolló sus primeras incursiones políticas al incorporarse a las brigadas de propaganda por la candidatura de Salvador Allende en 1964. Estudió luego en el Liceo N° 1 de Concepción, donde fue presidente del centro de alumnos por dos años consecutivos.

Tenía 16 años cuando se realizó el congreso de fundación del MIR y Fernando estuvo entre los participantes. Ya era conocido en el ambiente estudiantil en 1968, cuando ingresó a la Universidad de Concepción para estudiar la carrera de medicina. Ese mismo año fue electo para la Federación de Estudiantes de Concepción (FEC) y ocupó la representación de los estudiantes del propedéutico, -primer año universitario-, en la directiva que presidió Luciano Cruz.

A la par del frente universitario, Fernando, junto a los compañeros de la base propedéutico recibió la tarea de formar el MIR en la zona textil de Tomé y sus alrededores. Fue una época donde la creatividad tuvo que elevarse al cubo. Desde el estudio de la situación socioeconómica del sector, pasando por la elaboración del "Insolente", un boletín que repartíamos a la salida de las textileras, hasta grandes rayados murales, dieron cuenta de la actividad de esos años de plena construcción del partido en los frentes sociales.

El amor apareció, y a los 20 años Fernando Krauss tuvo "compañera"; a los 21 años una cuasi crisis existencial ("ya tengo 21 años y qué he hecho en mi vida", se preguntaba), y a los 22 su primera hija.

Eran tiempos veloces y no hubo espacio para problematizaciones. En la primera represión al MIR, en 1969, fue perseguido en su doble calidad de dirigente de la Fec y MIRista. Entonces huyó a Valdivia donde empezó su vida clandestina. Un profesor amigo que lo acogió en su casa, lo recomendó para que hiciera clases de español a unos profesores alemanes recién llegados a Chile, invitados por la Universidad Austral. No era su especialidad pero Fernando asumió su nueva condición: "Gonzalo Morán, estudiante de letras".

El vuelco fue total. A principios de los 70 Fernando, que ni siquiera estaba matriculado en la Universidad Austral, era reconocido como líder estudiantil. Nadie se preguntaba mucho si era o no era alumno del plantel, pero participaba en las asambleas estudiantiles, mítines relámpagos y protestas callejeras. Su oratoria y capacidad de convencimiento acompañaban su carácter apasionado.

El MIR comenzó a crecer en Valdivia y de unos pocos militantes se convirtió en una estructura con varias decenas, con bases estudiantiles y de pobladores. Ya a fines de 1969 se inició la tarea de organizar a los trabajadores de los fundos situados en la zona precordillerana, lo que dio lugar a las tomas de fundos que sirvieron de base a la formación del Complejo Maderero de Panquipulli.

Entonces se realizó la Primera Conferencia Regional del MIR. En un acto que sorprendió a muchos y que da cuenta de su personalidad, Fernando decidió auto postularse como secretario regional del partido. Nadie lo había propuesto, pero modestia aparte, consideró que el trabajo de construcción de partido no estaba concluido y que su conducción política era necesaria. Su elección fue por una gran mayoría.

La llegada a la presidencia de Salvador Allende y la consecuente ampliación de las libertades democráticas permitió a Fernando recuperar su verdadera identidad y dejar atrás la de Gonzalo Morán. Sin embargo, sin abandonar el anhelo de estudiar medicina, decidió matricularse en la carrera de letras y capitalizar el esfuerzo que tuvo que realizar como profesor de castellano. Aunque su responsabilidad como jefe regional del MIR en Validivia y como tal, miembro del comité central, no le dejaban mucho tiempo, obtuvo buenos resultados académicos y sorprendió a profesores que lo recuerdan por su viva inteligencia.

Entre las anécdotas de aquella época se cuenta una polémica pública que sostuvo a través del diario Correo de Valdivia, con el ex ministro del Trabajo de Eduardo Frei Montalva y por entonces rector de la Universidad Austral, William Thayer. Todavía estaba fresca en la memoria la matanza de El Salvador.

Fernando Krauss no alcanzó a conocer a nuestro segundo hijo, pero dejó su nombre: Fernando Ernesto. En una carta que encontré en una de las casas que le brindaron refugio después del golpe de Estado, me pedía que cuidara de "Camila y del hermanito que tanto queremos", y me aseguraba que aunque pasaran 20 años volveríamos a encontrarnos. Creo que nunca imaginó la muerte. En un papel que encontré entre sus ropas, que me fueron devueltas después del fusilamiento, el 4 de octubre de 1973, decía: "proceso va mal, 10 o 15 años reo". Su madre pudo verlo pocos instantes antes de su muerte. Con las manos atadas a la espalda y la mandíbula desencajada por los golpes, lloró junto a ella y le aseguró que él era un hombre bueno.

Estas notas fueron escritas en ocasión de la lápida que construyó el Codepu de Valdivia para los compañeros ejecutados a raíz de los sucesos de Neltume en octubre de 1973.

En esa ocasión Camila, Fernando y yo decidimos poner en su lápida esta leyenda: "Fernando Krauss se madrugó la vida y en sólo 24 años esparció tanto amor, que siempre nos quedas...". _______________________





Sobre el Pelao Krauss


A Fernando lo conocí en mi casa junto a Juan Carlos De Borgie y mi hermano (desaparecido), cuando eran dirigentes de la Juventud Socialista del liceo. El me regalaba esos calendarios de Radio Habana que en la contratapa tenían fotos de revolucionarios de todo el mundo, que existían por aquel entonces y comenzaba por el Ché, Camilo Cienfuegos, etc.. Y ya estaban pensando en emigrar al MIR.

Era un líder carismático y enérgico, capaz de acaudillar y politizar a esos centenares de secundarios inquietos de nuestro liceo, desde donde mirábamos con admiración a los estudiantes de la U. de Concepción y sus gigantescas asambleas en la Casa del Deporte.

Siendo niños aún, nos condujo a conocer a nuestros grandes líderes locales, como Luciano, a Miguel, al Bauchi, al Trosko Fuentes, a Nelson Gutierrez, Martín Hernández y tantos otros que tenían revolucionada nuestra vida local.

Si mal no recuerdo, a los hermanos chicos del mirismo universitario nos daban clases sobre Cuba, la revolución y otros temas, en un subterráneo de la FEC y después nos mandaban con propaganda a repartirla en las poblaciones penquistas.

En ese tiempo, al llegar del liceo a mi casa, me percataba que la pieza de mi hermano estaba cerrada y después de horas, al abrir la puerta salía una densa nube de humo de cigarrillo y detrás emergían alguna de estas figuras y entre ellas el Pelao, todos muy serios, tratando probablemente los grandes dilemas del mundo o la ruptura con el PS, en una época en que el capitalismo parecía caerse a pedazos.

Como vivía muy cerca de mi casa, tuve la oportunidad muchas veces de preguntarle temas que a mí, como niño, me parecían descubrimientos super importantes como la miseria pero con represión, en otras partes del mundo. Como cuando mi hermano me regaló un libro que me marcó: "Los Condenados de la Tierra". En fin.

Una vez ví una película que creo que se llamaba "mis queridos compañeros", que se hizo en Chile y se terminó después del golpe en Venezuela y que nunca más he podido saber de ella. Era la historia de un mirista que después de unos problemas de tomas de terrenos en Concepción, creo, emigra a Santiago y se involucra en acciones directas. De hecho este precario film se ve interrumpido con la vida real y primero se muestra una marcha de actores con motivo del intento del 29 de junio y posteriormente se cierra en el exilio. Como buen penquista, me sentí muy interpretado por esa trayectoria simbólica de nuestra historia como partido.

Mechon -R

      


Los días 3 y 4 de octubre de 1973, fueron ejecutados en cumplimiento de una sentencia del Consejo de Guerra de Valdivia, las siguientes personas, en su mayoría militantes del MIR MCR (Movimiento Campesino Revolucionario), todos acusados de asaltar el Retén de Carabineros de Neltume el día 12 de septiembre de 1973: Pedro Purísimo BARRIA ORDOÑEZ, 22 años, estudiante; José René BARRIENTOS WARNER, 29 años, estudiante de Filosofía, músico de la Orquesta de Cámara de la Universidad Austral; Sergio Jaime BRAVO AGUILERA, 21 años, obrero maderero; Santiago Segundo GARCIA MORALES, 26 años, obrero maderero; Luis Enrique del Carmen GUZMAN SOTO, 21 años, obrero maderero; Fernando KRAUSS ITURRA, 24 años, estudiante universitario, Secretario Regional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR); José Gregorio LIENDO VERA, 28 años, ex estudiante de agronomía, militante del MIR y líder del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) del Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, también conocido como "Comandante Pepe"; Luis Hernán PEZO JARA, 29 años, obrero maderero, Víctor Eugenio RUDOLF REYES, 32 años, obrero maderero; Rudemir SAAVEDRA BAHAMONDES, obrero maderero; Víctor Segundo SAAVEDRA MUÑOZ, 19 años, obrero maderero; y Luis Mario VALENZUELA FERRADA, 20 años, obrero maderero.

Múltiples versiones de prensa de la época hacen referencia a la tramitación de este Consejo de Guerra. Una comunicación oficial de sus ejecuciones señala que se les habría acusado de varios delitos, entre ellos, el asalto al Retén de Neltume.

La Comisión no pudo tener acceso a ninguna pieza del proceso, a pesar de haber sido solicitadas a las autoridades militares correspondientes, sin perjuicio de lo cual pudo llegar a la convicción que los ejecutados fueron víctimas de violación de derechos humanos cometida por agentes del Estado. Sustenta esa convicción los antecedentes comunes a todos los juicios de guerra del período expuestos en la parte general del Informe, y las siguientes consideraciones específicas:

No se ha podido determinar si las víctimas tuvieron algún tipo de asistencia legal, aunque es un hecho cierto que los familiares nunca supieron de la existencia de un abogado; En cuanto a la tramitación misma, se ignora si se cumplió con el procedimiento legal, dado que no se tuvo acceso a la causa; Los malos tratos recibidos por los prisioneros invalidan cualquier confesión que éstos hubieren podido prestar en el eventual juicio, en cuanto privan de libertad y voluntariedad a sus declaraciones; La irregularidad que significa el que la sentencia de muerte, se haya cumplido de un modo distinto para José Gregorio Liendo Vera, quien fue fusilado el día 3 de octubre de 1973, y para el resto de los condenados, que lo fueron el día 4 de octubre de 1973, tratándose de un solo proceso, con una misma sentencia para todos los condenados, todo ello en desconocimiento de las autoridades militares vinculadas al proceso; Se aplicó a los reos un procedimiento y una penalidad de tiempo de guerra, que a la época del ataque del que se les acusó, el 12 de septiembre de 1973, no se encontraba decretado en el país, que lo fue por el DL Nº 5, publicado el 22 de ese mes.


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