Un último grito de triunfo y de amor
Para Luis Durán Rivas
Por Lucía Sepúlveda

CONOZCA:
Homenaje a los 119






Al entrar a la sala de Posgrado de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, un nombre y una fecha interpelan desde una placa: “Luis Eduardo Durán Rivas, desaparecido el 14 de septiembre de 1974”. Es el homenaje de colegas de su generación a quien fuera hasta el golpe militar, dirigente del Centro de Alumnos de esa escuela, detenido en Santiago por la DINA a los 29 años, mientras trabajaba en una de las primeras agencias clandestinas de noticias al exterior. En el campo de prisioneros escribió un poema a la mujer que amaba:

“Algún día, tal vez
en cualquier calle o en alguna celda,
con mi espalda ardiendo
contra una muralla fría,
yo muera...
Mi pueblo te agradecerá
el amor que has hecho renacer en mí...
Sé feliz y recuérdame,
en silencio te he amado
y mi último grito que sea de triunfo y de amor”.

Ese mismo día, con idéntica falta de testigos, fueron también arrestados sus amigos Sergio Lagos y José Jara, vinculados al MIR, que formaban parte de esa red clandestina de informaciones, y también eran vendedores de la empresa “Millaray Libros”. Todos ellos concebían la lucha de resistencia como un acto unitario, ya que el sectarismo era ajeno a su práctica política. Durante el gobierno de la Unidad Popular, como militantes del MAPU, ellos habían sido redactores de la revista semanal “Chilenuevo”, del Ministerio de Economía, dirigida a los trabajadores del área de propiedad social.

La dictadura encubrió la desaparición del periodista incorporando su nombre, así como los de Sergio Lagos y José Jara, en una lista de 119 chilenos muertos en Argentina. Se trataba de un montaje publicitario en el marco de la Operación Cóndor, que contó con la colaboración de los servicios de seguridad del Cono Sur.

Eternamente juvenil
Luis Durán fue el mayor de cuatro hermanos de una familia sureña de clase media. Se había venido a Santiago luego de iniciar estudios de Medicina en Concepción, donde le llamaban “Mechón” por su aspecto eternamente juvenil, su rostro delgado y sonriente. Llegó en 1969 a Periodismo, donde participó activamente en la reforma universitaria, ganándose el respeto y cariño de sus compañeros. Camilo Taufic, entonces profesor de la Escuela de Periodismo ubicada en la calle Los Aromos, detrás del Pedagógico, lo evoca como “muy buen alumno y muy modesto, muy cálido...Lleno de sueños e ideales, tenía algo de iluminado. Lo recuerdo vistiendo su abrigo sobre el suéter, sin chaqueta debajo...”

Allí vivió Luis sucesos como la invasión de Checoeslovaquia por las fuerzas del Pacto de Varsovia, lo que motivó su renuncia a las Juventudes Comunistas, en protesta contra el estalinismo y el dogmatismo. Tras el triunfo de la Unidad Popular, desde las filas del MAPU trabajó en la “Operación Saltamontes” un programa de educación popular de la oficina de Desarrollo Social del gobierno de Salvador Allende. A fines de 1971 integró el consejo de redacción de “Chile Nuevo”, convirtiéndose en un cronista de la construcción del nuevo orden económico.

De la generación del Ché y los Beatles
Formó parte de un entrañable grupo de amigos, a través de quienes ha sido posible conocer algo más del joven periodista comprometido con las exigencias de su época, amante de la música, la literatura y las amanecidas en el restorán El Bosco de la Alameda, legendario lugar de encuentro de la intelectualidad santiaguina. De él dice Gustavo González, director de la Agencia IPS: “Lucho fue un revolucionario en el buen sentido de la palabra y como tal, un amante apasionado de la vida. Era de la generación del Ché pero también de Woodstock y Los Beatles. Lo recuerdo cargando sus discos de Carole King, Janis Joplin, Simon y Garfunkel y Santana, sus volúmenes de Julio Cortázar, Carpentier o García Márquez junto a los textos de Marcuse, Sartre o José Carlos Mariátegui. Era un gran poeta, con una capacidad creativa que recién conocemos gracias a los escritos que se logró rescatar. ”

Humor y horror
Sus poemas los recopiló Guillermo Montecinos, otro de sus amigos, fallecido en 1990 por secuelas de un balazo sufrido en años de la represión. El humor y la premonición se descubren allí:

“Oye, Ché,
cuando dormías en tu hamaca allí en la selva,
¡pensabas sólo en la guerra, en tu guerra mundial?
¿Pensabas en tu mujer,
soñabas con estar un día con ella y amarla,
reposar tus cabellos legendarios en un pecho suave y tibio?”

En 1970 Luis ya escribía su “Poema 13”:


“Canta que te están matando
canta que ya te mueres,
canción de agonía, canción triste,
canta que te escuchan todavía
, grita, llora y gime después/ bajo dos metros de tierra, pero
ahora canta, canta que ya te rompen,
que ya te sacan las uñas, los ojos, la lengua
, que ya te queman la piel, las manos y los pies,
canta que te matan el sexo
canta que ya te devoran las entrañas/ canta que ya te vienen a enterrar.
Sopla, suda y resopla
tu garganta aún tiene aire;
canta, canta, muere cantando,
hasta que te sequen la boca
con terrón de tierra agusanado...”.

Los testigos
Miguel Pedro Anglés Chateau, sobreviviente, aportó pruebas de la detención de Luis Durán, ya que fue secuestrado dos días después que él y pudo verlo en esa calidad al ser introducido en una camioneta Chevrolet estacionada frente a su lugar de trabajo, la zapatería “Murillo” del barrio Puente. El testigo declaró además que entre el 16 y 19 de septiembre ambos fueron careados y torturados en el centro de detención de José Domingo Cañas con República de Israel, junto a un tercer detenido, Patricio Vergara y luego fueron trasladados a Cuatro Alamos. La última vez que Anglés vio al profesional fue entre el 2 y el 4 de octubre de 1974, con evidentes huellas de salvajes torturas.

Miguel Baeza Chaud, otro sobreviviente, declaró que había compartido la misma celda de incomunicados en Cuatro Alamos con Luis Durán, entre los días 19 y 24 de septiembre de 1974, fecha en que ingresaron al calabozo un grupo de hombres, que señalaron a Luis que se preparara, pues saldría en libertad. Desde entonces se pierde su rastro.

La búsqueda
En respuesta una denuncia por presunta desgracia o secuestro, el 18 de diciembre de 1974, la madre de Luis, Irene Rivas Castro, y su hermana Ruth, ingresaron al departamento 903 del Pasaje Matte N° 956, en compañía del detective Raúl Riveros Rioseco, por orden del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, que sustanciaba el proceso. El lugar evidenciaba la realización de un violento allanamiento, con muebles en completo desorden, camas desarmadas y rotas, objetos de valor desaparecidos, y libros y documentos esparcidos, formando una verdadera montaña. Asimismo, se notaba que hacía meses que nadie ingresaba a la morada, y que la puerta trasera había sido forzada. La causa fue sobreseída temporalmente en 1975, resolución que confirmó la Corte Suprema el mismo año.

Durante su búsqueda, el cuñado de Luis fue secuestrado por la DINA. Después de lograr liberarlo, la familia Durán partió al exilio. Su madre y hermanos todavía residen en Bélgica y Suecia.

      

Luis Eduardo Durán Rivas, estudiante de Periodismo de la Universidad de Chile, militante del MAPU, fue detenido en las siguientes circunstancias: Durante la mañana del día 14 de septiembre de 1974, probablemente en los momentos en que la víctima se aprestaba a salir de su domicilio en dirección a su trabajo (su maletín con libros no fue encontrado en su departamento, cuando a raíz de una investigación judicial se ingresó a él, tiempo después), fue detenido por agentes de civil pertenecientes a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), los que no portaban orden de detención alguna, y conducido a un lugar desconocido.

Aunque no existen testigos presenciales de la detención del afectado, su certeza y la responsabilidad que le cabe al organismo mencionado (DINA), se afirma en acontecimientos posteriores.

En efecto, el 16 de septiembre de 1974, siendo aproximadamente las 21:00 hrs., en la intersección de las calles Puente con Santo Domingo, fue detenido Miguel Pedro Anglés Chateau, por un grupo de agentes vestidos de civil, que se movilizaban en una camioneta Marca Chevrolet, dentro de la cual se encontraba, en calidad de detenido, Luis Durán Rivas. El vehículo señalado fue estacionado en la calle Puente con Rosas, donde se ubicaba la zapatería "Murillo", lugar de trabajo de Anglés Chateau, y en su interior fue introducido este último luego de su aprehensión, constatando que el afectado había corrido igual suerte. Tiempo después Miguel Anglés Chateau, encontrándose en el Campo de Prisioneros de Tres Alamos, en libre plática, relataría que fue conducido, junto a Luis Durán, hasta el centro secreto de detención y tortura a cargo de la DINA, ubicado en la Comuna de Ñuñoa, en la calle José Domingo Cañas con República de Israel, lugar en el que fueron interrogados, siendo sometidos a un careo, y observando cómo el afectado era torturado en su presencia. Agregó que compartió la misma celda entre los días 16 y 19 de septiembre de 1974 con Luis Durán y otro detenido llamado Patricio Vergara, quien había sido también violentamente torturado y del que se pierde todo rastro hasta hoy. El 19 de septiembre del año indicado, los tres fueron trasladados hasta el pabellón de incomunicados del recinto, denominado Cuatro Alamos, siendo entonces separados. La última vez que el testigo vio al afectado ocurrió entre el 2 y 4 de octubre de 1974, mientras Luis Durán era llevado por personal de Cuatro Alamos, en un estado físico tan deplorable que no podía sostenerse en pie por sus propios medios.

Asimismo, con preocupación señalaría el testigo, que desde su primer encuentro con el afectado, constató que se encontraba en muy mal estado, presentando muestras de haber sido sometido a salvajes torturas físicas y sicológicas. Esta situación era aún más grave ya que Luis Durán se encontraba, el momento de su detención, sometido a tratamiento médico, pues padecía de úlcera gástrica, gastritis y colón irritable. Otro testigo, Miguel Baeza Chaud, mientras permanecía recluido en Tres Alamos, en libre plática, relató que había compartido la misma celda de incomunicados en Cuatro Alamos con Luis Durán, entre los días 19 y 24 de septiembre de 1974, fecha esta última en que ingresaron al calabozo un grupo de hombres, quienes dirigiéndose al afectado le señalaron que se preparara, pues saldría en libertad. Ingenuamente, el testigo creyó que así sería, sólo al recuperar su libertad se enteró del desaparecimiento del afectado y de la angustia de sus familiares.

El 18 de diciembre de 1974, la madre del afectado, Irene Rivas Castro, y su hermana Ruth Durán Rivas, ingresaron a su departamento del Pasaje Matte, en compañía del detective Raúl Riveros Rioseco, quien estaba encargado de gestionar una orden de investigar emanada del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, que sustanció un proceso por secuestro o presunta desgracia. En esta visita, constataron personalmente que el lugar evidenciaba la realización de un violento allanamiento. Los muebles se encontraban en completo desorden, las camas desarmadas y rotas, algunos objetos de valor habían desaparecido, libros y documentos estaban esparcidos y formando una verdadera montaña. Asimismo, se notaba que hacía meses que nadie ingresaba a la morada, y que la puerta trasera que daba al tejado del edificio había sido forzada. Finalmente, cabe señalar que el nombre del afectado figura en una lista de 119 personas presuntamente muertas en el desarrollo de acciones guerrilleras en la República Argentina, y publicada en la Revista LEA de Buenos Aires y en el diario O'DIA de la ciudad de Curitiba, Brasil. Tres periódicos chilenos reprodujeron estas informaciones, El Mercurio, La Segunda y Las Ultimas Noticias, de fechas 23, 24 y 25 de julio de 1975, respectivamente.

Las publicaciones de LEA y O'DIA aparecieron por única vez, sin editor responsable ni pie de imprenta. Consultado sobre el particular el Ministerio de Relaciones de Chile, informó al Magistrado del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, que no existía antecedente oficial alguno que permitiera establecer que efectivamente las personas mencionadas hayan fallecido en el extranjero o hayan hecho abandono del país. Los 119 nombres correspondían a personas detenidas por los servicios de seguridad y que habían desaparecido a partir de la detención.


Si sabe algo más sobre el o los compañeros cuya historia leyó, compártela con un e-mail para que así todos podamos conocerlo.
Si sabe algo sobre cualquier otro compañero desaparecido o asesinado por la dictadura, compártalo también con nosotros, eso ayudará a que jamás los olvidemos.


Sitio creado por
ULTIMOS TRANVIAS
© 1999 - © 2000 - © 2001 - © 2002
© 2003 - © 2004 - © 2005 - © 2006. ESCRÍBANOS