___ LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR

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MATAR UN RUISEÑOR
"Matar un ruiseñor pertenece al libro "Un lápiz de pasta marca Bic y otras historias subterráneas", Martín Faunes Amigo, Cuarto Propio 2013"
CONOZCA TAMBIÉN: Página de diario de 1964
“Sería como matar a un ruiseñor”
H. Lee: To kill a mockingbird.

Para María Cristina López Stewart

CAMINÉ OTRA VEZ POR LA vereda de otoño, la misma que recorrí en esa primavera antigua que para nosotros resultara tan cruel.

Esta vez iba a encontrarme con unos amigos con quienes armaríamos un cuento que nos ayudaría a ganarnos la existencia, en esa otra, en la de la primavera que hoy recuerdo, me era necesario apurar el paso porque tenía que encontrarme con una compañera, aunque solo cruzaría frente a ella simulando no conocerla. Hablo de una muchacha que admiré siempre por su entrega y por su tremendo coraje, y que esa vez la tendría solo que rozar de manera disimulada para recibir de ella un paquete de esos que llamábamos “barretín”. Distinto al día de hoy en que solo debía llegar a la hora convenida y si me atrasaba unos minutos nada iba a pasar.

En esa otra vez, de atrasarme María Cristina pasaría sin encontrarse conmigo y se iba a angustiar inútilmente, además nosotros nos quedaríamos sin el barretín que nos habían preparado con lo que se esperaba que hiciéramos durante los siguientes días.

Como hoy no tenía esa premura quise caminar desde Providencia a paso muy lento para así disfrutar con la vista de los jardines y las fachadas magníficas de esas casas que conservan todavía la elegancia del que fue barrio de pudientes.

Y como ese era un barrio de pudientes donde nada se sabía de pobreza, en aquella otra vez lejana mi compañera había planchado una camisa blanca para mí y me había escogido también la corbata que hiciera mejor juego con la chaqueta azul oscuro de paño y unos pantalones grises que ella misma se había preocupado de comprarme previendo que vestirnos bien pronto iba a ser indispensable.

Pero hoy no. Hoy iba con chaleco y bufanda y unos bototos que en nada se parecían a los zapatos de gamuza que esa vez tuve que ponerme y que tendría que llevar cada vez que tuviera que ir a la calle Santa Beatriz para encontrarme así como de casualidad con María Cristina, la del barretín con nuestro quehacer y con algunos billetes con que sobreviviríamos por otros siete días.

Y claro, esa vez no pude detenerme a mirar las fachadas elegantes con ventanas y puertas de vitrales, ni tampoco los rosales ni las azaleas que en esos jardines competían en belleza por fea y gris que fuera la primavera de que hablo.

Hoy otoño, ayer primavera. Hoy otoño sin lluvia, ayer primavera de días sin sol. Todo cambió cuando la divisé a lo lejos, su cabello relampagueaba. Parece que fue ayer: ella venía así como yo, caracterizada como habitante de ese barrio de familias elegantes. Claro que María Cristina con su belleza se la veía aún más elegante que todas esas personas que vivían en Santa Beatriz, barrio de Providencia. Es que su elegancia era apenas accesorio de la belleza intrínseca que ella poseía que es la que emerge de los corazones nobles, de los corazones solidarios.

Hoy ese barrio no es como el que era, aún hay belleza, cierto, además en mi cabeza intento verlo tan bello como cuando María Cristina me pasó disimulada el encargo y me sonrió. No debió sonreírme, no estaba en el protocolo, no obstante me sonrió y yo no pude contenerme para no contestar a su sonrisa. Le sonreí entonces y continué mi camino hacia la Costanera simulando ser el elegante que no era y aunque tampoco debía, tras unos cuantos pasos me di vuelta para verla perderse hacia Providencia con esa imagen de muchacha dulce que se me quedó grabada en algún lugar del corazón o en un rincón de mi mente.

Esa vez, concentrado de nuevo en mi camino, guardé el barretín en el forro de la chaqueta mientras pensaba que ese ruiseñor que ella era no estaba para los trinos que todos le conocíamos, pero vendrían días mejores, estaba seguro. Apuré el paso para llegar antes de que cayera la noche donde mi compañera me esperaba y donde vendrían después los compañeros a enterarse del quehacer. Además no debía demorarme porque las noches de esa primavera que describo y que resultara tan cruel se llenaban de alimañas.

Lo demás es algo que ya saben así que no veo para qué tendría que decirlo: volví a la calle Santa Beatriz caminando desde Providencia así elegante como en las semanas anteriores pero María Cristina López Stewart no apareció ni aparecería tampoco. Solo dejó para mí la imagen con que alguna vez adornó esa calle de Providencia que hoy recorro triste pero sin prisa. Habían asesinado a un ruiseñor.

MARTÍN FAUNES AMIGO

María Cristina López Stewart, ex alumna del Liceo 7 de Providencia y estudiante de Historia del Pedagógico de la Universidad de Chile, tenía 21 años cuando fue detenida en septiembre de 1974 en el marco de una ofensiva de la DINA para desbaratar el trabajo que el MIR realizaba en el campo de la inteligencia y las telecomunicaciones. La joven estudiante de apenas 1,60 de estatura, dirigía el trabajo de esa estructura especializada y resistió la tortura de los esbirros de la DINA en la casa de José Domingo Cañas protegiendo a sus compañeros y a la red conformada para desarrollar la tarea considerada de importancia estratégica por esa organización política. Aun cuando el resto de la unidad estaba integrada por profesionales de la ingeniería, María Cristina “la Chica”, había sabido ganarse su respeto y admiración. Luego de ser detenida la tarea fue encabezada por Alejandro de la Barra Villarroel, ejecutado ese mismo año por la DINA junto a su compañera la cientista política, profesora y actriz Ana María Puga Rojas (Lucía Sepúlveda, Memoria MIR). Si usted sabe algo más sobre ella, compártalo con nosotros con un e-mail a martin@lashistoriasquepodemoscontar.cl Si sabe algo sobre cualquier desaparecido o asesinado por la dictadura, escríbanos también, eso nos ayudará para siempre recordarlos.


LAS PALABRAS DE SU MADRE

María Cristina, sólo un nombre para muchos, pero, lleno de hermoso contenido, para quienes la conocieron, mi hija menor, con mucho de niña aún, de largos cabellos rubios lacios, eterna sonrisa en los labios y unos dulcísimos ojos castaños.

Fue posiblemente al despertar a la adolescencia donde se marcó en forma definitiva las metas ideales de su vida; como otras adolescentes sueñan con vestidos, fiestas y cosas por el estilo, en ella, de frágil apariencia, este sueño adquiere formas más intensas, más profundas, más universales; así su amor se dirige a todo ser humano desvalido y su ardorosa lucha va encaminada en contra de la pobreza y hacia la búsqueda de una igualdad entre los hombres.

Ya en el liceo comienza a revelarse contra la desigualdad que ve entre sus compañeras y busca la sencillez en su vestimenta como una manera de acercarse a aquellas que materialmente tuvieran menos, (por ejemplo, al llegar a la graduación en el liceo, pidió poder hacerlo con uniforme y no con vestido blanco, que ella consideró como un gasto inútil); no obtuvo permiso y no asistió a la graduación, retirando su diploma posteriormente.

Su vida se vuelve más intensa al ingresar a la universidad para estudiar Historia y Geografía, pues no sólo el estudio le preocupa, sino en mayor importancia sus inquietudes están en el trabajo, en las poblaciones, que se traduce en un constante aprender de las situaciones más difíciles de la vida.

Para Mari, como le decíamos nosotros, no existe entonces un horario, ni domingos ni festivos; parece ser que siente que cada minuto de su existencia es más importante entregado a los demás que dedicado a sí misma, y así va dejando su desbordante alegría y esperanza en hogares más humildes, mientras va aprendiendo la sabiduría de la vida que muchos no llegan jamás a comprender.

De María Cristina puedo decir muchas cosas más; pero quizás todo se puede resumir en lo que alguien dijo: "hay dos maneras de concebir el mundo, una, de salvarse sola y la otra esperar hasta el último náufrago. No dormir esta noche si hay un niño en la calle". María Cristina eligió este último camino. ¿Dónde estará?

Mi hija-militante del MIR- fue detenida por efectivos de la DINA comandados por Osvaldo Romo Mena, el 22 de septiembre de 1974, en el domicilio de doña Rosalía Martínez Cereceda, ubicado en calle Alonso de Camargo 1107. Desde ese lugar fueron conducidos: María Cristina, Rosalía y su esposo al recinto de detención de José Domingo Cañas.

El día 5 de octubre de 1974, Rosalía M. fue trasladada al pabellón de incomúnicados de Tres Alamos y su esposo el 30 de octubre del mismo año, fechas en que vieron a mi hija por última vez. De lo ocurrido a María Cristina no nos enteramos hasta un mes después de su detención, por una llamada anónima primero y luego por un llamado de mi hija el día de su cumpleaños -2 de noviembre de 1974-, en esa oportunidad conversó con su padre y conmigo, diciéndonos que se encontraba bien, pero que no podía indicar el lugar donde se encontraba detenida. Estos hechos y los testimonios entregados por personas que estuvieron con mi hija, prueban la responsabilidad de los organismos de seguridad del régimen en la detención y desaparecimiento de ella y su estadía en el centro de reclusión secreta de José Dgo. Cañas. Así lo han testificado:

Edmundo Lebrecht -actor- detenido la noche del 30 de septiembre de 1974 por la DINA, fue conducido al recinto de José Dgo. Cañas, permaneciendo allí hasta el 3 de noviembre del 74, donde vio y habló con mi hija.

Marta Caballero Santa Cruz declaró: "Durante mi período de reclusión en José Dgo. Cañas, entre los días 4 y 10 de octubre de 1974 -vi a la Srta. M. Cristina López".

Cecilia Jarpa Zúñiga, declaró bajo juramento que: "Efectivamente estuve arrestada en dos oportunidades durante el año 74 junto a María Cristina en el centro de tortura de José Dgo. Cañas, la primera correspondió al período entre el 5 y el 21 de octubre, período durante el cual conviví con ella, dormíamos juntas y conversábamos las veces que los guardias no nos vigilaban. Dejé de verla el 21 cuando fui trasladada al Campamento "Cuatro Alamos". Con fecha 4 de noviembre volví a José Dgo. Cañas y nuevamente me encontré con M. Cristina. Junto a ella permanecí hasta el 7 de noviembre, fecha en que fui trasladada a "Cuatro Alamos". A pesar de las pruebas que otorgan todos estos testimonios, las autoridades de gobierno se han negado a reconocer su detención, llegando aún más lejos al intentar acallar el clamor que surgía en torno a los detenidos desaparecidos, blanqueando su imagen, eludiendo su responsabilidad al montar la internaciónalmente conocida maniobra de la lista de los 119; dos publicaciones aparecidas los días 22 y 24 de julio de 1975: Semanario LEA en Buenos Aires y O'DIA de Brasil en cuyas nóminas aparece mencionada María Cristina. Denunciamos esto y todos los intentos por detener nuestra lucha.

Recorrimos y golpeamos todas las puertas donde podían y debían darnos una respuesta sin resultados hasta hoy. ¿Dónde estará?

Recuerdo las visitas a Cuatro Alamos, dos veces por semana, siempre estábamos allí, mi hija Patricia y yo, con sol o con lluvia, siempre con la esperanza de que alguna vez apareciera y pudiéramos hablar con ella, entregarle cosas que le hicieran falta. Una vez pudimos entrar al lugar de visita de los detenidos en Tres Alamos, nos apuramos para guardar un lugar en la larga banca, esperábamos que ella acudiera a la visita, ya que habíamos entregado su nombre a la entrada, pero pasó el tiempo si que ella apareciera, al fin preguntamos a un guardia quien de malas maneras nos dijo que se había equivocado, y que no había allí nadie de ese nombre. Salimos más tristes que nunca y también con rabia, viendo cómo se reían de nuestra pena, sin otro aliciente que esperar hasta la próxima visita.

Cuántas veces hicimos colas en SENDET, esperando una respuesta porque en todos lados donde uno preguntaba le decían "vaya a SENDET, allí le van a decir donde está". Eso era una burla. Muchas veces esta situación me ha deprimido hasta el punto de ver casi esfumarse la esperanza de encontrarla, sobre todo cuando salieron las listas de los 119, pero nosotros sabíamos que estaban detenidos aquí; fue un sentimiento muy difícil de explicar y de aceptar. ¿Dónde está?

Entre las compañeras de la Agrupación he encontrado amigas para toda la vida, nos ha unido nuestro dolor y nos hemos fortalecido en la lucha por nuestros seres queridos, aportando cada uno según sus posibilidades. A ellas y a la Vicaría de la Solidaridad les estaré eternamente agradecida.


EL AUTOR
Escritor, gestor cultural y editor.  Es autor de la novela “Viajera de los nombres supuestos” y de los libros de cuentos “Tranvía equivocado” y “Cuentos para leer y sonreír”. Faunes es además coautor de los libros de historias de vida, cuentos y ensayos “Fantasmas en la red”, “Ráfagas de versos y bytes”, “Las historias que podemos contar, volumen I”, “Diferentes Miradas: Las historias que podemos contar, volumen II”, “Aulas que permanecerán vacías: Las historias que podemos contar, volumen III”, “Una experiencia para no olvidar: Casa de tortura de José Domingo Cañas” y “Chile: Historias que debemos contar”. Martín Faunes es también coautor del libro de guiones de cine “Lo duro y lo hermoso al final del Siglo XX”, patrocinado por la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica y ha sido incluido en las revistas y antologías más diversas como, LOM, Mosquito, Ergo Sum, Simplemente Editores,  Alfaguara y la italiana Feltrinelli.




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