Una golondrina tras la alambrada
Para Carlos Carrasco Matus, «Mauro»
Viviana Sepúlveda Pino


“Golondrina, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria”
“El Príncipe Feliz”, Oscar Wilde.


-¿Qué haces sobre esta alambrada, hermano golondrina? -Vengo a ver a los humanos que tienen aquí donde el sol no parece nunca entrar, y trato de entender lo que les pasa, hermano gorrión. Además quiero saber por qué no los dejan que se vayan. -Tienes razón, golondrina, a los pobres se les ven los rostros desgastados.

-Vengo en especial por ella. ¿La ves? Siempre se sienta bajo ese árbol y se acaricia el vientre como si en él guardara un tesoro. Un día se fijó en mí y me dijo: “golondrina quién tuviera alas como tú para poder volar lejos”. Cuando la veo, algo se me aprieta en la garganta. Quisiera ayudarla a salir, pero como no puedo, me conformo revoloteando y cantando cerca de ella; a veces hasta la he hecho sonreír. -Te comprendo hermanito, pero ése no es tu mundo, no te corresponde; mejor te preparas, ya están cayendo las hojas, tú eres golondrina y tendrás que emigrar. -¿Emigrar...? No voy a partir dejándola. Iré a hablar con la Suprema para planteárselo.

-¿Qué te trae por aquí hijo? –quiso saber la pájara anciana cuando lo vio llegar junto al inmenso ombú donde ella vivía. Y José, así se llamaba la golondrina, no se anduvo con rodeos: -me he encariñado con una humana que parece muy infeliz y quisiera saber qué puedo hacer para ayudarla.

-¡Ah, mi pequeño!, siempre has tenido un corazón grande. Sé de quién hablas, pero te adelanto que sólo en ocasiones excepcionales podemos interferir en las corrientes de vidas humanas. José, pensando que la Suprema quería desanimarlo, agregó con vehemencia: -esa mujer se encuentra maltratada.

Contrario a lo que José creía, sin embargo, la Suprema pareció seguirle la idea: -ella no sufre sola -le dijo -¿te has fijado en su vientre?, adentro cobija otra vida, o un polluelo como lo llamamos nosotros.

Todo esto puso a José golondrina aún más triste, pero sin que tuviera que preguntarlo, la pájara sabia le quiso responder lo que a él en su cabeza todavía lo atormentaba: -Si quieres saber por qué son así de crueles con ella los humanos, te contaré que es porque algunos de ellos han olvidando que si las especies vivimos agrupadas es para ayudarnos y respetarnos, y todo eso con amor. Al amor hay que cultivarlo día tras día.

José golondrina respondió más para él mismo que para la Suprema: -Y si ella está en manos de personas que no tienen conciencia, con mayor razón quiero ayudarla, ¡haré cualquier cosa por ello! La respuesta de la Suprema fue terminante: -sólo existe una alternativa para cumplir tu propósito José, pero es una decisión drástica. Un trueque. Tu vida por la de ella. La vida es un don maravilloso que no puede despreciarse, pero si deseas ofrendarla en beneficio de otros, significa que has llegado al grado máximo del amor y ya no perteneces a este mundo.

José la escuchó perplejo y se marchó volando de regreso a la alambrada, mientras la voz de la Suprema le decía en su canto: “Piénsalo bien hijo mío, y cuando tengas tu resolución, yo lo sabré y sabré cómo consumar ese acto sagrado. Pero sea cual sea tu decisión, estaré orgullosa de ti”.

Pasaron días y semanas y José golondrina se fue quedando solo, . todos habían partido al norte, al sol, a la vida. Pero él, que sólo volaba una y otra vez hasta esos feos alambres de garras espinosas, un día notó que la joven estaba muy maltratada y revoloteó cantando delante de ella para animarla. Fue en ese momento en que empezó a acercarse a grandes pasos, una mujer gris de apariencia gigante, que le ordenó con un gruñido que se levantara. La joven aterrada, se puso de pie para arrinconarse en el muro. -¡No, de nuevo! –gritó -¡no vayan a matar a mi bebé! La mujer gigante de cabellos desteñidos y lacios, la tironeó pero la joven se resistía. José golondrina se lanzó en picada para revolotear amenazadora alrededor de la gigante. La mujerona trató de evadirla, pero como por la tremenda convicción de la alada vengadora, no pudo hacerlo, sacó un arma del cinto y le disparó uno, diez, veinte balazos. Alcanzado por uno de ellos, José golondrina cayó herido de muerte, ya no volaría ni tampoco cantaría.

-¡Perra estúpida!, te vengo a buscar para que te vayas. Te perdonan, no sé por qué te perdonan, pero te perdonan. ¡Muévete!

-¡Suerte compañera, tendrás a tu hijo en libertad! Le gritó otra prisionera, y la joven que liberaban trató de contestarle dando gracias; pero la mujerona desteñida la hizo callar con las mismas palabras groseras con que obligó a la que se quedaba a traer pala y escoba para echar al buen pájaro a la basura.

Así, mientras la mujer del vientre abultado atravesaba las alambradas, José golondrina cerraba sus ojos en paz.


Desde la Villa Grimaldi, salió para siempre "Mauro", un guardia que vigilaba a los prisioneros con actitud humanitaria. "Mauro", que resultó ser Carlos Carrasco Matus, fue hecho desaparecer por sus propios compañeros de armas, quienes consideraron su humanidad una traición.

Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante del MAPU, en 1973 le correspondió cumplir con el servicio militar obligatorio, ingresando como conscripto en el Regimiento de Infantería Buin, participando en la acción militar realizada en contra de la sublevación de miembros del Regimiento Tacna, que se habían alzado en contra del gobierno de la Unidad Popular. Debido a sus buenos antecedentes militares, fue incorporado al servicio militar regular alcanzando el grado de Cabo Segundo del Ejército de Chile y fue incorporado a la DINA, desempeñándose como guardia en el campo de prisioneros Tres Alamos, en Santiago.

El 14 de marzo de 1975 a las 13:30 horas, mientras hacía uso de sus vacaciones, fue detenido en su casa por dos agentes, quienes se identificaron como funcionarios de la DINA y se movilizaban en una camioneta blanca, marca Chevrolet, patente SJ 764. La detención fue presenciada por la madre y dos hermanos del afectado.

Al día siguiente un Oficial de la DINA, se presentó en el hogar de la familia Carrasco y solicitó la entrega del arma de servicio de Carlos. A petición del padre de éste, el Oficial se identificó como jefe directo del afectado y exhibió una credencial de la DINA con el número 8869, con el nombre de Aníbal Barrera, dejó un recibo firmado por el arma y las municiones que retiraba. En un proceso posterior este Oficial aparece con los nombres de Aníbal Barrera y de José Manzo Durán.

El 16 de marzo de 1975, el mismo Oficial comunicó a la familia que Carlos Carrasco estaba en el Campamento de Tres Alamos.

Finalmente, el 28 de marzo comunicó que Carrasco se había fugado y que cualquiera información adicional deberían consultarla en el Retén de Carabineros de La Pincoya. Al día siguiente, en ese Retén le informaron "que no había novedades", según recado de la DINA. Un amigo suyo, Luis Alejandro Fuentes Díaz, quien había sido Presidente del Centro de Alumnos del Instituto Comercial N°5, mientras Carrasco era su Vice Presidente, fue detenido el mismo día 14 de marzo de 1975 y declaró haber estado junto con él en el centro de torturas denominado Villa Grimaldi.

Luis Fuentes, que lo conoció profundamente señala en un testimonio del 5 de junio de 1990: "Fue así como me enteré de que contra su voluntad había sido reclutado para la DINA. Según Carlos él fue seleccionado, al igual que muchos otros jóvenes, en distintas dependencias militares y policiales para conformar una fuerza represiva especial. Fue llevado a un recinto especial ubicado en algún lugar de Las Rocas de Santo Domingo, lugar en el que sujetos de procedencia brasileña, argentina y norteamericana notificaron a los reclutas de las tareas que habrían de asumir en adelante. El hermetismo y la promesa de no conversar de ello ni con los más cercanos parientes se transformó en ese instante en algo de vida o muerte."

Agrega Luis Fuentes: "Es evidente que a partir de entonces comenzó para Carlos Carrasco toda una existencia inhumana". "Carlos describió distintos lugares de detención y tortura clandestina (luego conocidos por los organismos de derechos humanos) así como distintas sesiones de tortura que le tocó presenciar y otras en las que se vio obligado a participar." Más adelante señala Fuentes: "Mauro (Carlos Carrasco) se sentía mucho mejor o no se sentía tan mal como 'guardia'. Le permitía evadirse de los lugares donde se practicaban las torturas más atroces". "...En innumerables oportunidades sacó mensajes para los familiares que desconocían el paradero de los 'desaparecidos'. En muchas ocasiones regaló cigarros o porciones de comida extra a los allí recluidos." "...Laura Allende fue por ejemplo una de las tantas que aprendió a tener una consideración especial para con él, según Carlos". De acuerdo a testimonios de varios prisioneros, Carlos Carrasco constituía una excepción entre los guardias ya que siempre tuvo una actitud humanitaria y de ayuda hacia los detenidos.

Hay numerosas declaraciones de personas que permanecieron detenidas en Cuatro Alamos que recuerdan a un guardia llamaban "Mauro". Verificando las fotografías, han coincidido que "Mauro" era Carlos Carrasco Matus.

Por su parte, Ofelia Nistal Nistal, en declaración jurada ante notario del 21 de agosto de 1989, declara que pasó una noche en Cuatro Alamos, aproximadamente entre el 19 y 21 de diciembre de 1974 y atestigua: "Uno de los guardias se llamaba "Mauro", bastante amable, nos compraba cosas (tomates, galletas, etc.) era moreno, sin bigotes, peinado al lado y atrás, alto, joven de unos 25 años."

Viviana Uribe Tamblay en declaración jurada del 24 de agosto de 1989, señala que durante su detención ocurrida entre 13 de septiembre de 1974 y el 21 de marzo de 1975, estuvo en el campo de prisioneros de Cuatro Alamos, allí, "...todos los guardias eran hombres. De ellos recuerda que uno era Manzo, a quien identificó después en 'Tres Alamos', otro era el 'Mauro', flaco, alto, 23 años aproximadamente, de quien ahora la declarante sabe que es un desaparecido de apellido Carrasco Matus."

Manuel Elías Padilla en declaración Jurada de fecha 13 de octubre de 1977 atestigua que estuvo detenido en los centros de torturas de Villa Grimaldi y La Discotheque y en el campo de prisioneros de Cuatro Alamos. En este último campo de prisioneros estuvo entre el 1° y el 30 de diciembre de 1974. Allí señala que: "Había tres guardias de la DINA a cargo de los detenidos. Uno de ellos se caracterizó por el buen trato que daba a los detenidos. Era conocido por "Mauro" entre los detenidos, pero luego, al ser liberado vio una fotografía de este guardia. Se enteró así que sus apellidos son Carrasco Matus."

Beatriz Constanza Bataszew Contreras fue detenida el 12 de diciembre de 1974 y después de permanecer en un centro de torturas fue enviada al campo de prisioneros de Cuatro Alamos, el 17 de diciembre de 1974 y permaneció allí hasta el 3 de enero de 1975. En declaración jurada ante notario del 24 de julio de 1990 declara:" Había un guardia, joven, aproximadamente 23 ó 24 años, alto, pelo largo, moreno, flaco, a quien conocía como Mauro, y se portaba bien con los detenidos, les compraba cosas, como jabón, pasta de dientes, etc. de quien la declarante supo mucho tiempo después que se encuentra desaparecido y que su nombre es Carlos Carrasco Matus."

Rosa Elvira Lizama Leiva, asistente social que estuvo detenida en Villa Grimaldi y que después estuvo en Cuatro Alamos, el 28 de febrero, aproximadamente, declara ante notario el 27 de julio de 1989: "En Cuatro Alamos había un guardia que le decían 'el Mauro', alto, de cuerpo atlético, joven, más o menos 25 años, moreno, lampiño, casi no hablaba con los detenidos, pero tenía una actitud facilitadora con ellos, no ponía mayores problemas a los requerimientos de estos, pero siempre cumpliendo con los reglamentos. Al serle exhibida una foto de Carlos Carrasco Matus, lo reconoce como el agente apodado 'el Mauro', de quien la declarante ha tomado conocimiento se encuentra desaparecido."

Miguel Luis Squella, bajo juramento, en declaración ante notario, declaró el 6 de diciembre de 1979, al atestiguar sobre su detención ocurrida el 2 de noviembre de 1974 y que se mantuvo hasta el 9 de enero de 1975, registra lo siguiente: "Recuerda el declarante los apodos de varios guardianes de 'Cuatro Alamos'. Uno de ellos respondía al apodo de 'Mauro' y observaba una actitud especialmente humanitaria con los detenidos. Meses después él también fue detenido y desapareció."

María Luz Soto Urbina, después de permanecer detenida en el Regimiento Tacna, en el centro de torturas 'La Discotheque' y en Tres Alamos, estuvo en el campo de prisioneros de Cuatro Alamos, donde atestigua que vió lo siguiente:" En otras habitaciones se encontraba Laura Allende. Esta contaba con la ayuda de un guardia que se llamaba Mauro, quien la llevaba a la pieza de la declarante para que viera a su hija, Laura hacia cariños a su hija que al parecer era enferma. Este guardia se portaba bien con las detenidas, les llevaba frutas, huevos y atendía a la embarazada. Mauro era un muchacho alto, moreno, pelo crespo, ojos negros, atlético. Usaba blue jeans, zapatillas y casaca de mezclilla. Posteriormente la declarante supo que Mauro desapareció y que su nombre real es Carlos Alberto Carrasco Matus, de lo cual tomó conocimiento encontrándose en Tres Alamos." Esta declaración ante notario se realizó el 17 de julio de 1990 y se refiere a su detención ocurrida entre el 19 de noviembre de 1974 y el 7 de mayo de 1975 Rosalía Amparo Martínez Cereceda, en declaración jurada ante notario del 28 de junio de 1990, señala que estuvo detenida desde el 23 de septiembre de 1974 hasta diciembre de ese mismo año y que estuvo con María Cristina López Stewart, otra detenida, en el centro de torturas José Domingo Cañas y que ésta le confidenció que "se habían encontrado documentos de ella (de María Cristina) en ese allanamiento realizado por la Dina y que uno de los agentes le había ayudado a hacerlos desaparecer".

Más adelante manifiesta que: "la declarante tiene la impresión de que podría tratarse de 'El Mauro', un agente que sacó en una oportunidad a María Cristina desde la habitación de detenidos en José Domingo Cañas, para llevarla al domicilio de ambas. Tiempo después, cuando la declarante estaba en Cuatro Alamos, el Mauro entró a la pieza donde estaba ella con otras detenidas a conversar con ellas y les pidió que le cantaran una canción del tiempo de la Unidad Popular, cosa que ellas hicieron y que él se conmovió bastante, para culminar con una reacción muy violenta en contra de ellas, como avergonzado de su debilidad, y salió de la celda dando un portazo y gritando. Posteriormente, aproximadamente un mes después, supo la declarante de boca de otro detenido, que la DINA había hecho desaparecer al Mauro, de quien posteriormente ha sabido que se llamaba Carlos Carrasco Matus. Era un sujeto alto, moreno, buen mozo, con rasgos como pascuenses, ojos negros, pelo ondulado, cara alargada, joven aproximadamente de 25 años."

Cristián Esteban Van Yurick Altamirano, quien estuvo detenido en Villa Grimaldi y en 'campos de prisioneros' entre el 12 de julio de 1974 hasta el 6 de diciembre de 1976, en declaración jurada ante notario del 7 de septiembre de 1990 señala en una parte: "En los interrogatorios participa 'Moren', sobre todo en Villa Grimaldi. En la Torre me dejan para un equipo de ablandamiento. Hay un tipo alto, que me dice que no me va a hacer nada, pero que si me preguntan, me queje. No me hace nada, efectivamente. Después me llevó frazadas. A él lo encuentro en Cuatro Alamos, tocaba guitarra, le decían 'Mauro'. Es un agente que después algunos dirigentes dijeron que lo habrían matado en la Torre." Elena María Altieri Missana, egresada de Licenciatura en Biología, quien permaneció detenida en varios campos de detención y en el centro de torturas Villa Grimaldi, "ubicada en Arrieta arriba", entre el 30 de enero de 1975 y el 16 de noviembre de 1976, manifiesta en declaración jurada ante notario del 6 de diciembre de 1990, que: "En otra ocasión alguien de las detenidas junto a la declarante comentó que había un guardia de Cuatro Alamos, detenido en la Torre de la Villa Grimaldi, a ese guardia le decían 'Mauro'. Un día sábado o domingo, que eran normalmente los días en que no estaban los jefes del recinto ni los torturadores, sólo quedaban a cargo de los detenidos los guardias con un jefe que habitualmente era un Sargento, uno de los cuales era el Sargento 'Chacra', quien se portó muy bien con los detenidos, les sacaba a tomar el sol, les trataba bien. Bueno, uno de esos días, la declarante vio al Mauro, que estaba parado también al sol en el patio que daba frente a la pieza de las detenidas y frente a la sala de guardias. Fueron incluso los guardias, al conversar entre sí, que señalaban 'mira al Mauro, acuérdate del Mauro', refiriéndose a la persona que tenían de pie en el lugar indicado por la declarante. Mauro era un sujeto joven, pelo negro, mediana estatura más bien tirado a alto, vestido con ropas oscuras, negras o azul marino. Posteriormente, encontrándose en libertad, la declarante logró saber que ese ex guardia de Cuatro Alamos, a quien llamaban Mauro, es una persona detenida desaparecida cuya identidad es Carlos Alberto Carrasco Matus".

La ingeniero comercial Marta Adriana Muñoz Bustos, que estuvo detenida entre el 4 de febrero de 1975 y el 27 de marzo de 1975: "Recuerda que durante su permanencia en Cuatro Alamos tuvo conocimiento que había desaparecido uno de los guardias de ese recinto, quien era el que le hacía algunos favores simples, como por ejemplo: comprar pasta dental, cepillo, jabón. Esto lo corroboran personas que llegaron de Grimaldi y lo habían visto en ese lugar cuando estaba detenido y era torturado. Eso explica su ausencia en Cuatro Alamos. A este guardia se le conocía como 'Mauro', era un tipo joven, pelo crespo, moreno, delgado, tipo pascuense, anguloso de rostro, tez olivácea (amarillento verde). Posteriormente tomó conocimiento que ese guardia se llamaba realmente Carlos Carrasco Matus". Este testimonio forma parte de la declaración jurada que la Sra. Muñoz hizo ante notario el 3 de julio de 1990.

Nubia Becker Aguiluz, orientadora familiar, estuvo detenida entre el 30 de enero de 1975 y el 29 de septiembre de 1975, pasando por el centro de torturas de Villa Grimaldi y por los campos de prisioneros de Tres Alamos y Cuatro Alamos. En la declaración jurada que prestó ante notario el 15 de marzo de 1991, establece en el apartado décimo quinto: "En Cuatro Alamos prestaba servicios como guardia un tal Mauro. A esta persona la vi permanentemente entre los días 20 y 26 de febrero. Era un joven alto, de figura atlética, moreno, con rasgos como de pascuense. Normalmente las detenidas le pasábamos dinero para que nos comprara algunas cosas, especialmente cigarrillos. Uno de esos días, después del 26 de febrero, a Mauro no se le volvió a ver en Cuatro Alamos. Preguntamos a otro guardia por él y nos dijo que habían tenido que hacer un operativo muy delicado, porque el 'colega se había portado muy mal'. No entendí qué había querido decir. El hecho es que no lo volví a ver nunca más. A principios de marzo de ese año me trasladaron a Tres Alamos. En dicho lugar supe por algunos detenidos que venían de la Villa Grimaldi, que habían visto en ese lugar a Mauro, quien se encontraba muy mal, producto de las torturas a que había sido sometido. Estando en libertad, me enteré por su madre que el verdadero nombre de Mauro era Carlos Carrasco Matus, quien también se encuentra actualmente detenido desaparecido."

Luis Alejandro Fuentes Díaz, quien había sido amigo y compañero de Carrasco y con quien habían compartido la dirección del Centro de Alumnos del Instituto Comercial N°5, fue detenido el 14 de marzo de 1975 y en declaración jurada ante la Comisión de Verdad y Reconciliación sostiene lo siguiente: "Fui detenido el 14 de marzo de 1975 y permanecí así hasta junio o julio de 1976. Se me trató de vincular al MIR, pero yo fui militante del MAPU, por lo que presumo que la verdadera causa de mi detención fue la información que Carlos Carrasco me había proporcionado acerca del funcionamiento y actividades de la DINA". Agrega más adelante: "En Puchuncaví (campo de prisioneros) algunos detenidos me contaron que Carlos Carrasco había muerto a cadenazos, mientras se le gritaba 'así mueren los traidores', lo cual me parece coherente, ya que lo vi engrillado y encadenado en Villa Grimaldi". "De las fotografías de Detenidos Desaparecidos durante los años 1974, 1975 y 1976 que se me exhiben, reconozco la que corresponde a Carlos Alberto Carrasco Matus".

El mismo Fuentes, en la otra declaración citada antes, relata que Carlos Carrasco fue obligado a participar en su detención y después pudo comprobar que estaba entre los detenidos: "Durante los tres primeros días de incomunicación en 'Villa Grimaldi', los tres primeros probablemente, volví a tener contacto aunque esta vez en forma indirecta: Estando yo vendado y rodeado de 'guardias' armados escuché como uno de ellos se refería a uno de los detenidos. El detenido era 'Mauro', que a juzgar por el ruido producido y por los comentarios que se hicieron en ese momento, iba engrillado por los pies. Al parecer, por lo que comentaban los 'guardias' entre sí, temían que 'Mauro' intentase escapar del lugar en el que él mismo anteriormente había custodiado gente. También es posible que las extremas medidas para con él hayan tenido que ver con el escarmiento que se quería lograr entre sus 'ex compañeros'. De cualquier forma fue la última vez que yo personalmente tuve contacto con él".

Carlos Alberto Carrasco Matus, denominado "Mauro" en la DINA, desapareció desde Villa Grimaldi y según algunos testigos habría sido muerto a cadenazos en uno de los patios posteriores de dicho recinto, información que también fue recogida por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.


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