Unicornio II
Homenaje de Iris Padilla a Muriel Dockendorff, de nombre supuesto "Daniela"

Carta de Muriel a su amiga
Sandra Machuca, en Octubre de 1974, mientras permanecían arrestadas e inconmunicadas en el campamento de Cuatro Alamos.

Sandra Querida:
Me recuerdo
cuando te conocí en la
casa del terror, de lo que
me diste, me entregaste.

En esos momentos en que una luz era un sueño
o un milagro, sin embargo,
fuiste luz en esa tinieblas
fuimos una en un revés.

Hoy miles de reveses más tarde
te veo como entonces
como se estarás hoy,
en algún sitio,
siempre mirando al frente.

Nos encontraremos a través de la niebla
que despejaremos.

_________ No me olvides
_____________ Camarada
___________________ Rucia

Mes: de la desesperanza
Año: de la tortura.


Poema escrito por Muriel a su marido,
entonces detenido

ADIOS COMPAÑERO

Adios compañero.
Será hasta siempre o hasta nunca o quizás no será;
te vas a cualquier parte
donde haya que luchar
lanzar el grito
y al pueblo despertar

Te vas a cualquier parte
a construir un mundo nuevo
donde exista la igualdad.

Tú y yo sabemos que no podrás volver,
hoy es tu turno,
mañana quizás el de tantos más.

Cuando te vayas pensaré en un hombre de verdad
que entregó su sangre
y se jugó el destino
por la causa de la libertad.

Se acaba una vida
ejemplo de tantos
esperanza de muchos.

La hora de partida ya llegó,
sabrán de tu sacrificio?
comprenderán tu entrega?

No no es eso lo que esperas,
yo lo sé compañero,
y sangrándome el alma
se me escapa un Adios.

Muriel Dockendorff

CONOZCA:
Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos
(En memoria de Muriel Dockendorff)
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Las flores de mi balcón llevan tu nombre




BÚSQUEDA DE "DANIELA"

Anita estaba recién operada de cáncer cuando supo que Daniela, su única hija, había pasado a integrar la categoría de desaparecida. Creyó que su solo esfuerzo bastaría para encontrarla. No sabía ella que una siniestra red subterránea de profesionales de la muerte haría imposible su tarea.

Anita había abandonado prematuramente el hospital -se decía entre las demás mujeres que se había escapado- y con los flechazos de la muerte en el rostro, dedicó todo su tiempo a la búsqueda de Daniela.

La conocí cuando yo esperaba -bajo el sol inclemente y la mirada de odio de los guardias- unos minutos de conversación con mi hija, detenida en Tres Alamos.

-Señora -me rogó- pídale a su hija que averigüe entre las demás prisioneras si tienen alguna información de Daniela-

El sudor del cansancio, el sufrimiento y el calor de la tarde de verano ensombrecían su pálido rostro con enormes ojeras.

Asentí, sin atreverme a decirle que las muchachas habían comentado con sus parientes, en horas de visita, el horrible calvario de Daniela, cuya huella quedó grabada en los muros de los varios lugares de tortura que existían en la ciudad.

Su nombre se repetía con respeto y dolor entre las prisioneras, que venían de regreso de todo el sufrimiento y el asco que la tortura produce. Al salir de las visitas, Anita nos esperaba, anhelante y con un cierto gozo anticipado que se delataba en sus cansadas pupilas.

-¿Y? ¿Supo algo? ¿Le dijeron algo de mi niña?-

Qué terrible era decirle la verdad: Nada! Y agregar vagas palabras de consuelo, de recomendaciones, de consejos: "vaya al Ministerio de Defensa" o "pida audiencia en el Sendet" o "escríbale a la mujer de Pinochet".

Todo lo hizo Anita, olvidando su dolor físico y sobreponiéndose al otro dolor. Dejó jirones de su pobre vida deambulando de un lugar a otro, pidiendo, suplicando cualquier información que le permitiera el consuelo de morir ya, sabiendo con vida a su hija. Sólo encontró arrogantes o insolentes respuestas, siempre negativas.

En las sucesivas visitas el resto de las madres decidimos entregarle el único consuelo posible: el de una mentira, esas "piadosas" mentiras que se dicen, que no dañan al que las oye, que reconfortan, que no duelen. ¿Y quién de nosotras, sabias en el dolor, habría dado más sufrimientos a Anita?

Lo que Anita no supo era que el trabajo sucio había sido hecho a perfección por entes desconocidos que, amparados en la impunidad, no dejaron huellas ni rastros de la desaparecida Daniela.

Un día Anita no apareció por las calles adyacentes a Tres Alamos. La familiar figura que cargaba todo el dolor del mundo dejó de deambular entre nosotros. -¿Qué le habrá pasado?- una a otra nos consultábamos, presintiendo lo peor. Tan preocupadas estábamos de nuestros propios dolores que nadie le había preguntado su dirección. Y aunque entre las madres había mucha solidaridad, también había mucho miedo, porque eran los años del Miedo. Así, nadie la buscó ni nadie supo más de ella.

Muchos años después, viviendo en el exilio, me llegaron noticias de que la certeza cada vez más evidente de que ya no encontraría con vida a su hija había tenido a Anita en el borde. Al final de la pesadilla, en su memoria el recuerdo de Daniela no era sino espejo empañado, alucinante sombra que se esfumó una noche.


Lo que escribió su madre de Muriel

De muy pequeña se advirtió en mi hija su interés por la lectura, de una gran sensibilidad siempre gustó de la música, la pintura y la naturaleza. A los cinco años entró al Colegio Alemán de Temuco, aunque el 4° Año de Humanidades, lo cursó en el Colegio Santa Cruz de Temuco y, el Sexto en el Liceo vespertino de esa ciudad. Creo que estos cambios de colegio le dieron una visión muy clara de las clases sociales; colegios particulares pagados y caros y luego en colegio fiscal, donde se estudiaba sin pagar y cuyos alumnos no han tenido la oportunidad ni el dinero para hacerlo, pero con inquietudes que los llevan a superar su educacion para ser algo más en la vida.

En 1970 obtiene una Beca para ir a México, pasa a los Estados Unidos de Norte America y luego a Colombia. Estos viajes la ayudaron también en su formación política. A su regreso, se va a Concepción a estudiar Economía. Es en esta época que se le nota su carácter firme y resuelto, sin dejar por eso de ser una persona sensible y de muchas inquietudes que se amplían en lo literario y romántico, es así como el Cor-Mil de Temuco (conjunto coral) pone música a uno de sus versos y lo incluye en su repertorio.

En 1973, se casa con Juan Molina Manzor, un compañero de Universidad y de carrera, pero el golpe militar la sorprende en Santiago, desde donde ya no volvería a Concepción: por su cargo de dirigente estudiantil de MIR en la Universidad corría un grave peligro. Ya se sabía de la terrible suerte de muchos de sus compañeros y amigos, En esta época escribe, lee mucho y busca trabajo. Es así como entra a trabajar a IANSA por un período no muy largo.

En 1974 la situación empeoró y en junio de ese año es detenida junto a su marido en su casa de Marconi 280, por efectivos de seguridad de la Fuerza Aérea de Chile; esta detención se efectuó en mi presencia. Posteriormente es dejada en libertad, no así su marido que permaneció en la FACH. La libertad de Muriel solo duró 20 días ya que nuevamente es detenida, en su casa, esta vez por la Dirección de Inteligencia Nacional. Las personas que la detuvieron son Marcia Alejandra Merino y Osvaldo Romo. Marcia Alejandra (la flaca) era su amiga, la conoció en Concepción y la ayudó mucho mientras estaba escondida porque era buscada. Marcia Alejandra conocía la casa de Muriel, y no tuvo problema encontrarla. Esto sucedió el 6 de agosto de 1974. Desde esa fecha nunca volví a ver a Muriel.

Gravemente enferma, inicié la búsqueda, me dirigí a Pro Paz, recorrí centros de reclusión como Tres Alamos, Sendet, Tejas Verdes y realicé viajes a Puchuncaví donde estaba el marido de Muriel con la esperanza de que él supiera algo por otros presos que pudieran haberla visto. Se presentaron recursos de amparo y cartas al Ministro del Interior, que nunca fueron contestadas.

Hay muchas declaraciones juradas de personas que estuvieron con ella en Cuatro Alamos y en Villa Grimaldi. Se ha sabido de ella hasta el año 1975. Una prueba de esto es que estando en Cuatro Alamos con Sandra Machuca, hoy en México, a la cual le escribió un mensaje en una cajetilla de cigarros, la cual posee, como poseía también un poema dedicado a su compañero que me entregó antes de su partida al extranjero.

En 1975, en Julio, aparecen las fatídicas listas de los 119 chilenos que habrían muerto en enfrentamientos en Argentina y Brasil. Estas listas fueron publicadas en los diarios Lea y O'Dia. Muriel aparece en una de ellas. Este terrible golpe para los familiares, que sólo buscaban a detenidos, se traduce en desesperación y fuerza. Rápidamente se inicia una incipiente agrupacion y a su vez la búsqueda sin descanso por saber de ellos y encontrarlos con vida, ya que esos diarios no existían.

Cuando el gobierno decide cerrar Pro-Paz, la Iglesia Católica da refugio a los familiares y una asesoría legal; ahí se forma la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Como madre estuve siempre en el trabajo activo de nuestra agrupación a pesar de mi salud precaria.

En la agrupación encontré a mi verdadera familia la que comprendía mi dolor y en la cual podía confiar mis angustias. Mis grandes amigas de hoy día son de la agrupación. Mi trabajo no va a terminar hasta no saber qué pasó con mi hija y con todos los desaparecidos. Ha sido una tarea larga y dura, de grandes desencantos y desesperanzas, pero no importa, seguiré adelante hasta donde el destino me lleve, aquí, en el extranjero, o donde sea.

Mi vida ha cambiado radicalmente, sin educación política no entendia nada de nada; en estos largos años he logrado lo que nunca había soñado, aprender a enfocar la vida de otra forma, a ser comprensiva y a ser valiente. Mi lucha es por conocer la verdad de lo acontecido a miles de personas y, sobre todo, por conseguir justicia y que los culpables sean castigados como se merecen. Acaso Pinochet cree que es Dios, que puede quitar la vida cuando quiere y someter un pueblo a la miseria y el terror? No, no puedo aceptarlo y mientras tenga vida y salud seguiré adelante.


EL CARAPALIDA Orlando José Manzo Durán, era el jefe de Cuatro Alamos, lugar de transición entre Villa Grimaldi y Tres Alamos, donde se estaba en libre plática. A pesar de que se suponía, era éste un lugar para reponerse de las torturas y no llegar en tan malas condiciones al lugar donde se recuperaba la vida, muchas personas fueron sacadas de allí a un destino desconocido del que nunca más volvieron. Es el caso de Jacqueline Binfa, Carmen Bueno y Muriel Dockendorf, entre muchas otras.

De este lugar salió para siempre "Mauro", un guardia que vigilaba a los presos con quienes tenía una actitud humanitaria. "Mauro", que resultó ser Carlos Carrasco Matus, está desaparecido. Nada de eso era desconocido para el teniente Manso, que en calidad de funcionario de la DINA tenía una perfecta connivencia con la Villa Grimaldi. Los prisioneros lo conocían como "El Carapálida", por su tez como pantruca y los guardias como "Lucero". Trataba mal a todo el mundo, a gritos, con sorna, y hay acusaciones de violación en su contra por parte de algunas detenidas. A quien quería escucharlo, Manso informaba que era oficial de Gendarmería, en comisión de servicio en la Dina. Efectivamente, fue repuesto en el servicio y apareció en sus nóminas al menos hasta 1989.


Si conoce algo más sobre él o los compañeros cuya historia leyó, o posee algún antecedente sobre lo ocurrido en Chile durante la historia reciente, compártalo enviándonos un e-mail para que podamos difundirlo.

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