Ni casco ni uniforme

Conscripto Alejandro López:
"el mayor Cereceda nos dio la orden de que había que marchar, y tuvimos que obedecer"
Conscripto, Félix Fonseca:
"hubo suboficiales que decían que no había que marchar, pero la orden ya estaba dada. Ellos le advirtieron al mayor"

Conscripto, Jonathan Bustos, en carta a sus padres antes de "quedar disperso" -hoy todavía lo está: "lo más bacán que he escuchado últimamente es que mi familia está orgullosa de mí, y creo que ésta es mi oportunidad para no defraudarlos. Quiero decirles que los amo y que ojalá no estén pensando en que no hay plata, vale más que eso el tenerlos a mi lado"

CONOZCA: Una golondrina tras la alambrada, la historia de "Mauro", un conscripto que se atrevió a ayudar a los prisioneros políticos. CONOZCA TAMBIÉN: Antuco , una reflexión de Odette Magnet.





Salvajes y santos inocentes

Martín Faunes Amigo

Decir que el desprecio por la vida de los conscriptos durante el servicio de militar de parte de la oficialidad y aun de los llamados "sub oficiales", si bien hoy ya parece un lugar común; no deja de llamar la atención el que el conocimiento de esta situación surja de manera tan reciente, cuando esto no tiene nada de nuevo: está el caso del conscripto Soto Tapia y el "círculo negro" del ejército, y de tantos otros que han muerto en accidentes sospechosos. No se puede olvidar tampoco que hubo conscriptos que hacían su servicio el once y en los años duros de comienzo de la dictadura y que fueron eliminados por traidores, ejemplo de ellos es Carlos Carrasco Matus, de nombre supuesto "Mauro", un conscripto que ayudaba a los prisioneros políticos y que para escarmiento de sus compañeros tras horrorosas torturas, fue asesinado bajo el ombú de la Villa Grimaldi, nada menos, a cadenazos. Pero hubo otros, varios otros.

Hay quienes pueden decir, de todas maneras, que estas no son cuestiones muy conocidas, pero tengo que insistir al respecto en que al menos para todos los que hicieron el servicio, independiente de cuándo lo hayan realizado ésta es un situación archi conocida,. En mi caso me correspondió realizar ese servicio a la patria en Río Blanco como estudiante por tres meses durante el verano de 1970. Hablo de la Escuela Alta Montaña, un noble edificio construido en piedra cerca de la frontera con Argentina donde convivíamos una compañía de estudiantes con dos compañías de remisos y desertores, a quienes tenían a cargo de las ocupaciones más despreciadas: aseo a perros de montaña, y a mulas y machos, limpieza de letrinas, acarreo de piedras y destape de alcantarillas. Además se les usaba para mofa y burla de la sub oficialidad que los hacía víctimas de horrorosas bromas desclasadas e incluso racistas, casi siempre relacionadas con su condición de arrieros o campesinos pobres, o por su origen mapuche. Con nosotros, "los educaditos", no eran tan crueles pero no precisamente damas. No olvidaré cuando a un conscripto que venía de Coquimbo, quien, por ser hijo de un cómico de cabarets de ese puerto, tenía una facilidad sorprendente para contar chistes que en su mayoría tenían que ver con homosexuales. Los chistes de este compañero egresado del Instituto Comercial de Coquimbo nos hacían reír a carcajadas y los aplaudíamos aunque muchos de ellos ya los conociéramos a veces incluso por él mismo que los había contado en la noche anterior. Todo bien hasta que se le ocurrió personificar en una de esas historias al cabo Quilodrán, uno que ya por ese tiempo se jactaba de pertenecer a la rama de inteligencia. Nuestras risas se desviaron para reírnos del cabo, y fueron risas nerviosas, porque ese cabo era feroz, y no se prestaba para bromas. No nos equivocábamos: Quilodrán, al sentirse en ridículo, y más todavía porque se cuestionaba su masculinidad, atravesó el comedor de dos zancadas y agarró al chistoso por la solapa para arrastrarlo arriba hacia las cuadras. Medio minuto después se escuchó un alarido desgarrador cuando -después lo supimos- lo dejó caer al vacío atado de las muñecas desde las literas, a cuatro metros del suelo. Después vino un silencio que fue tan desgarrador como el alarido, y ese silencio nos pareció que duraba horas cuando no pudo pasar más que un par de minutos; los suficientes sin embargo para que a nuestro compañero se le cayera el pelo ahí mismo, lo cual fue así, literal: bajó de las cuadras corriendo, venía como escapando de diablos o de fantasmas. Cuando paró de correr, le faltaba el aire y se la salía el corazón por la boca, y le faltaba también la parte de arriba del pelo. Los que estábamos ahí y quisimos ayudarle, nos quedamos con el resto de su cabello entre los dedos. Se lo llevaron en helicóptero, supuestamente a Santiago, al Hospital Militar. No volvimos a verlo más en todo ese par de meses que nos quedaban de "educación militar".

Unos días antes, a ese mismo cabo se me había ocurrido preguntarle por una vitrina que había a la entrada con un listado de nombres. "Son los que se perdieron en la nieve", me contestó. "Unos giles que acompañaron a un capitán que tenía que hacer méritos... ofreció unir Río Blanco con el Valle de Santiago en caminata por la montaña y los pescó el viento blanco". Cuando quise saber más del caso me contó que a la mayoría de los conscriptos les habían tenido que cortar los dedos del pie y a algunos los pies completos y aún las piernas. "A algunos de ésos, todavía los vemos en la Plaza de Los Andes pidiendo limosna, o en la de San Felipe... pobres gallos, tuvieron mala cueva -así me dijo-, pero igual, todos los años los traemos hasta acá con sus familiares y antes de almuerzo los hacemos marchar y jurar a la bandera, y se les reparten medallas. Después se van re contentos". Mientras yo mascullaba "salvajes y santos inocentes", sin que yo nada le dijera él se adelantó para decirme: "claro que al capitán no le pasó nada, de hecho lo ascendieron..." Y agregó: "a los oficiales no les pasa nunca nada porque para eso ellos andan siempre con el mejor equipamiento".

Pero volviendo al día en que colgaron al de los chistes gay, esa noche después de la retreta, cuando se daba alguna instancia de camaradería entre conscriptos y sub oficiales -con los oficiales no se daba jamás ninguna instancia como ésa-, los otros cabos bromeando con Quilodrán le decían "te pasaste ñato, pobre cabro..." Quilodrán les respondía así nomás, suelto de cuerpo: "chis... mala cueva nomás... ¿y qué tenía que andarme echando tallas el tonto gueón...?"


Carta abierta al general Emilio Cheyre
Señor Comandante en Jefe del Ejercito de Chile

Hemos realizado numerosas peregrinaciones, liturgias ecuménicas y romerías al Cerro La Virgen y a la Parroquia de la Sagrada Familia de San Felipe. Esta es la Parroquia a la cual Pedro pertenecía. La finalidad de todas estas acciones ha sido en todo momento buscar verdad y justicia para lo sucedido con Pedro Soto Tapia y para su familia. Además, es por todos sabido que esta situación también cobró un significado muy profundo para la sociedad chilena, en su conjunto, a raíz de haberse convertido en un caso emblemático sobre la suerte y desprotección que sufren los jóvenes conscriptos que cumplen con una obligación que les impone el Estado, en muchos casos contra su voluntad.

Mediante muchos esfuerzos y gestiones, de las cuales tomamos parte, se logró en su momento que la Corte Suprema nombrara un nuevo Ministro en Visita, dado que existía investigación sin ningún avance por más de cinco años. El nuevo Ministro en Visita, el Juez Patricio Martínez ha dictado recientemente una sentencia, en primera instancia, que establece como culpables de homicidio y secuestro a tres jóvenes ex-conscriptos y compañeros de Pedro Soto Tapia. Lo primero a observar es que esta condena está basada en los interrogatorios realizados al inicio de la investigación por personal de la Fiscalía Militar. Esta confesión fue desechada por el anterior Ministro en Visita, Manuel Silva Ibáñez, ya que él estableció la situación de haber sido obtenida mediante tortura y apremios ilegítimos. También se debe observar que la misma resolución de sentencia del Juez Martínez establece la necesidad de una investigación sumaria, en especial, a personal de la policía de Investigaciones por haberse comprobado no sólo actos de negligencia sino abiertas acciones para obstruir la investigación. Bien podemos deducir que falta investigar sobre la finalidad de esas operaciones y es una tarea pendiente de la justicia indagar sobre la responsabilidad de personal militar involucrado en este crimen, lo que es reclamado por el sentido común más básico. Además, en el mismo sentido se deben considerar las propias declaraciones que han realizado últimamente los propios jóvenes sentenciados, anunciando que apelarán en segunda instancia. Por consiguiente, hay una tarea pendiente de la justicia para dilucidar, en definitiva, sobre personal militar involucrado en la responsabilidad de este grave crimen.

Por otra parte, Independientemente que los jóvenes ex-conscriptos participaron solos en este crimen sin responsabilidad de personal militar o no, creemos que es indispensable realizar una investigación a cabalidad buscando las responsabilidades que les compete a los que estaban encargados de velar por el buen funcionamiento de su Institución en el tiempo que ocurrieron los hechos. Vale decir, la persona responsable por el Cuartel Yungay el 15 de Diciembre de 1996, la fecha en que desapareció Pedro Soto Tapia. Se tiene conocimiento de que hubo abuso sexual y acto de violación a Pedro Soto Tapia durante la realización de una Campaña de ejercicios militares, en Noviembre de ese año, en el sector de San Francisco. ¿Quién es responsable en esa Campaña? Y ¿quiénes fueron los jefes más directos de los conscriptos involucrados en este caso? En ese sentido, ¿cuáles son las condiciones en las que se lleva a efecto el cumplimiento de una norma obligatoria de servicio militar que se impone a los jóvenes ciudadanos? . Por tanto, ¿de qué forma y con qué medidas se resguardan derechos fundamentales de los jóvenes conscriptos?. Estas son preguntas que nosotros como movimiento nos hacemos y creemos que la Sociedad Civil también se las hace.

Por lo tanto, Señor Comandante en Jefe, creemos que el Ejército debe responder a la Sociedad Chilena para así iniciar una "nueva era" de la Institución.

Los hechos y todos los responsables deben estar aclarados. Muchas veces hemos escuchado a Ud, por los canales informativos y declaraciones a la prensa escrita que con Ud, comienza una nueva etapa. Hemos recepcionado sus palabras con mucha alegría ya que ellas van encaminadas a la defensa de los derechos humanos.

Desde este punto de vista, tanto Pedro Soto Tapia como los cuatro conscriptos involucrados fueron víctimas de esta Institución que permitió los abusos sexuales y nos interesa saber cual será la política, en consecuencia, para evitar que estos hechos no ocurran nuevamente.

Nos gustaría tener una conversación con Ud., acerca de los Derechos Humanos en general y, en este caso, sobre los derechos que los conscriptos tienen en los cuarteles militares al momento de realizar el servicio militar obligatorio.

En la espera de una buena acogida a esta petición les saludan atte,

Luis Cárdenas. V. , Serpaj-Chile
Susanne Acevedo, Movimiento Soto Tapia
Jan Hopman, Centro Ecuménico Diego de Medellín.
A nombre de
MOVIMIENTO SOTO TAPIA y
ROC CHILE, Red Chilena de Objeción de Conciencia, integrada por
- Servicio Paz y Justicia , Serpaj-Chile
- Centro Ecuménico Diego de Medellín, CEDM
- Vicaría Pastoral Social
- Vicaría de los Trabajadores
- CODEPU
- Movimiento Juan XXIII
- Grupo de Objetores de Conciencia -"Ni Casco Ni Uniforme"
- Comunidad Cristianos de Iglesias, CCI
- Amnistía International-Sección Chilena
- CONFERRE, Departamento Justicia y Paz de la Conferencia de Religiosos

Dirección:
SERPAJ : Cienfuegos 85 - Santiago / Fono-fax : 672 76 08
CEDM :Argomedo 40 - Santiago / Fono-fax : 634 18 04






¡Mala Cueva Militar!

Manuel Paiva

Uno de los batallones de ejército del regimiento reforzado # 17 de Los Ángeles, al mando del mayor Patricio Cereceda, se encontraba en ejercicios militares en la alta cordillera de los Andes. El amanecer del martes 17 se inició un frente de mal tiempo que se venía anunciando desde hacía 10 días atrás. Los oficiales con mayor experiencia se comunicaron con el comandante del batallón y este por radio con el comandante del regimiento dando cuenta de sus aprehensiones, en relación al inicio de un temporal de nieve y de la falta de indumentarias adecuadas de los soldados conscriptos que componían las maniobras militares. Solicitaban autorización para finalizar los ejercicios y regresar a la unidad militar. La respuesta desde la comandancia no se hizo esperar, el propio comandante desde su cómodo sillón sentado en su oficina expresaba con voz potente "¡negativo, mala cuea militar!" "¡que los pelaos se hagan hombres!" El día transcurría y el temporal de nieve era más intenso y las voces de alerta de la oficialidad a cargo de las acciones se hicieron desesperadas, la burocracia de la comandancia, por fin cedió y dio la autorización para bajar desde la cordillera. En la madrugada del día miércoles se inicia el descenso, desde el refugio en que se encontraban, hacia otro lugar ubicado a 25 kilómetros de distancia en relación al primero. Se le ordenó a la primera compañía iniciar la bajada, momentos después realizaba igual operación, la segunda compañía. En ese momento, el temido viento blanco estaba ingresando a la escena natural y gran parte de la oficialidad no descendió junto con sus soldados, entre ellos el mayor Cereceda. Se quedaron junto a la tercera compañía, estos últimos debían bajar horas después, mientras tanto se guarecían en un refugio llamado Los Barros.

Los primeros soldados en bajar, llegaron a lugar seguro en condiciones físicas deplorables. Los segundos quedaron atrapados por el viento blanco y en las primeras horas del miércoles, medio centenar de soldados conscriptos morían congelados, quedando sus restos sepultados bajo el temido polvo blanco que en el transcurso de las horas se trasformó en hielo. De la segunda compañía de morteros, otro medio centenar de jóvenes lograron sobrevivir gracias a la experiencia del único oficial que los comandaba. Los soldados, todos jóvenes que habían iniciado su servicio militar obligatorio cuarenta días atrás, provenientes de modestas familias campesinas de la zona, las que agobiadas por el estado de cesantía en que se desenvuelven los habitantes de la región, decidieron presentarse a la milicia como una forma de asegurar una alimentación diaria, por lo menos durante un año, y la posibilidad de ser considerados en una vacante laboral al finalizar su periodo militar.

En las ciudades de regiones, las posibilidades de trabajo para la juventud son muy escasas y el servicio militar es la tabla de salvación para capear el ocio y tener la seguridad de obtener un pan como alimento, o sencillamente quedar contratado como personal del cuadro permanente y en último caso optar a una vacante como policía uniformado.

Las escenas de dolor de los familiares que permanecieron tres días en el gimnasio del regimiento, esperando una noticia sobre sus seres queridos, han sido mostradas al mundo a través de los medios de comunicación. Desgarradoras escenas de madres, hermanas y novias que se desmayan al conocer la verdad que se venia ocultando, sacudieron a los televidentes. Las autoridades en un primer momento trataron por todos los medios de no usar el término de "soldados desaparecidos en la nieve" y lo reemplazaron por el de "dispersos".

La comandancia del regimiento y la tercera división de ejercito, son generales y coroneles que hace 30 años atrás tenían grados de teniente y estaban al mando directo de las tropas militares que detenían chilenos, los torturaban y a muchos de ellos los asesinaban disparándoles a mansalva o sencillamente fallecían bajo el tormento de las torturas, para después hacerlos desaparecer, de ahí el temor de toda esta alta oficialidad de las fuerzas armadas a escuchar la palabra "desaparecidos". Escenas parecidas a las que se han mostrado en los medios de comunicación, se vivieron hace treinta años atrás al interior de cuatro paredes de la calle Santa Mónica en la comuna de Santiago, en ese lugar funcionaba el Comité Pro-Paz, institución cristiana que acogía a los familiares de personas detenidas por los servicios de seguridad. Los días 23 y 24 de julio de 1975, la cadena periodística del Mercurio, en su diario vespertino La Segunda, daba a conocer dos listados de personas detenidas meses anteriores por los servicios de seguridad y que se encontraban en calidad de desaparecidos, ambas listas totalizaban 119 militantes del MIR. Los familiares que durante varios meses venían golpeando puertas en busca de una respuesta, recibieron la noticia de la muerte de estos jóvenes oponentes del régimen militar. Al interior de las oficinas de la institución pastoral, las escenas de dolor eran tan parecidas a las difundidas estos últimos días por las pantallas de televisión, que no puedo dejar de hacer la comparación, la diferencia de hace 30 años atrás, es que los cuerpos de los infortunados nunca fueron entregados a las familias y es más, hay serias sospechas que los verdugos los hicieron desaparecer, arrojándolos a las profundidades del océano, a la vez que hasta el dolor era considerado subversivo, por esa razón el llanto y todo el dolor de los familiares afectados debían manifestarse en forma clandestina, llorar hacia dentro, hacerlo en la oscuridad de la noche, o encerrados entre paredes y solo con la presencia de amigos más íntimos, para evitar ser denunciados.

Ambos hechos, la muerte de los jóvenes reclutas de hoy y los asesinatos de jóvenes opositores al régimen militar hace unos años atras, están marcados por un mismo problema de fondo: la desigualdad económica y social al interior de la sociedad chilena, este fenómeno del cual son responsable los grupos dominantes con la complicidad de los gobiernos de turno, arrastran a tres tercios de la población del país a vivir en una situación de injusticia social permanente, con empleos de mala calidad y salarios bajos para algunos, cesantía para otros, discriminación por razones de genero, raza, religión y extracción social para importantes segmentos de la población. Existe una cultura que es propia de las clases dominantes y usan todos los medios a su disposición para imponérselas a los jóvenes del mundo popular, consiste en mostrar una felicidad ficticia, siempre y cuando tengan la capacidad de competir en su medio, triunfar, hacerse de dinero e ingresar al mundo soberbio de aquellos que se sienten nuevos ricos. Puesto qué, un noventa por ciento de los jóvenes no logran obtener tal posición, quedan en las afueras del círculo y deben batallar por sobrevivir, en esa constante de la cotidianidad, algunos se ven en la necesidad de realizar el servicio militar, en ciertos casos empujados por los propios padres para sacarlos del ocio o de la droga. Otros jóvenes, logran obtener una visión más crítica de su realidad social y asumen el compromiso de luchar por revertirla.

Para quienes realizan el servicio militar en calidad de soldado conscripto, deben pasar por un periodo de intensa formación militar a cargo de instructores que, al igual que ellos, pertenecen a los sectores sociales modestos de la sociedad y quienes supervisan es la llamada "oficialidad". Los oficiales son aquellos hijos de papá, provenientes de los sectores económicamente acomodados y que dentro de su mediocridad no se sienten con capacidad de administrar las empresas de sus padres, optan por jugar a la guerra ingresando a la escuela militar. Al terminar su periodo de formación militar egresan con el grado de sub-teniente y desde ahí hacen carrera al interior de las unidades militares, de acuerdo a la antigüedad, sus habilidades, los pitutos y la brutalidad con que se maneje en sus labores, serán ascendidos de grado, llegando en el mejor de los casos a terminar su carrera como general.

Para toda esta oficialidad, los accidentes que suelen sufrir los soldados y el cuadro permanente de instructores y clases, no pasa de ser el de "mala cueva militar" y las acciones a las que están obligados a realizar los conscriptos, ni por muy temerarias que ellas sean, se rigen bajo el concepto de que "los pelados se deben hacer hombres". Hoy día, con la muerte de 45 recluta congelados por maniobras en la alta cordillera, pretenden cargarle toda la responsabilidad al comandante del batallón, en consecuencia de que existe una responsabilidad como institución castrense, tanto por las ordenes dadas, por el pobre equipaje usado, por la falta de profesionalismo de los oficiales, el clasismo interno al considerar que el "pelao" es un ser inferior y en general por toda esa cultura militar existente al interior de las unidades del ejercito, que no hace otra cosa que tapar la inoperancia de la oficialidad, introduciéndole en la mente de los soldados de un enfermarte patriotismo, con el fin de preparar a estos últimos en la defensa de los intereses económicos de las clases adineradas.

Las muertes de los jóvenes al interior de las unidades militares, tanto estas como las que han acontecido los últimos meses, en supuestos accidentes y que han pasado desapercibidas, deben ser investigadas y los máximos responsables de las instituciones militares, empezando por el ministro de defensa hacia abajo, deben asumir la cuota de responsabilidad que les corresponde. De igual forma, los miles de jóvenes asesinados por las diversas instancias de las fuerzas armadas en los años de dictadura, esperan justicia. Los familiares y la sociedad chilena no olvidan y no permitirán impunidad. El hacer justicia bajo la consideración de que hombres y mujeres somos sujetos sociales y no productos de mercado, nos devolverá la dignidad que tanto necesitamos los sectores modestos de nuestro país, para tener la certeza que vamos por buen camino en la conquista de una sociedad liberadora.

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