En recuerdo de Paine
Para Miguel Cabrera Fernández


Por Andrés




Miguel Cabrera Fernández, era un hombre alto, flaco, tímido, de ojos grandes como huevos fritos, medio lampiño. Parecía que la edad del desarrollo y del estirón que dan los adolescentes se le hubiera hecho perpetuo y definitivo. Reía como un joven y como dirigente político era probablemente el más atípico de una camada que, para bien o para mal, estaba llena de estereotipos, incluidos los chaquetones azul marino, pasando por los maletines y la verba rápida, arrolladora de argumentos anclados en "los clásicos".

Paine, como le llamaban, estaba lejos de este estereotipo y era digámoslo derechamente la antítesis del burócrata, del funcionario. Su hablar era lento y sencillo, ignoro si por influencia de sus lecturas de Mao o por su naturaleza campesina, expresaba sus ideas con simpleza y claridad, sometiendo siempre a la práctica la veracidad de sus aciertos.

Paine, diminutivo de uno de sus primeros nombres politicos ("Paiñefilo", o algo así) en los primeros tiempos del MIR. En las primeras corridas de cerco en al zona de Cautín se hizo uno mas entre los campesinos y arrastró para su partido y su propia personalidad, la experiencia y la sabiduría que "los pobres del campo" le confiaron.

Luego del golpe, cayó preso en la Academia de Guerra Aerea y fue trasladado al que era su regional, Cautín. Allí en la cárcel, distante de la vociferación organizó el partido con sigilo. Caminaba largos paseos por el patio y tomando a alguien por compañía conversaba aquilatando el lado humano de cada uno. Por eso era lejos el dirigente más cercano y mas identificado con los mapuches presos, con los campesinos.

Cuando se organizó el diario mural, antecedente y palanca en la lucha por la "carreta" común, en una comunidad de presos políticos donde algunos almorzaban (por que eran de la ciudad, por la situación socioeconómica o por ambas) una bien provista dieta y otros se repartían la bazofia antihigiénica y escuálida del rancho penitenciario, Paine escribió el artículo que apelaba a la organización de un comedor común, pero además del contenido Miguel Cabrera presentó su artículo en dos hojas de carta, escritas en letra manuscrita, con un lápiz tinta negro...todo el resto del diario mural lucía uniforme a la estética alfabetizada y normada de párrafos a máquina, de títulos subrayados y con mayúsculas. Paine sabía mejor que nadie cómo llegar a la mayoría de los estaban allí:, mapuches, campesinos pobres de escasa escolaridad. Su artículo fue el mas leído y cumplió con creces el objetivo político. Su forma sencilla de relacionarse y su distancia de las disquisiciones lo convirtieron siempre en un dirigente asequible, querido y respetado por sus compañeros. Tales cualidades le serían fundamentales cuando asumió el mando del contingente en Neltume, en su formación, selección y desarrollo de la tarea en Chile.

Como se sabe, comprometido en esa tarea pagó con su vida su compromiso y consecuencia. Cayó el 16 de octubre 1981 en la localidad de Choshuenco, casi justo un año desde que se internara en la cordillera. Caminaba junto a otros dos compañeros, ya habían roto el cerco lejos en kilómetros y en el tiempo, las armas largas habían quedado guardadas. Al llegar a una esquina dos carabineros se interponen y les apuntan con sus SIG. Uno se abre hacia el medio de la calle y el de la vereda los conmina a identificarse. Paine con calma y sin dejar de hablar le dice que va a sacar su carnet (que no tiene) mientras busca su pistola. La alcanza a sacar pero recibe a pocos metros una ráfaga. Cae en silencio hacia una zanja entre calle y vereda, los otros dos compañeros, desarmados, aprovechan de correr y perderse hacia los cerros.

Paine se elevo así a la estatura del guerrillero y sin que nadie lo llamara jamás "comandante" fue el jefe y el revolucionario cabal, defendiendo con su vida la continuidad de una lucha desigual.

En el lugar en que ejerciera su ultima resistencia, en el pueblo pobre que fue y sigue siendo Choshuenco, hay un durmiente con su nombre. Cayó entre los suyos, casi anónimo, como su tumba en el cementerio de Padre las Casas, rodeado de apellidos mapuches y cruces de madera, compartiendo hasta la muerte la causa y la suerte de los pobres del campo y la ciudad.


MIGUEL CABRERA FERNANDEZ, obrero, cayó el 16 de octubre de 1981 en la localidad de Choshuenco al ser descubierto por carabineros y luego de producirse intercambio de tiros entre ellos.       


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