___ LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR

No basta conocer y recordar la historia, es indispensable reflexionar sobre ella para formar una plataforma de apoyo a la lucha contra la repetición de sus errores


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Damos a conocer la introducción para esta excelente novela de Edgardo Carabantes Olivares dedicada a Ernesto Lejderman Ávalos y a todos los hijos e hijas de los detenidos, torturados, ejecutados, desaparecidos, exiliados y relegados por la dictadura chilena, realizada por los integrantes del movimiento estudiantil de La Serena Luz Romero Yáñez y Daniel Aguilera Palma,


Introducción: “Un cuento para Ernesto”

La UP, la Dictadura y su relación con el MIR.

El 4 de Noviembre de 1970 con un 36,6 % de las preferencias, el Médico y socialista Chileno Salvador Allende Gossens, ratificado por el congreso nacional, asumía la presidencia de Chile. Apoyado por la unidad popular (UP) da inicio a la vía chilena al socialismo, una alternativa que no tomaba los fusiles, ni formaba un ejército de liberación, era la alternativa a “la chilena”, la cual a través de de la institucionalidad vigente y los marcos permitidos por la democracia, pretendía impulsar políticas que beneficiarían a las clases más desposeídas del territorio.
Mientras la UP proponía las primeras políticas “populares” entre ellas, acelerar la reforma agraria, nacionalización del cobre, de la banca y de las empresas estratégicas; otras organizaciones, también de la izquierda discrepaban de esta forma de construir el socialismo, entre ellas el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), organización que desde los primeros días entregó un apoyo crítico al gobierno de Salvador Allende, pero que a pesar de las diferencias, en el año 1970 la dirección nacional del MIR había dado libertad a sus militantes para votar por el entonces candidato de la Unidad Popular.
A pesar del triunfo de Allende, el MIR sostuvo permanentemente que la lucha de clases entre los pobres del campo y la ciudad y la burguesía se resolvería por la vía armada. Las diferencias del MIR y la UP siempre fueron públicas, en este contexto, los miristas sostuvieron la idea que un golpe militar impediría el desarrollo del gobierno popular, y volcaron sus fuerzas a “defender el triunfo electoral de las maniobras de la burguesía y del imperialismo” . En conversaciones con Allende es que principalmente acuerdan la defensa de la estabilidad del gobierno, movilización de masas y lucha conspirativa contra la derecha, por lo que se dice que su relación política se sintetiza en la siguiente formulación: “Golpear juntos y marchar separados”.
Al caer el 11 de Septiembre de 1973 la larga noche de la dictadura pinochetista, siendo el MIR una de las fuerzas de la izquierda revolucionaria chilena más radical de ese entonces, es una de las primeras organizaciones reprimidas para ser desarticuladas, pese a ello, en sus declaraciones expresaba que su labor como revolucionarios consistía en resistir, luchar y seguir defendiendo los intereses del pueblo y los trabajadores y fue así como muchas y muchos militantes lo hicieron.
Pélida Miralles y Oni Rojas di-Negri, los personajes centrales de “Un Cuento para Ernesto” vivieron en este contexto de convulsión política y de juventudes revolucionarias y soñadoras, fueron parte de éste proceso que fue duramente reprimido, vivieron y sufrieron desde sus convicciones políticas lo que significó que a punta de muerte, tortura y prisión se intentara detener la llama del sueño rebelde. Contexto Local

La historia de un “cuento para Ernesto” se desarrolla en la misma ciudad donde este prólogo empieza a tomar vida, La Serena, ubicada a 478 kilómetros al norte de Santiago, la capital chilena. Los hechos ocurren a pasos de los pasillos de la universidad donde estudiamos. Los personajes de esta micro-novela transitan por las calles donde los jóvenes que escriben estas líneas caminan diariamente.
Fue en estas tierras donde también se sintió el terror y la brutalidad de una dictadura que no quería oposición. Es así como la represión, las torturas y las muertes que se extendían a lo largo de Chile alcanzaron también a muchos de los habitantes de la región de Coquimbo, cuya capital es La Serena. Muchos fueron los lugares de reclusión y torturas y muchos fueron quienes, además, vieron desaparecer una vida cercana o la propia.
Aquí podemos pasar caminando por fuera de “la escuela experimental de música Jorge Peña Hen”, Colegio que lleva el nombre de un gran maestro (no su legado). Nombre que está relacionado a uno de los crímenes más espantosos de la dictadura, la “caravana de la muerte”
La Caravana de la Muerte es la comitiva militar que partió el 2 de octubre de 1973, luego del 11 de septiembre, recorriendo el sur y norte de Chile en un viaje de exterminio que cobró 96 víctimas. La misión fue ordenada por Augusto Pinochet y quedo a cargo de Sergio Arellano Stark, uno de los más importantes militares conspiradores del Golpe de Estado. Valdivia 12 muertos, Curicó 2, Linares 4, Cauquenes 4, La Serena 15, Copiapó 16, Antofagasta 14, Calama 26 y Arica 3.
Esta lamentable comitiva militar se dejo caer un 16 de octubre en la región de Coquimbo, muchos años después un 16 de octubre de 1998 el juez Garzón emite la orden de detención de aquel que había dado la orden para el inicio de la caravana de la muerte, ¿paradójico no?
Más paradójico es que la misma dictadura haya impuesto el 16 de octubre como el día del profesor, siendo que esa fecha coincide con el últimos día de vida del Maestro Jorge Peña Hen, un profesor de música que se atrevió a soñar que la música docta, no podía ser solo para aquellos que tenían mayor acceso, sino que para todos y todas, es así como funda la primera orquesta infantil de Chile y Latinoamérica.
Bajo este contexto es que lo acusan de internar armas en los violines de los niños después de un viaje a Cuba. Así funcionaba la dictadura, con montajes, con mentiras, con engaños.
Peña Hen fue llevado a la Cárcel de La Serena, al igual que muchos hombres y mujeres, frente al hospital de la ciudad. Hoy es un edificio abandonado, pero en sus pasillos y paredes aún se sienten los gritos, los simulacros de fusilamiento, aún se puede respirar la tortura y los interrogatorios.
Desde ese lugar es fácil llegar al regimiento Arica de La Serena, ubicado a pocas cuadras en una de las terrazas más elevadas de la geografía local. Allá arriba el famoso “profesor destino”, Osvaldo Pincceti Gac fue la voz de la tortura, antes de eso su trabajo era leer el horóscopo y predecir el futuro en una radio local. Ahora también estaba cargo de la suerte de los detenidos pero de una forma más cruel e inhumana.
Otro sector de la ciudad, es la Pampa, en uno de los tramos de esta larga avenida, se encuentra ubicada la escuela “Teresa Videla”, también conocida como el convento del Buen Pastor, pero que para algunas llevaba en la época de 1973 otro nombre mucho peor: “cárcel de mujeres”. Lugar al que eran enviadas mujeres que habían cometido algún delito. Sin embargo, a partir del 11 de Septiembre de 1973, es el lugar de reclusión de cientos de mujeres: campesinas, obreras, profesionales, dueñas de casa, detenidas por los agentes de la Dictadura. Allí llegaban después de pasar por el Regimiento “Arica” o desde allí eran sacadas para los interrogatorios que se efectuaban en el centro militar, lugar del que no sabían si saldrían con vida.
Así es, la represión abarcó todo el país, todos los rincones, cada lugar de esta tierra. Acá en La Serena no podía ser la excepción, Bernardo, Horacio, Jorge, Mario, Roberto, y muchos más vieron truncada su vida, otros aún viven con el dolor que significa haber visto caer a sus amigos, compañeros, familiares, hijos, padres y madres.

La relación de los y las jóvenes con la dictadura chilena.

Quienes escriben este prólogo nacieron durante los años 1987 y 1989, ¿El ocaso de la dictadura? Algunos nos dicen que no vivimos los tiempos más oscuros del país, que no tenemos derecho a opinar, que la dictadura no nos afectó, que no habíamos hecho filas durante la UP, que no nos pasaron las balas por la espalda, que nadie nos torturó, que no conocimos la vida en el exilio.
Pero nuestras vidas, nuestros encuentros callejeros, banderas y colores nos fueron contando una historia que no conocimos primeramente por libros, investigaciones o textos, no fue por reportajes vistos en televisión, diarios o revistas que fuimos conociendo que en nuestro país algo ocurrió durante 17 años. Éramos muy pequeños, algunos aún no nacíamos, cuando un 5 de octubre de 1988 en un plebiscito los chilenos y chilenas dicen NO a la dictadura, bajo la promesa de un canto que decía: “Chile la alegría ya viene”, éste era el eslogan de la propaganda de una coalición de partidos y movimientos sociales llamada “Concertación”, años después nos enteraríamos que la mayoría de los y las votantes habían elegido, sin saber, a una coalición que mantendría la institucionalidad dictatorial profundizando el modelo social y económico que instauró a punta de tortura y prisión la ultra-derecha de éste país.
Así, fuimos creciendo, escuchando de un senador vitalicio, de un general en retiro, un dictador. Dependía de quien se pusiera frente al micrófono para saber cuál era el adjetivo a utilizar. Escuchábamos de algunos adultos, que ese senador vitalicio era un “salvador de la patria”, nos había liberado del “yugo marxista”, otros en cambio despotricaban contra él, le gritaban ¡Asesino! cada vez que lo veían aparecer en la tele, le guardaban rencor y odio, aún así no lográbamos entender lo que esto significaba, nuestros libros de historia en el colegio nada decían de esto, tampoco los adultos querían profundizar sobre estos temas, años después surgen las primeras apariciones en los textos de historia que llamaron a la dictadura “transición democrática”, algo que parecía tan lejano, como la independencia o la colonia, como las historias de los próceres, sin embargo las calles, la cultura, la música popular, la palabra hablada, la oralidad, fueron dando espacios para el cuestionamiento... ¿Qué había sucedido?¿Qué habían vivido nuestros padres, madres, abuelos y tíos?
Escuchamos que existía una tal Violeta, que un premio nobel de literatura no sólo había escrito “20 poemas de amor y una canción desesperada”, además había escrito “Aunque los pasos toquen”, algo se oía sobre un cantante que le habían cortado sus manos y su lengua, algo se lograba oír entre el ruido de las ciudades de un presidente que había muerto en la moneda a manos de militares chilenos, que un 5 de octubre pero de 1974 un hombre, un médico había sido acribillado por más de 600 efectivos policiales y militares.
La calle nos hablaban también, en los muros veíamos consignas “Libertad a los presos políticos”, “asesino suelto PIN8”, firmaban un tal FPMR, un tal MIR, veíamos como mujeres, ancianas y jóvenes marchaban con fotos en blanco y negro donde aparecían las caras de sus familiares que habían muerto o desaparecido, muchos de ellos lucían jóvenes en las fotografías. Sus familiares, hijos e hijas, padres, madres, abuelas, esposas y parejas nunca habían podido darle un entierro, no habían tenido funerales y nos preguntaban a la sociedad completa..¿DONDE ESTÁN?
Éramos niños, éramos jóvenes, no teníamos respuestas a esas preguntas, aún así sentíamos el deber de responderles, sentíamos la necesidad de dar tranquilidad y calma a su dolor, años más tarde descubriríamos que hubo centros de torturas, que hubo quienes vivieron dolores en el exilio, sin embargo nos dimos cuenta que solo una respuesta podríamos darle….
Es así como pudimos empezar a llamar las cosas por sus nombres, el presidente que había muerto, había sido víctima de un golpe de estado...¿porqué? por el hecho de nacionalizar el cobre, acelerar un proceso de repartición de tierras, por estatizar bancos y empresas, porque aquellos que habían estado históricamente relegados a la pobreza, controlaban las fábricas, se hacían cargo de su vida, fuimos descubriendo que esto no solo paso aquí, que allá en la Argentina los gritos de GOL del mundial de 1978 habían callado la misma voz que callaron los militares con sus tanques y aviones aquí en Chile, que esa voz no solo se escuchaba en este extremo sur, sino que esa voz resonó por todo el continente, desde Río Bravo hasta la Tierra de Fuego, que más arriba en una isla unos barbones soñaron con hacer la vida más digna para todos y todas, que existía un Che Guevara, un Fidel, que acá en Chile el médico muerto en la calle Santa Fe por efectivos policiales, era uno como aquel comandante argentino-cubano, y su nombre era Miguel, que existían banderas con los colores rojo y negro y una historia de dolor, de explotación, de opresión, que se replicaba por toda Latinoamérica... ¿y acaso seguíamos en dictadura?
Descubrimos que había un temor aprendido arraigado e impuesto por la violencia para no conocer de estos temas, nos proponían “perdón y olvido”, pero nosotros no teníamos miedo... y apenas tuvimos conciencia o pudimos escaparnos de clases, de casa, nos encontramos en las calles con otros y otras que tenían nuestros mismos sentires y pensares, estudiantes secundarios, universitarios, jóvenes trabajadores, rebeldes, “piensos y piensas” nos encontramos y compartimos libros, documentales, panfletos, nos encontramos con nuestros dolores y dudas, nos encontramos con nuestros saberes e ignorancias, armamos el puzzle de la historia prohibida para nosotros y también nos encontramos con aquellos que resistieron, con aquellos que sobrevivieron y nos abrazamos en la historia. Algunos de ellos y ellas tenían miedo, algunos tenían rabia, también a veces perdían la esperanza, también tenían pena, pero luego se apasionaban, nos contaban historias de jóvenes pobladores, de jóvenes universitarios, rebeldes, soñadores, luchadores, luchadoras, revolucionarios quienes habían decidido entregar su vida por construir una “nueva habana” y ya no bastó con saber. Las palabras, las conversaciones, nos invitaron a la acción...juntos y juntas retomábamos, re-significábamos... construíamos con memoria.

Porque la política no sólo se lee, se vive y se con-vive.

Sí, y ahora ya teníamos una respuesta para quiénes nos preguntaban ¿Dónde están?. Ahora les decíamos “ESTÁN AQUÍ”, pues por las calles no marchábamos solos, solas… cuando caminábamos íbamos con ellos, nuestros muertos…
Pero no solo nos dimos cuenta que sus banderas, sus ideas, sus sueños estaban vivos en la memoria colectiva de nuestro pueblo, también pudimos apreciar que por el otro lado, el legado de la dictadura también estaba vigente, gritábamos educación gratuita y los gases nos atacaban, exigíamos dignidad para los trabajadores y nos llovía el agua del guanaco, allá en el sur un trabajador forestal se atrevió a exigir justicia y las balas perforaron su cuerpo, no sus ideas, su nombre era Rodrigo Cisternas... ¿Acaso esta era la alegría? (nos cuestionamos) Descubrimos que muchos campesinos fueron asesinados por correr cercos en la reforma agraria, y nos dimos cuenta que allá en una tierra llamada Wellmapu un joven estudiante universitario Matias Katrileo habia sido asesinado por la espalda.

Donde había una bandera, hoy hay un centro comercial. Donde había una historia, hoy hay un puesto de comida rápida. Donde florecía el copihue, hoy hay un páramo. Donde había memoria, hoy hay olvido. En lugar de justicia, limosna.
En lugar de patria, un montón de escombros. En lugar de memoria, inmediatez. En lugar de libertad, una tumba. En lugar de democracia, un espot publicitario. En lugar de realidades, cifras.
Ellos, los de arriba, nos dicen: "Este es el futuro que te prometimos, disfrútalo". Sub-Comandante Insurgente Marcos.

Pero el futuro que nos prometieron no es el futuro por el que Ernesto, otro de los personajes de la novela histórica que aquí se presenta, se quedó sin padre, no es el futuro por el que los violines y partituras del maestro Peña Hen fueron destruidos, el presente, el hoy, que no se corresponde con el futuro prometido, el de aguas contaminadas, el de sueldos indignos, el de educación de mercado, no es el que soñaba Miguel, no es el que nutría el canto a la vida de Victor Jara. Cuando nos imaginamos lo que viene pensamos en el “poder popular”, en la vida digna, y es aquí donde volvemos a dar respuesta a la pregunta ¿Donde están? están aquí, si acá con nosotros, cuando alzamos la bandera de la libertad ellos la toman junto a nosotros, cuando recorremos las calles exigiendo educación gratuita para todos y todas, se escucha también los gritos de hombres, mujeres y jóvenes que se hicieron para siempre inmortales en la historia de nuestro pueblo, seres humanos, piensos y piensas que día a día nos dan la mano y nos invitan a caminar junto con ellos, que en esa gran Avenida de Aguirre, o en el frontis de la Universidad de La Serena, en cada 29 de marzo, 11 de septiembre o 16 de octubre ahí están todos los compañeros y compañeras de Pélida Miralles y Oni Rojas di-Negri junto a nosotros, junto a su pueblo, nuestro pueblo.

Nosotros tenemos una deuda con aquellos que murieron luchando. Y nosotros queremos que llegue el día en que nosotros podamos decirles a ellos y a ellas, a nuestros muertos y a nuestras muertas, tres cosas nada más: no nos rendimos, no nos vendimos, no claudicamos." Subcomandante Insurgente Marcos, Caracol de La Garrucha, 2 de agosto de 2008.


EL AUTOR
Edgardo Carabantes Olivares. Ex preso político. Coordinador en los 80 del área educacional en la Región de Coquimbo de la Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia. Profesor de Estado en Historia y Geografía. Consejero Educacional y Vocacional. Magister en Psicología Educacional. Autor del Libro “Fragmentos de la Memoria”, Quimantú 2005. Participa además con cuentos en los libros "Miradas diferentes" y en “Aulas que permanecerán vacías”, Cuarto Propio. Cantor popular. El año 1988 queda entre los diez finalistas a nivel nacional en el Festival “El pueblo le canta a Violeta”. Desde 1999 se desempeña como académico en el Departamento de Educación de la Universidad de La Serena



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