Pepito milagroso
En memoria de José Carrasco Tapia, "Pepone"
Cheña








Hace 15 años, en la madrugada del 7 de septiembre, bajo estado de sitio y con toque de queda, un comando de agentes de la CNI secuestró de su casa al Pepone, no lo dejaron ponerse los zapatos. Echaron la puerta del departamento abajo y lo empujaron subiéndolo a un vehículo que emprendió veloz carrera. Iván, su hijo mayor salió corriendo detrás, pero nada pudo hacer. Lo asesinaron en un costado del Cementerio Parque del Recuerdo. Doce balas en la cabeza y una en un pie. Después huyeron. Han pasado quince años y sus asesinos siguen amparados en el anonimato, aunque ya hay pruebas suficientes contra ellos para que la justicia los condene.

Nos ha hecho falta el Pepone en estos quince años. En mi caso, perdí a un amigo, a un hermano que hasta me retaba y también me cuidaba y se preocupaba cariñosamente de mis hijos en el tiempo en que estuvimos viviendo en Chile, con el Loco al otro lado de la Cordillera. Se preocupaba los domingos de hacer almuerzos familiares en su departamento en el barrio Bellavista en donde el Queco y el Rodrigo aprendieron a ser hermanos de Iván, Luciano y Alfredo y yo heredé una nueva y gran amiga: la Vera.

La última imagen que tengo de él es tirado en medio de mis dos hijos que estaban en cama, en mi departamento en Buenos Aires, preparándose para ver un programa en televisión y asegurándonos que él los cuidaría bien. Yo ese día viajaba a Chile y el Loco me llevaba al aeropuerto. El estaba en Buenos Aires porque aquí le habían pedido, suplicado y exigido que saliera por un tiempo porque las amenazas de muerte en su contra eran cada vez más peligrosas y reiterativas. "Trata de viajar tú también Loco, nosotros tres nos encargamos de todo", dijo muerto de la risa. Era un niño grande más entre los dos más chicos. Pero no aguantó muchos días al otro lado de la cordillera. Menos cuando supo que la Silvia estaba enferma de la columna y complicada. Volvió el viernes 5 de septiembre. Y el 7, al saber la noticia del atentado, estuvo en ANALISIS, trabajando codo a codo con los demás. Se olvidó de las amenazas y de que estaba en la mira de los asesinos y sus cómplices que sabían y contaron que a esa hora de la noche, él estaba en su casa, con su familia a la que no quería abandonar.

Me imagino, cómo habría interrumpido a cada instante las conversaciones de los chat de internet y habría inventado miles de actividades para que no nos volvieramos a distanciar más. Sospecho que las empresas de celulares habrían tenido en él uno de sus mejores clientes, porque si había algo que le gustaba -además de otras cosas por cierto- era dedicarse a pasar horas en el teléfono. En estos años, el Pepone habría inventado algo para salir a pelear por el cierre de los medios de comunicación, por la prohibición de la píldora del día después, por la falta de espacios para los jóvenes que quieren hacer algo distinto y no encuentran apoyo. A lo mejor habría emprendido la aventura de ser un parlamentario y quizás estaríamos bien representados en medio de los honorables. No me cabe duda que no habría estado quieto en estos años, tal como no lo estuvo en Puchuncaví, en Venezuela, en México y después en Chile. Por eso les molestaba y por eso, decidieron asesinarlo.

Nos quitaron al Pepone en el momento en que más lo necesitábamos, tal como hicieron con el Jécar años más tarde y de nosotros depende, una vez más, demostrarles que a pesar de la pena y el vacío, ellos están presentes.


El trabajo a continuación, es una carta de los colegas de Pepone de la ex Revista ANALISIS, escrita y leída por la Cheña en la romería del sábado 8 de septiembre de 2001 al costado del Parque del Recuerdo.

Hace 15 años que te echamos de menos. Hace 15 años que un grupo de asesinos decidió que no podías seguir corriendo acelerado por las calles de Santiago, para estar en todas las reuniones a las que eras invitado y en las que siempre tenías algo que decir, y después llegar acelerado y subir con tu andar característico la escalera angosta del entrepiso de la vieja casa de Análisis donde te sentabas apurado a escribir tus páginas de la sección internacional, poniendo tu expresión de inocente-pillo ante las caras de angustia de todos los que te esperábamos para cerrar la revista.

Hace 15 años que por las calles de esta ciudad, llena de smog, no te vimos más arriba de tu vieja renoleta, una de tus primeras adquisiciones después de volver del exilio, la que usabas tanto como lugar de reuniones como de bus escolar donde se subían el Iván, Luciano, Alfredo, los Cárdenas, el Manuel, el Queco o el Rodrigo cuando los invitabas a encumbrar volantines y jugabas con ellos como uno más.

Han pasado muchas cosas en estos 15 años Pepo, pero por sobretodo te seguimos echando de menos y hay épocas en que tu ausencia se hace más pesada y difícil de asumir. Te echamos de menos cuando dudábamos sobre la conveniencia de inscribirnos o no en los registros electorales para participar en el plebiscito del 88. Finalmente, los más duros se decidieron el día en que Jécar llegó al Análisis y anunció en la puerta que venía del Registro Electoral y que allí esperaría a quien quisiera putearlo. Te echamos de menos en esas grandes movilizaciones que lograron devolvernos ciertas cuotas de esperanza y nos emocionamos cuando, después del triunfo del NO, en la noche del 5 de octubre, tu rostro estuvo presente en la Alameda bajo la forma de afiches caseros hechos por la gente que salía a celebrar.

También nos hiciste falta el día que Colo-Colo, tu equipo ganó la Libertadores en el Estadio Nacional. Aunque seguramente te lo habrías perdido, por estar reunido armando alguna alianza que hiciera posible más cupos para el MIR en la plantilla parlamentaria del partido PAIS. Jécar, por ese entonces ocupaba tu lugar y crecía todos los días como un potente y prometedor dirigente de ese sector. Por eso, los mismos que te sacaron de tu casa y te arrebataron de nuestro lado, también lo asesinaron.

Te echamos de menos Pepo cuando con la llegada de la democracia, o más bien, cuando se inició la década de gobiernos de la Concertación, las revistas en las cuales muchos de sus dirigentes importantes eran columnistas, o nuestros entrevistados, comenzaron a cerrarse, producto de la asfixia económica que significaba no contar con una parrilla de avisos. Fue en ese tiempo que un genio de las comunicaciones -hoy exitoso empresario- patentó la idea de que los medios eran un producto más del mercado y, por tanto también debían competir. Hiciste falta para organizar a tantos colegas que se quedaron sin su fuente de trabajo, que tuvieron que salir del país o dedicarse a trabajar en cualquier cosa para sobrevivir. Hoy, esta dramática realidad no ha cambiado, más bien se ha agravado, y solo hay algunos proyectos que dan una valiente batalla por sobrevivir.

Las expectativas y sueños que tuvimos, cuando a mediados de los '80, nos imaginábamos un país sin Pinochet están bien golpeadas, especialmente entre quienes siempre se han llevado la peor parte de la torta y que hoy son los más afectados por la crisis económica. Si pues Pepo, porque la soberbia del gato tipo jaguar con que andaban pechugones unos cuantos, se estrelló estrepitosamente con la dura realidad y dejamos de sentirnos agrandados, para transformarnos en el país más depresivo del continente.

No son muchas buenas noticias las que han pasado en estos 15 años y por eso, te decía, que tu ausencia se hace más dura. Porque alguna carta habrías sacado de la manga para cambiar el giro de estos tiempos. Lo que no ha cambiado -aunque con 15 años más de cansancio y de calendario -es nuestro empeño por construir algo que se acerque, o sea en algo parecido a lo que alguna vez soñamos todos juntos. Pero a veces estos esfuerzos se realizan de manera aislada y pierden fuerza. Sin embargo, no todo es pesimismo, especialmente cuando vemos que nuestros niños de ayer se han convertido en adultos jóvenes que, a pesar de todas las dificultades quieren hacer oir su voz. Tienen en sus genes la porfía y las ganas que teníamos y nuestro deber hacia ellos y contigo es no dejarlos solos, sino apoyarlos.

También, como sobrevivientes de una época, como periodistas de la desaparecida ANALISIS, nuestro mejor homenaje y la única manera de que estés siempre presente es contribuir a la reconstrucción de nuestra memoria colectiva para que nuestros hijos y los de su generación aprendan a conocer a tantos que hoy no están y sepan de que si algo guió sus vidas y su quehacer fue la pasión por una sociedad distinta. Cada día hay que reactualizar la crónica de tu vida y, como periodistas, amigos y tu equipo de ANALISIS, a eso nos comprometemos hoy contigo.



Homenaje a Pepe en el Colegio de Periodistas en 2001

A medida que pasan los años, siento cada vez con más fuerza que Pepe nos hace una falta sin fondo, como lo dijera el poeta César Vallejo. Y que sus asesinos sabían a quien mataban esa madrugada del 8 de septiembre de 1986. Mataban a un hombre que en 1990 nos habría hecho movilizarnos por cielo, mar y tierra para impedir que la llegada de la Democracia significara el cierre de los medios de comunicación que habían combatido a la Dictadura. Un hombre que nos hubiera convocado a protestar, argumentar, gritar y dialogar para que ello no ocurriera. Y que si, a pesar de todo, igual hubiera visto que abandonaba a su suerte a nuestros medios dejándonos un poco como sin cuerdas vocales y sin manos-, nos habría instado -y nos hubiera convencido, sin duda-, a fundar nuevos medios de comunicación. Fueran éstos diarios, revistas, radios, pasquines, boletines o hasta para una señal de TV cable.

Mataron a un hombre que se las habría ingeniado para seguir con la pluma parada, ya fuera sobre una hoja de papel, una tecla de computador o un obturador fotográfico. Un hombre que si hubiera estado con vida para la estruendosa e impredecible irrupción de Internet, nos habría embarcado, obviamente, en un medio electrónico. Y habría sido exitoso. Y más aun, lo habría fundado como complemento a otro medio más tradicional.

Mataron a un hombre que no hubiera permitido que nos quedáramos sin pega. Y que habría dado la pelea para que todos los de entonces hubiéramos seguido siendo periodistas. Reporteros de grabadora, de traqueteo por las calles, de horas de cierre y pautas democráticas. Periodistas de tomo y lomo.

Mataron a un hombre que no nos habría permitido abatirnos y cambiar el periodismo por las relaciones públicas, las asesorías de prensa o las consultorías. Un hombre que nos habría conminado a seguir haciendo investigación periodística y a masificar nuestros mensajes, luchando contra viento y marea por entregar la verdad día a día. Para ser la voz de los que casi nunca tienen voz y la de aquellos a los que siempre se les promete que están a punto de tenerla.

Mataron a un hombre que nos habría recordado a diario la inclaudicable necesidad de perseverar y encontrar la verdad, esa que se esconde tras las cortinas de humo del poder. Un hombre que no nos habría dejado olvidar que las apariencias nunca engañan y que nos habría refrescado cotidianamente la memoria, para construir el futuro integrando el pasado. Un hombre que nunca habría permitido que nos olvidáramos de lo esencial, que es invisible a los ojos como decía El Principito.

A ese hombre mataron antes que amaneciera, ese 8 de septiembre de hace 15 años. Y el recuerdo de ese hombre, como hay pocos, es el que nos debe hacer despertar hoy. Nos debe remecer como gremio. Nos debe impregnar de tantos valores que hoy parecen olvidados o dormidos. Nos debe volver a contaminar de creatividad, rebeldía, irreverencia. De afanes, de búsquedas, de pasiones, de razones. Qué nos debe motivar a recuperar ese corazón que antes latía con tanta fuerza, con una energía que nos permitió, como gremio, dar la pelea cuando era realmente difícil hacerlo. Qué nos hizo marchar, no evitando el miedo sino combatiéndolo, para enarbolar la bandera de la libertad de expresión una y cien veces. Qué nos hizo defender, una y mil veces, aquello de que la libertad de expresión ? es un derecho y no una concesión a los obstinados?. Qué nos hizo defender nuestro oficio en forma implacable, cuando todas las condiciones nos eran desfavorables. Qué nos hizo defender a nuestros medios como fieras cuidando a sus cachorros. Qué nos hizo arremeter contra la censura y la sinrazón con ingenio, unidad, solidaridad y sentido de equipo.

Eso esperaría hoy de nuestro gremio el Pepone. Tal como esa tarde del 7 de septiembre del 86, cuando entre el político y el periodista, se impuso en él el periodista y en vez de fondearse, se autodesignó periodista en turno, presto a cambiar la portada del Análisis, que ya estaba impreso y que obviamente -como nos dijo- había quedado añeja.

Pepe querría que retomáramos nuestro rol. Nuestro importante papel de, como dice lo que ya parece una leyenda, ser el cuarto poder. Querría que nos organizáramos, que nos aglutináramos, que nos cobijarámos unos a otros en medio del temporal que rodea a nuestro medio, y arrancáramos pa'delante. Para recuperar la fuerza, la garra, la ilusión. Y nos reencantarámos con nuestro bello oficio. Y le devolviéramos la dignidad. Y nos otorgarámos el sitial que nos corresponde. Y lo dijéramos contra viento y marea y a los cuatro vientos.

Como le gustaría al Pepone que hiciéramos noticia con esa noticia: que el periodismo chileno ha regresado para no volver a ceder el lugar que nunca debió perder. Pepe le daría titular de portada. Y su muerte tendría algún sentido, si es que una muerte injusta, prematura y bárbara puede tenerlo...

Patricia Collyer - Santiago, 7 de septiembre de 2001.
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