La hija del flaco Raúl
En memoria de Carlos Julio Fernández Zapata
Detenido Desaparecido el 10 Septiembre de 1974


Por Hilda E. Espinoza Figueroa





Ya no se escuchaba a los Inti-Illimani en los alto parlantes del Campanil, ya no se veían banderas rojo y negro, ni tampoco rojas, ni verde, ni celestes. Mi universidad era otra después de veinte años. No era el ambiente del tiempo de antes de mi exoneración. En clase, entre muchachos felices que podrían ser mis hijos y entre las bromas de mechoneos, se me acerca una lolita rubia sonriendo, "soy Cecilia Fernández", me dice. ¿Cecilia?, ¿la hija del flaco Raúl? ¡Cómo pasan los años! ¿Y ahora era mi compañera de curso en Psicología?

A Carlos lo conocí por los años setenta como integrante de "Los Chanchitos", al que pertenecía mi compañero, también "Carlos" o "Marcelo" para ellos. El flaco Raúl era muy alto y delgado, con mostachos negros y grandes ojos negros, de apariencia muy seria. Lo divisaba siempre por el Foro Universitario, ya que estudiaba Sociología y Economía. Los veía leyendo y estudiando mucho: política, economía e historia. Se desaparecían todos los fines de semana en la casa de su mamá, en las cercanías del Valle Nonguén, alejada de las miradas. Allí recibían instrucción militar y física.

Esos eran los chanchitos, muchachos inquietos; y sus inquietudes iban cada día en aumento, estaban el Tata Daniel, tú hermano, Carlos, Fabián y otros que ya no recuerdo sus nombres, pero cómo no voy a recordar que se preparaban como para su gran examen, y era por él que trasnochaban. Y su examen se da a fines de septiembre del setenta y uno cuando piden su incorporación al Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Tenían la entrevista definitiva con Miguel Enríquez, y eso los tenía inquietos. ¿Lograrían su incorporación al MIR? El MIR se imponía como la mayor fuerza política, y como "MUI", se dejaba notar en las Escuelas de Sociología y Antropología, reuniones tras reuniones, junto a Miguel, el Baucha, Luciano y tantos otros.

Recuerdo tu figura como el Quijote, con tú chaquetón oscuro, tú bigote y pelo lacio, en el portal de la pieza de la Clínica. Habías ido con otros Chanchitos a saludarme, ya que había sido mamá. Se reían mucho por los acontecimientos de esos días. Decían dos nacimientos, el de ellos como Miristas y el de mi hijo.

Te vi muchas veces con Gloria tú compañera, la de Medicina, paseando muy enamorados por el Barrio Universitario. En invierno bajo un gran paraguas, la lluvia parecía no importarles. Disfrutaban los trabajos de verano, como momentos de encuentro y experiencias a futuro. Tiempo después se casaron y nació Carlitos. Tú mamá, la señora Elena, estaba soñando feliz con trasmitirle su folklore, enseñarle a tocar guitarra. Y juntar a todos los nietos, ya que para ella éramos todos sus hijos, en una gran ronda infantil, cantando sus canciones.

Juntos Raúl y Marcelo se proyectaban para su gran salto a Cuba, en Junio de 1973. Habían sido seleccionados para ir a la Isla a recibir las enseñanzas de la revolución, Los tenía expectantes, pero a la vez muy preocupados, por lo que ocurría en el país, indicios de movimientos militares. Deciden aplazarlo para Septiembre. ¡Que visión o análisis político de la coyuntura que se vivía los hizo quedarse!

Llega el Golpe Militar y buscan refugios en distintas casas, tú caes detenido por algunos días. Por lo que deciden buscar seguridad en Santiago para poder seguir trabajando. Atrás quedan los paseos por la universidad y los hijos. La capital los absorbe, pero siguen en contacto permanente, la amistad es superior.

Por las cartas que recibo, se que estás bien, con problemas de subsistencia como todos, pero seguro. Hasta que en septiembre me llega la noticia que te han detenido. Debo avisarle a la señora Elena, ella va en tú búsqueda, nada consigue, sólo acrecentar su dolor. Gloria va a mi casa quiere leer en mi carta como buscando entre líneas, intenta saber la verdad de tu detención. ¿Dónde está Carlos o Raúl?. Su tristeza es inmensa, está embarazada de su segundo hijo y debe enfrentar este gran dolor de tener a su compañero Detenido Desaparecido. ¡Qué impotencia, nada puedo hacer para ayudarla!

Flaco, cómo nos junta la vida, ese pequeño que venía en camino, era tú hija Cecilia, la que me sonreía en la Universidad tal como lo habías hecho tú años atrás.

HILDA E. ESPINOZA FIGUEROA
"LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR"
Santiago, agosto de 2001

Sitio creado por
ULTIMOS TRANVIAS
© 1999 - © 2000 - © 2001 - © 2002
© 2003 - © 2004 - © 2005. ESCRÍBANOS