Confieso que he luchado y alcé los puños iracundo
Para Ricardo Ruz
P. Ruz






Mi intención era escribir algo más biográfico sobre Ricardo, pero no quiero dejar pasar esta fecha, porque el 27 de noviembre de 1979 fue abatido en Pedro de Valdivia con Grecia. Los diarios de la época dicen: "ayó el cuarto hombre del Mir". En otros titulares se lee: "mirista abatido era alumno de Fidel Castro".

Para quienes lo conocieron, tal vez lo recordarán como Julio o como Alexis, sus nombres políticos. Otros lo podrán recordar como alumno del Liceo Amunátegui en Santiago, o del Liceo de la Serena o de Chillán. También Habrá quienes lo conocieron como miembro de la Flech en esa última ciudad; como alumno de Leyes en la Universidad de Concepción, o como profesor en Lota.

Otros lo situarán en la toma de Lo Hermida y después del golpe, algunos sabrán de sus largas horas dedicadas al ajedrés en la Penitenciería; de su desarrollo como artesano y también como poeta.

Yo lo recuerdo como hermano mayor, muy estricto y exigente, reservado y misterioso para mí. El es el que me recitó de memoria la frase del Ché: "Los revolucionarios tienen hijos que en sus primeros balbuceos no pronuncian el nombre de su padre y mujeres que lo dan todo por el bien común". Con el tiempo encuentro que la frase es muy machista, pero lo importante es que fue la introducción para explicarme muchas cosas me hicieron decidirme por el MIR cuando trabajaba muy ligada a los estudiantes socialistas en Chillán.

Desde la cárcel Ricardo escribía muchas cartas y en ellas seguí aprendíendo cosas de valor universal. "Somos parte del error colectivo", me decía en una de ellas en la que respondía tal vez a una mirada crítica de nuestro trabajo de aquellos tiempos. También aprendí a valorar la familia, que en nuestra peregrinar de aquellos años había quedado en un lugar bien recóndito para mí. Pero él tenía cosas muy claras y poco días antes de su asesinato, y en plena clandestinidad, visitó a mi abuelita, una persona de otra época, muy contraria a nuestras ideas, pero el hilo conductor de nuestra identidad familiar.

Hay versos muy logrados que escribió desde la cárcel, como aquel que decía,

"aquí estoy, aquí me quedo,
de este mar soy una gota
pero de este mar y de este pueblo".

La última vez que lo ví fue en la Academia de Guerra. La Fach permitió que lo visitara en junio de 1974. El salió con la amnistía del 78, con el puño en alto y cantando la Internacional, como aparece en una foto que publica El Mercurio.

En el año y medio que estuvo en libertad, Ricardo trabajó primero ligado a la Vicaría de la Solidaridad organizando a los ex presos políticos. Pero luego pasó nuevamente a la clandestinidad. De aquella época es un largo poema que se llama, "Confieso Camaradas", algunos de cuyos versos transcribo:

"Confieso que he luchado
y alcé los puños iracundo.
Confieso que guié los pasos,
al horizonte enrojecido.

Confieso
que alcé los ojos,
cogí la mano,
cogí la piedra,
cogí el arma abandonada.

Confieso
que fui camarada
de horas tremendas,
y espalda con espaldas
demandamos al destino.

Confieso
que canté victorias,
lloré derrotas,
y alcé la voz del compañero caído.

Confieso que he luchado,
que he creído,
que he cantado.

Confieso que tenido
izado mi corazón al cielo.
Confieso que tensé los nervios
y disparé la flecha

Confieso que un niño
murió en mis sueños

Confieso que he sido un hombre,
> que he odiado y he temido,
que he amado y he muerto,
que estoy vivo y estoy luchando.

Confieso que tengo
el corazón encallecido,
anciana mis sienes,
y serena la frente.
Confieso que la vida fue una lucha
y que la lucha es mi vida.
----------------------

Confieso que así
las manos extendidas
y alcé en mis brazos
un niño solitario
Del ausente compañero
besé la frente de la madre
y fui su hijo >
y fue mi madre

Confieso que tengo
las manos empuñadas,
tensos los nervios
y crispado el corazón.
-----------------------

He caminado
los senderos de la lucha,
la primavera florida, los cielos azules,
el himno de las voces juveniles,
una pared rayada, un discurso encendido
y un tumulto de corazones jóvenes avanzando

Tengo la impaciencia
de una espera de años,
y alzo
todas las banderas
por mi mano.

Ricardo tuvo tres hijos: Ricardo, Alexis y Pedro y acaba de tener un nieto que se llama Ricardo Alexis.

P.Ruz

      


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