Sarita Astica,
la de "Valparaíso mi amor"
Del cerro Los Placeres yo me pasé al Barón...
Homenaje a Sara Astica Cisternas
Por Martín Faunes Amigo

CONOZCA:
Adiós a Sara Astica
La historia de José Domingo Cañas
La historia de Teobaldo Tello Garrido, el detective que hizo desaparecer la dictadura



Conocí a Sara, cuando, vacilante, daba pasos para integrarme a su familia en calidad de pololo de una de sus primas. Sara se quedó mirándome con esos ojos tan grandes que tenía, y me quiso acoger sin preguntarme quién era ni de dónde venía. Me invitó al cumpleaños de su marido el Marcelo.

Me abrió, en otras palabras, las puertas de su casa como a uno más cualquiera que decía amar a una de sus primas. Puede parecer cursi, pero así fue, así lo sentí, y así disfruté de unas ollotas de cazuela, de porotos con riendas, de jote y poesía, de sainetes y drama, de comedias. De amistad.

Eran los tiempos de "Valparaíso mi amor", de "A la sombra del sol" y de "Voto más fusil". Eran años rojo y negros y ella como yo queríamos cambiar el mundo. No era raro. Todos por los sesenta queríamos cambiar el mundo. La Sara era más que consecuente con esto, es que ella quería de verdad otro mundo para sus hijos y para los hijos de sus hijos, y para los hijos de todos los que la exclusión clásica de esta sociedad, por pobreza, los mantenía marginados.

Yo pensaba igualito, y Sara, bella, risueña, diáfana, siguió pensando también lo mismo. Fue castigada por eso de las maneras más crueles que se conocían e inventaron además otras aún más horrorosas.

Al término de ese infierno, cuando era expulsada de este país que quiso tanto y que un tirano la obligó a abandonar, nos habló de un detective que tenían ahí, mal herido, preso con su mujer en la casa de horror de José Domingo Cañas, y que acariciaba sus cabellos después de que los animales la castigaban por no delatar a sus compañeros. Ese detective, era Teobaldo, el mismo que la Sarita nos contó que a veces lo confundía con un ángel, porque a pesar de sus heridas trataba de aliviarla a ella de las suyas. Teobaldo luchó también como la Sara por un mundo más bello y más justo, y fue detenido como lo fue la Sara, pero él continúa todavía desaparecido. Hoy sin embargo, tal vez, la Sara esté jugando a la ronda con él, y con su Marcelo Gaete, muerto hace unos meses, y también con Lumi Videla, con Sonia Bustos, con la chica María Cristina López Stewart, con Mónica LLanca, con la chica del tres, con el caluga, con Marcelo, con los cabros Andrónico, con D'orival y las Jacquelines, y con tantos otros y otras, mujeres bellas, hombres buenos que cayeron en manos de la tiranía sólo por querer cambiar el mundo, sólo por ser porfiadamente consecuentes, sólo por no aceptar que este mundo lleno de injusticias tenía que seguir siendo así igual, lleno de injusticias.

Sara Astica, madre buena, actriz hermosa, elegante, prima querida, hermana, amiga, compañera luminosa, desde este mundo que ahora dejas, los que te sobrevivimos decimos para ti «¡Sarita, hasta la victoria, siempre!».

      

Sara Astica Cisternas, militante del MIR, bella actriz que hizo innumerables obras teatrales y películas como la recordada "Valparaíso mi amor", murió en Santiago de Chile en el otoño de 2007, rodeada de sus hijos, nueras, primas, primos, amigas y amigos, ex compañeros y ex compañeras. Había venido al país para conocer a la última nieta nacida unos meses antes. Sarita estuvo presa en José Domingo Cañas junto a su marido Marcelo Gaete y algunos de sus hijos, por entonces unos chiquillos. Después la obligaron a deambular sola por diversas cárceles de la dictadura. Finalmente, fue expulsada del país y pudo, en Costa Rica, retomar su carrera artística, para, junto a Marcelo Gaete, ganar varias veces el premio nacional de teatro y convertirse en catedrática universitaria.

Cabe señalar que si bien Sara rehizo su vida en el exilio, jamás perdió su calidad de militante de la revolución, destacándose su trabajo logístico en el apoyo a la guerrilla sandinista, y su labor de acogida en Costa Rica a todos los que por allí pasaron en exilios tras sufrir cárceles y persecuciones.

A Sarita se la llevó el cáncer, esa maldita enfermedad que está al acecho siempre de los que sufrieron la tortura. Tras una misa en la iglesia de Plaza Ñuñoa, la caravana que la conducía al crematorio se detuvo frente a la Casa de Torturas de José Domingo Cañas, donde recibió el homenaje de sus ex compañeras de prisión, y donde se dejaron todas las flores que recibió en su funeral, como homenaje a los que allí hicieron desaparecer o ejecutaron. Sólo quedó sobre su ataúd una bandera roja y negra que lo cubría y lo adornaba, y un brazalete del MIR con que la cremaron.

Sara Astica era hija del escritor y poeta revolucionario Manuel Astica, sindicalista y periodista, considerado como el cabecilla de la llamada "Sublevación de la Escuadra de Chile", ocurrida en Coquimbo en 1931. Astica, junto a Alfonso Alcalde y Eduardo Anguita, creó el ya legendario colectivo literario La Mandrágora


Si sabe algo más sobre las o los compañeros cuya historia leyó, compártalo con un e-mail para que todos podamos conocerlo.
Si sabe algo sobre cualquier otro compañero desaparecido o asesinado por la dictadura, compártalo también con nosotros, eso ayudará a que jamás los olvidemos.


Sitio creado por
ULTIMOS TRANVIAS
© 1999 - © 2000 - © 2001 - © 2002
© 2003 - © 2004 - © 2005 - © 2006 - © 2007. ESCRÍBANOS