El último de los buenos que alcanzó a verlo
Sergio Pardo Pedemonte
Aminta Traverso






Conocí a Sergio cuando llegué como alumna al British High School y me encontré a este estudiante brillante, un poco menor que yo, que terminó la escuela a los dieciseis y se fue a estudiar Biología Marina a la Universidad Austral. Pololeamos cuatro años y nos casamos en el setenta, yo me sentía muy enamorada. A menudo venía de Valdivia a verme y siempre me escribía hasta que descubrimos que no valía la pena vivir separados porque comenzábamos a tener necesidades que nos ponían tensos y muchas veces terminábamos peleando.

Mi madre no aceptó que no nos casáramos por la iglesia, aunque para mí eso no tenía ninguna importancia. Para él sí, cuando conocí de hecho, él era un ferviente cristiano y un constante lector de La Biblia. Después, cuando partió a la Universidad, siguió pensando casi igual, hasta que se unió a las personas que lo formarían en el terreno político. Ingresó entonces al MIR, donde militó hasta su desaparecimiento.

Nuestro hijo Rodrigo nació un año y medio después, fue una relación linda, cada uno asumió lo que le correspondía. Yo deje de estudiar para mantener al niño, en un acuerdo en que él se dedicaría por entero a la revolución y yo me haría responsable de educar y mantener a los hijos, si es que deseaba tenerlos

Yo tengo todavía en la retina la imagen de Sergio de tipo que protegía, media un metro ochenta y seis, y era capaz de darse vuelta una asamblea. Yo no iba a esas cosas porque hasta las niñas más momias andaban detrás de él, e incluso votaban por él y yo me ponía celosa.

El golpe de Estado nos sorprendió en Valdivia con él ya egresado y mientras yo esperaba a mi segunda hija, tenia siete meses de embarazo, vino a dejarme a Santiago y en el intertanto fusilaron a todos sus compañeros. Esto le produjo un tremendo problema moral, el pobre se sentía culpable por no haber estado ahí cuando había acaecido todo eso.

Pudimos haber viajado fuera de Chile y no lo hicimos, lo que significó que Sergio viviera de un lado a otro y sólo se apareciera a veces, además, en los allanamientos en Valdivia habían encontrado fotos suyas y lo estaban buscando, lo cual, prácticamente le impedía su trabajo político. Las cosas se pusieron aún más difíciles cuando detuvieron a uno de sus compañeros después de un contacto; lo cual significaba que lo estaban chequeando. Sergio se afectó mucho y optamos por irnos a vivir a la costa y sobrevivir de la pesca de locos, lo cual era sólo una quimera. Así lo entendí y supe que ya teníamos que irnos: yo tendría que partir y él tendría que asilarse. La decisión estaba tomada..

En una tarde junio él se despide de mí y de los niños, feliz de pensar que afuera nos encontraríamos. Me dijo "si tiene noticias mías a través de los diarios no nos volveremos a ver, sino, lo único que quiero es que con el tiempo les busques un papá a mis hijos, porque si me detienen no me verás nunca más." Sergio había pedido a uno de los muchachos que si le pasaba algo avisara por teléfono a su madre. El muchacho lo hizo. Fue él ultimo de los buenos que lo vio con vida.


       Este trabajo sobre Sergio Pardo Pedemonte fue realizado por Traverso tras una entrevista testimonial a la compañera de Sergio, Nora Luksic, en el contexto de "Elaboración y duelo en mujeres de detenidos desaparecidos", investigación que fue Censurada por la Pontificia Universidad Católica de Chile en tiempos de la dictadura.

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