Víctor Jara en la mañana
A Claudia López y a Víctor Jara
Por Óscar Aguilera










A veinticinco años de su muerte, Víctor Jara deambulaba por la vieja y hermosa casona que acoge al Centro de Danza Espiral y a la Fundación con su nombre, frente a la vieja Plaza Brasil, y eso no era extraño, él siempre andaba por ahí, pero esta vez las cosas eran diferentes: en la casa había un funeral. "Terrible suceso", repetía ensimismado, mientras observaba las flores, repartidas por todos los lugares.

Cuando se hizo la noche del sábado vio entrar a los muchachos de caras tristes y escuchó sus conversaciones sobre ese violento 11 de septiembre del 98'. Cogió su guitarra de sombras y cantó suavemente al oído de la pequeña muchacha que dormía en el ataúd. La había visto innumerables veces bailando, mientras él vagaba por las salas de clases. No era tiempo de despertarla. Ella recién dormía, con su rostro pálido y su pelo largo y oscuro. Pero llegarían días de nuevas alegrías.

Víctor, invisible, caminaba entre las personas que por momentos repletaban la sala más grande. Musitaba las últimas sílabas de su Plegaria: "juntos iremos unidos en la sangre, ahora y en la hora de nuestra muerte..." pero sabía que la muerte es demasiado incomprensible.

Cruzó hasta Plaza Brasil y se tendió en el pasto humedecido. Asomaban algunas estrellas. Al día subsiguiente en ese mismo lugar volvería a ver a viejos amigos que se reunirían para recordarlo a veinticinco años de su asesinato. No sería recíproco... él podría mirarlos, pero ellos no podrían verlo como en los años setenta y dos, setenta y tres... No lograba dejar de pensar en la muchacha, Claudia López. Cuando ella despertara, dentro de poco, podrían charlar de la vida.


Claudia López Benaiges

(asesinada en septiembre de 1998)

Kristian M.
F.A.D

Es extraño apreciar los enlaces de la vida,
las proclamas y victorias
los encuentros y partidas Claudia López Benaiges de niños, jóvenes... señores y señoras, es extraño el quererte,
con un vago recuerdo y una insana memoria,
a los pasos de la vida... acabada a estas horas.

Hemos roto la regla vital, dos anarkistas en una misma familia,
no es sano, muchos dirán,
pues uno ya partió y el otro le va a la siga.
Pero prima (si por kausas de sangre e de llamarte de alguna forma)
la gente no entiende a las personas,
que por una política dan la vida.

Chica te decían algunos,
Claudia te decía mi madre,
mas yo jamás tuve la oportunidad de hablarte
y sin embargo tomamos el mismo rumbo.
Y es que jamás pensé,
que tendría la oportunidad de verte...
sabrás que la anarquía es una lucha constante,
y por lo mismo, mas vale tarde que nunca,
¡mucho gusto en conocerte!.

Muchos ahora te llevarán como bandera,
(que desperdicio de lucha,
otro mártir para esta guerra)
seguro muchos, harán de ti, lienzos y pinturas,
pero claudia, creo que tu y yo sabemos,
que los mártires estancan la memoria,
hipócrita seria, si dijera que no te e dado lagrimas,
pero la anarkia es un camino en el cual todos sabemos... ke muchas veces se da la vida.

No intento ni por mucho justificar tu partida,
hacia donde no pocos anarkistas ya se han ido,
solo te explico, para que no me lo reproches,
(estarás siempre conmigo),
que mis armas siempre estarán desenfundadas,
no por que tú caíste, sino por que yo aun sigo vivo.

Claudia, primita... fue un gusto hablar contigo,
siempre es bueno hablar con compañeros...
y mucho mas cuando son del mismo nicho.
Claudia, estamos juntos,
seguimos luchando los espacios y las bases,
y es que yo aquí y tu reencarnada,
(seguro en otro combatiente)
no pararemos, como no paraste, hasta la muerte.

Perdóname por eso, si no te nombro como logo de guerra,
eres prima mía y te amo por familia,
pero mas te amo por compañera,
y, por respeto a la lucha que llevaste,
no formare de ti, ni causas ni banderas...
solo me conformaré con escribirte de ves en cuando,
y recordarte tras una vela,
que luchaste y moriste por lo que creías,
por lo que yo creo... una nueva vida.

Estés donde estés, prima y compañera...
salud y anarkia... que esto recién comienza.

Piensa y lucha, anarkia siempre
Akcion directa y consecuencia

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Todos conocemos a Victor Jara, así como su aporte a la cultura y a las artes, y a las luchas de los pobres de este país. Sabemos también de su asesinato después de haber sido torturado en el Estadio Chile, tras su captura en la Universidad Técnica. Pocos conocen, sin embargo, la corta historia de Claudia López, asesinada por un piquete de carabineros que la sorprendieron pintando un mural en contra de la impunidad, en la noche del 11 de septiembre del 98'. Paradojalmente, este cobarde delito realizado se encuentra aún impune; aún más, la carismática líder del Partido Comunista de Chile, cuyo marido fue secuestrado por agentes de la Dina y que se encuentra desde entonces desaparecido, ha sido injustamente sindicada como responsable por este asesinato.

El cuento "Victor Jara en la mañana", fue publicado por primera vez en el libro de Oscar Aguilera "Cuentos cortos escritos con la mano izquierda".


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